La humedad se abre hueco entre los comensales a la hora de comer. Casi 15.000 plantas les acompañan en un jardín vertical de 350 metros cuadrados, “el más grande de Europa en interior”, cuenta Ignacio Solano, biólogo y responsable de la empresa que ha montado este tapiz verde dentro del restaurante Bálamo de Alcorcón, un municipio al Sur de Madrid.

Cada vez más edificios se visten de verde, por dentro y por fuera, para mitigar las consecuencias del cambio climático. Como este, que filtra 234 toneladas al año de gases que contribuyen al efecto invernadero como el dióxido de carbono, en toda la Comunidad hay 131 más que tienen fachadas o azoteas ajardinadas. La mayoría, 108, son azoteas y 23, fachadas, según un inventario realizado por el Ayuntamiento de Madrid con datos de toda la Comunidad.

El Consistorio apunta que, aunque “la superficie verde en los edificios ha aumentado en las últimas décadas, todavía el número de cubiertas y fachadas es pequeño para hacer un análisis de la tendencia”. En la región hay 146.873 metros cuadrados verdes en los edificios. Y los técnicos municipales dicen que “cada vez es mayor el interés”, tanto de las empresas privadas como de la administración pública en tener más. El propietario de Bálamo, Óscar García, cuenta que pensó instalar el jardín vertical en la fachada exterior, a imagen del que refresca el Paseo del Prado, pero lo descartó porque “la temperatura de Madrid en el exterior es complicada y el consumo de agua iba a ser mayor”.

Por eso optó por una pared “con vida”, que además atrapa los olores de la cocina, para ofrecer a los clientes “una buena experiencia”, por 34 litros de agua semanales, el consumo del jardín. Solano pone precio a la moda greenwash: entre 200 y 300 euros el metro cuadrado. El jardín se instaló en dos meses y se controla por internet desde Alicante. “Pero compensan, porque es más caro contruir nuevos espacios verdes en horizontal que hacerlo en fachadas”. Este biólogo es experto en jardines verticales y asegura que, aunque es verdad que el jardín exterior consume más agua, la diferencia es mínima. “En el interior se crea artificialmente una primavera constante, por lo que las plantas van a poder absorber el máximo de gases nocivos”, cuenta. Donde sí gana enteros el exterior es a la hora de mitigar las altas temperaturas de en la calle.

El Ayuntamiento de Madrid presentó en 2016 Madrid más natural, un plan basado en la naturaleza para adaptar la ciudad a las olas de calor que están por venir, y que serán cada vez más intensas y frecuentes. Este proyecto, que aún no se ha concretado, contempla cubrir las fachadas y las azoteas de verde. En 2015, Tecnalia, un centro de investigación del Estado, hizo un análisis de la vulnerabilidad de la capital ante el cambio climático. Y sus conclusiones son duras: cerca de 1.600.000 personas y alrededor del 50% de los madrileños son muy vulnerables ante los episodios de calor extremo.

Estos, se advierte en el informe, se traducen en un aumento de las tasas de mortalidad, porque “aumentan el riesgo de infarto”. Y en Madrid se agrava por el efecto isla de calor, que sube aún más las temperaturas en el interior de las zonas urbanas más pobladas. Iñaki Romero, de la firma Paisaje Transversal, apunta otros beneficios de estos jardines. En los pulmones, porque ayudan a paliar la contaminación y para el cererbo. “Poseen valores muy positivos para nuestro cerebro, ya que combaten el estrés y la imagen dura de la ciudad”, cuenta. El problema, sigue, es que “la incidencia de estas zonas verdes es pequeña, y su coste lo hace poco viable”.

Comienzan a llegar algunos clientes a ver la inmensa alfombra vegetal. Un cartel de “no tocar” avisa a las manos curiosas. “No hay que molestarlas, ellas también comen”, bromean.

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Fuente: El Pais

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