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El mal uso (y abuso) de una Smart Home

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En Estados Unidos cada vez hay más hogares que funcionan con todo tipo de dispositivos inteligentes. Pero esta tecnología tiene un uso perverso por parte de los abusadores domésticos. Hablamos sobre ello con Roser Batalla, piscóloga clínica colegiada y Daniel Batlle, experto en diseño de Smart Homes.

No vamos a descubrir la sopa de ajo si decimos que aquí vamos unos cuantos años atrás respecto a Estados Unidos u otras potencias mundiales. Cualquier tipo de avance tecnológico que suceda en América aquí llega unos cuantos años después. Allí fueron pioneros con la implantación de la domótica o, como es conocida mundialmente, las Smart Home. En EEUU cada vez van ganado más terreno estas casas inteligentes. Hace cinco años, solo el 13% de los hogares estadounidenses tenían algún tipo de tecnología inteligente integrada en sus hogares. En 2019, se anticipa que al menos el 38% de los hogares estadounidenses adoptarán esta tecnología.

“Los potenciales usuarios de estos dispositivos valoran bien el impacto que tendrán éstos en su privacidad y seguridad”

Pero hay otros datos, recogidos por la consultora informática IDC (International Data Corporation) que reflejan el crecimiento del sector a nivel mundial. Las previsiones marcan que este año el mercado mundial del hogar inteligente crecerá un 31% respecto al 2018 y que se enviarán hasta 643’9 millones de dispositivos a los hogares. En 2022 se estima que el envío sea de 1.300 millones. Eso sí los mayores ingresos que genera este mercado a nivel mundial vienen de Estados Unidos.

De todas formas, los potenciales usuarios que puedan instalar estos dispositivos se lo piensan un poco. Antes valoran bien el impacto que tendrá en su privacidad y seguridad. Sin embargo, según el estudio de IDC, las previsiones son favorables, ya que la necesidad de instalar estos dispositivos supera a sus preocupaciones. En España, la implantación de las Smart Home tal como se está dando en EEUU aún tardará unos años probablemente. Pero aún así, y viendo lo que sucede en Estados Unidos, es momento de preguntarse, ¿una Smart Home es realmente segura y nos ofrece una total privacidad?

Abusadores domésticos 3.0

No hace un año aún que The New York Times publicó un artículo donde ponía de relieve una nueva modalidad de violencia doméstica. Muchas mujeres (sí, la mayoría de víctimas son mujeres) habían alertado a la policía o a líneas de ayuda que estaban siendo asediadas por su propia casa. En medio de la noche de golpe podía empezar a sonar una música atronadora. O cada vez que intentaba entrar o salir de su casa, el código numérico de su puerta inteligente había cambiado. O cuando estaban tranquilamente en casa mirando la tele, se subía el termostato a una temperatura infernal.

Nellie Bowles, la periodista del periódico americano, realizó 30 entrevistas a las víctimas de estos extraños fenómenos. Pero lo que allí sucedía no tenía nada que ver con fantasmas vengativos, sino con sus parejas, ex parejas o personas que actuaban como abusadores. Estas personas habían tomado el control de algunas de las aplicaciones conectadas en sus casas y las usaban contra las inquilinas para hacerles la vida imposible. Son los abusadores domésticos 3.0. Ya se ha alertado repetidamente sobre el control que algunos pueden tener sobre sus parejas a través de las Redes Sociales, pero aquí el acoso se sofistica aún más. Los abusadores, usuarios expertos de todo tipo de aplicaciones en sus smartphones, están conectados a estos dispositivos y controlan de forma remota los objetos cotidianos en el hogar, a veces para mirar y escuchar, otras veces para asustar o mostrar poder.  

Estos casos cada vez están siendo más numerosos y es por eso que se creó el Safety Net Project dentro del National Network to End Domestic Violence. Esta asociación hace más de 25 años que fue fundada con el objetivo de dar voz a las supervivientes de casos de violencia doméstica y crear una red que ayudara a visibilizar esta lacra social. Y ahora de esta asociación ha nacido este proyecto que pone el foco en la relación entre tecnología y violencia doméstica y trabaja para abordar cómo ésta afecta la seguridad, la privacidad, la accesibilidad y los derechos civiles de las víctimas.

El mal uso de la tecnología

“El problema no lo trae la tecnología, sino el mal uso que se haga de ella”

El estudio del rotativo apunta que la mayoría de veces son los hombres quienes instalan todos los dispositivos que van conectados al hogar, saben utilizarlos más que sus parejas y además tienen las contraseñas. De esta forma obtienen el poder para controlar y atentar contra sus parejas. Pero también se han dado algunos casos en que los centros de control de estos dispositivos han sido hackeados, accediendo a la clave del WiFi. Para la psicóloga clínica colegiada Roser Batalla la culpa no la tiene la tecnología. “La tecnología ha venido para quedarse y debe ser algo que nos facilite la vida. El problema no lo trae la tecnología, sino el mal uso que se haga de ella”. Batalla cree que es básico estar bien informado sobre qué dispositivos instalamos en casa y cómo funcionan.

