No resultó su partido más brillante ni el más contundente pero el Liverpool obtuvo su novena victoria consecutiva, sumando todas las competiciones, y recuperó el mando de la Premier. Los de Klopp se impusieron en el campo del Cardiff y aventajan en dos puntos al Manchester City de Guardiola aunque con un partido más disputado.

A los “reds” les restan tres encuentros de Premier y a los “citizen”, cuatro. Un gol de Wijnaldum a la salida de un córner y un penalti transformado por Milner le bastaron al Liverpool para mantener el pulso en una competición que no conquista desde 1990. El rival del Barça en la Champions notó el desgaste europeo pero enseñó algunas de sus constantes, en especial de la mano de un Mané velocísimo en el desmarque.





Afrontaba el Liverpool un partido capital en Cardiff. Necesitaba sumar una nueva victoria para recuperar el liderato de la Premier. Visitaba el estadio de un equipo agobiado por la posibilidad de descender. Eso añadía un punto de dificultad a la empresa de los de Klopp ya que el Cardiff era previsible que se aplicara con la intensidad con la que lo hizo. Eso, sumado al hecho de venir de jugar un partido en la Champions (1-4 en Oporto) provocó que los “reds” arrancaran el encuentro con un cierto atasco.


El conjunto de Klopp tiene dos puntos de ventaja sobre el City pero ha disputado un partido más

Es bien sabido que los equipos de Klopp prefieren el galope al toque y la carrera continua a la circulación del balón. Plantea los partidos el técnico alemán como si estuviera en un hipódromo y le diera con la fusta al caballo para que esprintara. No le gusta que haya muchas pausas ni que el ritmo decaiga. Pero estas exigencias obligan a sus futbolistas a ir sin cadena continuamente y eso no siempre es posible.

Delante el Liverpool tuvo a un Cardiff competitivo, que lo entregó todo y que se encerró con criterio, reduciendo el tesoro que busca el Liverpool, léase los espacios. Aún así y sin hacer una primera parte notable el equipo de Anfield fabricó dos excelentes oportunidades. En una Mané, una anguila moviéndose, filtró un pase al corazón del área hacia Firmino pero el delantero centro remató desviado con todo a favor. En la segunda fue Salah el que se plantó ante el guardameta, que desbarató su remate. Una vez más el tridente del Liverpool se les había ingeniado para rondar el gol aunque en esta ocasión sin resultado.





Se llegó al descanso sin que se moviera el marcador aunque el Cardiff estuvo en un tris de inaugurarlo a balón parado. El remate de Niasse obligó a hacer una buena intervención a Alisson, ese portero fichado a golpe de talonario que no bloca muchas pero que las despeja casi todas. El empate no le servía para casi nada al Liverpool, que redobló su dominio en la reanudación. La insistencia le llevó al premio. A la salida de un córner botado por Alexander-Arnold el holandés Wijnaldum avanzó al equipo de Klopp con un derechazo sensacional. El centrocampista de contención estaba solo en el área.

Tan brillante fue el remate como calamitosa la cobertura del Cardiff. Quedaba más de media hora y los galeses se veían obligados a abrirse. Miel sobre hojuelas para el Liverpool, que ya tenía el partido en su salsa. Klopp metió en liza entonces a Fabinho pero recibió un golpe en la cabeza solo salir y tuvo que ser sustituido por Milner. Precisamente, el veterano centrocampista sentenció el encuentro en el minuto 81 al transformar un penalti dudoso cometido sobre Salah.

Al Liverpool le quedan tres partidos de liga. Recibe al Huddersfield y al Wolverhampton y viaja a Newcastle. Mientras, el City ha de visitar al Manchester United (este miércoles), al Burnley y al Brighton y jugará en su estadio contra el Leicester. La Premier está que arde.








Fuente: LA Vanguardia