A principios de este siglo Barcelona vivió una importante revolución urbanística derivada de la construcción de la zona del Fòrum y de la prolongación de la Diagonal en el Poblenou. Allí, el gobierno de Joan Clos decidió abrir la veda para alzar edificios en altura tras el éxito de la edificación de las dos torres –Mapfre y hotel Arts– en la Vila Olímpica. La lucha entre ciudades por retener grandes grupos empresariales fue uno de los motivos de la proliferación de estos “rascacielos”. Las grandes compañías fichaban a arquitectos estrella para el diseño de sus sedes corporativas y los ayuntamientos se aseguraban así la presencia de importantes empresas en la ciudad.





Barcelona no fue ajena a este proceso en el que se vieron inmersas la mayoría de urbes, pero la crisis detuvo la tendencia y, a pesar que en Madrid se mantiene la fiebre de las construcciones en altura con el desarrollo de Chamartín, puede decirse que en Barcelona este tipo de estructuras se ha frenado –la altura máxima se sitúa ahora por debajo de los 100 metros– y el debate entre los arquitectos es otro. Ya no es sólo si la capital catalana puede y debe crecer a lo alto, más allá de la Sagrada Família, que tocará techo en el 2026 y reinará en el cielo barcelonés. La cuestión que se discute es si Barcelona debe densificarse y ganar más habitantes, convertirse en una gran urbe de escala metropolitana, con menos tráfico y donde los edificios en altura, aquí sí, sirvan para albergar más viviendas y ayudar a concentrar la gestión de ciertos recursos.


Crecer a lo alto

Carles Ferrater y Oriol Clos consideran prescindibles las torres altas

“Barcelona no es una ciudad para abusar de las alturas”, sentencia el arquitecto Carles Ferrater, del despacho Office of Architecture in Barcelona (OAB), quien considera que las ubicaciones de este tipo de inmuebles han de ser muy meditadas, sobre todo en el centro de la ciudad. Pone como ejemplo el que cree que es el rascacielos que mejor funciona en la ciudad, el edificio de L’Illa Diagonal de Rafael Moneo, en este caso, horizontal. Por eso, más allá de que los inmuebles se construyan en altura o no, propone proyectos imaginativos y emblemáticos que pueden ser “rascahorizontes”, por poner un ejemplo, en lugares estratégicos de la ciudad. “No podemos competir con ciudades asiáticas en la construcción de grandes edificios. No necesitamos un downtown –dice Ferrater– pero podemos aportar arquitectura más imaginativa y con mayores beneficios”.





El que fue arquitecto jefe del Ayuntamiento en el mandato de Jordi Hereu, Oriol Clos, considera que los edificios en altura no han acabado de funcionar bien en la ciudad. “La experiencia no es interesante y me pregunto si quizás sea producto de la misma estructura física de Barcelona, que hace prescindibles este tipo de inmuebles”, expresa. A su juicio, los “rascacielos” no interactúan con el espacio que lo rodea y el paradigma de este hecho es la torre Glòries, con una entrada en su parte posterior casi inapreciable, “cómo si no le importase lo que ocurre a su alrededor”. Con todo, explica que no está en contra de estas estructuras que son beneficiosas para hacer una gestión eficiente de los recursos y liberar espacio verde y lamenta que el edificio de la Novia de Frank O. Gehry de 145 metros no vaya a ser una realidad.


El techo

La Sagrada Família será la construcción más elevada de la ciudad, 172,5 metros

Para el arquitecto Enric Massip, autor de la torre Zero Zero, actual sede de Telefonica y uno de los últimos edificios en altura construidos en la ciudad, debería ampliarse el foco a una escala metropolitana en la que el centro de la gran metrópolis debe ser Barcelona. Pide ambición a los políticos, ya que a su parecer la ciudad lleva tiempo instalada en el miedo y en un debate que entiende que la urbe “está acabada, cuando no es cierto”. Por eso, no descarta ubicarlos también en el Eixample y, por supuesto, en zonas de nuevo desarrollo. En este sentido, apunta que un turista que llega a la ciudad, cuando atraviesa la plaza Europa, donde hay una gran concentración de edificios en altura, no se pregunta si está en Barcelona.





Edificio de viviendas junto al hotel Meliá Sky
(Àlex Garcia)

Benedetta Tagliabue difiere de la posibilidad de ubicar los edificios más altos en la ciudad compacta, en puntos como el Eixample o en la parte histórica. Considera que el crecimiento europeo es ridículo en comparación con el de las ciudades asiáticas, que tienen unas dinámicas de continua transformación de su perfil urbano. La arquitecta, que está a punto de inaugurar un edificio para enfermos de cáncer junto al hospital Sant Pau, entiende que hay zonas de Barcelona en las que las dimensiones de los edificios sí que tienen que ser diferentes. Por ejemplo, en la plaza de las Glòries, que marca el límite entre la ciudad clásica y la nueva y donde sería necesario ubicar otro edificio alto en contraposición con la torre del arquitecto Jean Nouvel.


Nuevos desarrollos

Tagliabue entiende que la altura se debe concentrar en ciertos puntos de la ciudad

El debate sobre el crecimiento en altura de la ciudad debe ser posterior al aumento de la densidad, según el arquitecto jefe en la época de Xavier Trias, Vicente Guallart. Una decisión que, a su juicio, no debería demorarse durante mucho tiempo. “Barcelona debe decidir si debe crecer en número de habitantes o no”, sentencia. Explica que la población de la capital catalana está estancada y que faltan viviendas. En su opinión, una manera de resolver el actual problema es construir de una manera más densa para utilizar mejor las infraestructuras de transporte. En este punto pone como ejemplo el caso de Copenhague, una ciudad a escala humana que se está planteando acoger a más habitantes y prohibir construir vivienda que esté a más de diez minutos a pie de una parada de transporte público. “Esto Nueva York hace años que lo hizo”, sentencia. En este sentido, asegura que las grandes ciudades del mundo se están densificando alrededor de las redes de transporte, incorporando en paralelo corredores verdes. Por eso, propone modificar la fachada del Besòs y ubicar allí vivienda en edificios en altura para aumentar el número de habitantes.






Densidad

Guallart dice que el debate importante es si Barcelona debe acoger más habitantes

La necesidad de densificar Barcelona también forma parte del discurso de Enric Massip y de Oriol Clos. Este último alerta de que en Barcelona hacer un “proyecto de gran tamaño parece que sea especulativo”. Tagliabue sostiene que las ciudades densas son más sostenibles si se pone el equilibrio en crear zonas públicas abiertas.

Carme Pinós, autora de la Escola Massana de la plaza Gardunya, difiere de esta visión que reclama una ciudad más densa, pero comparte la idea de convertir Barcelona en una ciudad con menos tráfico y menos ruidosa. “Los ciudadanos deben ser generosos y dejar de pensar en su interés. Es urgente trabajar en sacar los coches de las calles y potenciar el transporte público, convertir los chaflanes del Eixample en pequeñas plazas, ya que los cruces no pueden servir para la carga y descarga o para aparcar cuando se necesita espacio público”.


Propuesta y anhelos

Pinós propone plazas en los chaflanes y Massip pide más ambición a los políticos

Esta urgencia de llegar a ser una ciudad más sostenible y con menos tráfico es una constante en los arquitectos consultados. Ferrater, que asegura que se mueve desde hace tiempo por la ciudad con vehículo eléctrico, opina que antes o después la ciudad deberá decidir qué hacer con los coches contaminantes. “El tráfico se acabará arreglando”, resuelve.








Fuente: LA Vanguardia

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