Al debate añadimos una voz experta en el campo de las Smart Home. Daniel Batlle, cofundador y director de Marketing de Alfred Smart Systems, empresa que se dedica a diseñar casas inteligentes para personas. Batlle tiene muy claro que su reto es “mejorar la vida de nuestros clientes, y por ello estamos muy sensibilizados con la privacidad y el uso adecuado de estas tecnologías”. Pero sabe que la tecnología aplicada a los hogares puede ser peligrosa si se le da un mal uso. “El problema comienza cuando un usuario comparte sus credenciales de acceso al sistema con otra persona […] el sistema no puede identificar qué persona está haciendo un uso fraudulento de la casa, ya que para el sistema el usuario es el mismo”.

¿Y en España?

Tanto Roser Batalla como Daniel Batlle no conocen ningún caso de abuso doméstico a través de esta tecnología en España. Los hogares inteligentes en España aún son minoritarios y estos casos de violencia doméstica no existen todavía. Pero aun así hay que estar alerta a lo que pueda suceder en un futuro no muy lejano. Y lo primero que hay que hacer es prevenir de estos peligros. Igual que ya se hace con la violencia doméstica en general. “Los mecanismos de prevención son la información a la sociedad, la educación de niños y de las niñas para que puedan tener una visión igualitaria de las personas y no se generen relaciones de poder y sumisión por el género” explica la psicóloga que también pone de relieve que “hay que educar a las personas para conocer que son las nuevas tecnologías y cuáles son sus ventajas e inconvenientes. Si uno pone en su casa dispositivos que pueden recoger información tiene que tener en cuenta adónde va esa información“. Por su parte, Batlle considera que “la tecnología cada día es más inteligente y los sistemas de Inteligencia Artificial tendrán la capacidad de detectar el uso fraudulento y bloquear al usuario”. De hecho, el cofundador de Alfred Smart Systems pone como ejemplo sus propias casas inteligentes, “en las casas de Alfred no permitimos el acceso a los datos de otro usuario aunque vivan en la misma casa si el usuario titular no lo ha permitido. Las reglas de privacidad son unas de las características importantes de las casas Alfred Home.”

La privacidad y la seguridad son dos aspectos que siempre estarán en el centro del debate sobre la implantación de las Smart Home. Pero este debate es aún muy embrionario y no hay ningún protocolo de las distintas administraciones que vigile y prevenga casos de violencia doméstica a través de la tecnología aplicada a los hogares. Pero si en Estados Unidos ya hay organismos que velan por las víctimas de este tipo de acoso, es cuestión de tiempo que aquí se deba hacer algo parecido. Roser Batalla cree que de momento sólo se podrán “iniciar los protocolos básicos para poder solicitar protección y cuidado como en cualquier otro caso de violencia doméstica, junto a la denuncia pertinente sobre cuál es el modus operandi del agresor […] si hay un uso indebido de cualquier dispositivo electrónico o se sospecha de ello hay que informar a la policía para que abran investigación”. Una vez se haya detectado la problemática, seguro que la Administración hará lo que sea necesario para frenar esta nueva violencia doméstica. Pero Batlle avisa de que “las nuevas tecnologías pueden atentar al respeto, privacidad y libertad de las personas de nuevas maneras y estos usos fraudulentos deben de poder ser denunciados. La ley debe adaptarse a las nuevas maneras de vivir tan rápido como puedan, ya que la tecnología avanza muy rápido”.

Así pues, ¿qué nos deparará el futuro? ¿La tecnología nos hará más libres o más esclavos? ¿No estamos siendo demasiado dependientes? “La dependencia con estas nuevas tecnologías no creo que sea una aspecto negativo, ya que muchas de éstas han provocado una mejor calidad de vida y una vida más longeva. Pero es cierto que aplicar tecnología porque sí no tiene sentido a no ser que solvente un problema” considera Batlle secundada por Batalla quien aporta una visión diferente, “la tecnología que más dependencia genera son aquellos dispositivos que pueden hacernos acceder a un mundo distinto y nos hacen olvidar la realidad presente”. Pero las Smart Home de momento están bien ancladas en nuestra realidad y es que para la psicóloga colegiada estos dispositivos domésticos “se utilizan para cosas que no suelen generar mucha adicción como la limpieza, el orden o la vigilancia”. Aunque, tal como dice Daniel Batlle, “depende del uso que cada uno le dé”.




Fuente: LA Vanguardia