¿Deben crecer las ciudades a lo ancho o a lo alto, en horizontal o en vertical? En el debate teórico, la ciudad densa, con elementos verticales, se impone. El modelo de la ciudad dispersa está desfasado: consume mucho territorio y mucha energía, y todo lo encarece, del transporte escolar a la recogida de basuras. Además, la migración del campo a la gran ciudad es planetaria e imparable. Ya hay unas 30 ciudades con más de 10 millones de habitantes, empezando por Tokio, que roza los 40. En el año 2030, 5.000 de los 8.000 millones de habitantes de la Tierra vivirán en ciudades. Ahora bien, cada ciudad es un mundo. No vale la misma fórmula para Londres, Houston o Bombay. Cada ciudad tiene su historia, su escala, sus recursos… y sus virtudes. Y si estas le han dado una hechura agradable, a la medida humana, como en Barcelona, sería insensato desfigurarla. ¿Significa eso que Barcelona no debe aprobar más edificios altos? No. Significa que debe seguir criterios de interés colectivo para decidir donde los levanta y, además, hacerlo con cierta mesura. Hace treinta años, esta tipología se relacionaba todavía aquí con la del edificio singular porciolista. Pero en este periodo hemos asistido al nacimiento de dos downtowns: el del Fòrum, junto a Sant Adrià, y el de plaza de Europa en l’Hospitalet. El primero creció siguiendo un modelo ajeno al de la ciudad, cuando el Ayuntamiento pagaba la deuda olímpica y pidió ayuda a promotores de EE.UU., que hicieron lo que se les antojó en Diagonal Mar. El segundo, cuando el Ayuntamiento de l’Hospitalet quiso dejar de ser patio trasero de Barcelona y convertirse en nueva área de centralidad metropolitana. Con tan buena fortuna –la burbuja inmobiliaria presentaba su mejor contorno– que al vender parcelas a diversos operadores aseguró beneficios para entonces y para el futuro. En estos dos ejemplos están, quizás, las claves de un futuro crecimiento vertical de Barcelona: no debería ser extensivo, ni carecer del visto bueno del sector público. Y debería respetar la identidad de Barcelona, internacionalmente apreciada, a la vez que ser consciente de su realidad metropolitana, y, en consecuencia, plantear el crecimiento en altura a dicha escala.




Fuente: LA Vanguardia

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