Los datos difícilmente podían ser más demoledores: el 40% de los alojamientos en España se ha cerrado, sus dueños claman por ayudas directas y la ocupación, dado el desplome de los viajes (incluidos o sobre todo los internacionales) es imposible que remonte.

Es lo que parece: el turismo español atraviesa la mayor crisis de su historia, con caídas superiores al 75% en el gasto. No hay parte del territorio, principalmente la costa, que no esté descosido y no hay forma de capear el temporal: la bajada de precios no puede funcionar como una tirita para tapar tan bestial hemorragia. Como se ha reconocido en el propio sector, estamos ante “un quiero y no puedo”.

Apenas vale el inicio a paso de tortuga del proceso de vacunación si la movilidad sigue durísimamente restringida. Es evidente, mal que nos pese, no sólo que es pronto para especular sobre la campaña de verano sino que sería temerario sostener que la recuperación estará llegando con potencia para esas fechas: sería algo peor que un espejismo.

El drama no sólo está en el aspecto que presentan tantas espectaculares instalaciones con la persiana echada. Ha sido casi más tétrica la forma de arrastrarse de grandes empresas que han abierto y a los pocos días se han visto obligadas a tirar la toalla, dadas unas reservas ultradébiles que alcanzaban poco más del 10%.

Por encima de enclaves archisimbólicos como Benidorm o Marbella, Baleares, uno de los pilares de nuestro turismo, se encuentra en situación crítica. Y qué decir de Canarias, que añade a esta losa el acumular, ya de por sí, una de las tasas de paro más altas del país.

No es sano caer en la resignación, dejarse vencer, pero no podemos jugar todas las cartas al milagro, que rara vez ocurre. Vienen meses duros y ojalá, de una vez, cuando de verdad la remontada coja fuerza en el turismo, se acallen definitivamente las impertinentes voces que se han pasado la vida despellejando a España, denostando nuestro modelo de sol y playa, maldiciendo nuestro envidiado estilo de vida… ahora, por tantas y tantas razones, clamorosamente añorado.




Fuente: Estrella Digital

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