Visión global. La atención que requieren los pacientes del siglo XXI debe ser total y, por ello, a lo sanitario debe unirse lo social. Durante la jornada «Continuidad asistencial en el ictus», un granado grupo de expertos puso el foco en las necesidades no cubiertas de las personas que sufren un accidente cerebrovascular y han de convivir con las huellas que les deja. La jornada estuvo organizada por la Fundación Casaverde, en el que supone el tercer encuentro de expertos que organiza sobre temas candentes de la Sanidad española. Alberto Giménez, presidente de la institución, apuntó que «hay que reajustar los recursos a las necesidades de las personas afectadas y sus familias. Hay mucho trabajo pendiente en el abordaje del paciente cuando supera la fase aguda».

Bien podría ser esta afirmación un resumen de la jornada, en la que quedó claro que la puesta en marcha con éxito de una red denominada «Código Ictus», permite evitar la mortalidad en el momento del infarto cerebral, pero que deja en «pausa» la rehabilitación posterior. Exuperio Díez-Tejedor, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario La Paz y catedrático de Neurología de la Universidad Autónoma, ambos de Madrid, manifestó que «muchas veces pasa desapercibido porque constituye un problema que no duele, pero las secuelas son dramáticas y concienciar a la sociedad y tratar en el momento en que ocurre es vital. Y ya lo hacemos, y bastante bien. Pero hay que poner en valor la necesidad de la gestión de los recursos: atención urgente y precoz, la rehabilitación, y la implicación de la Medicina de Familia para el seguimiento del paciente». En este sentido, en el inicio de sesión Elena Mantilla García, directora general de Inspección y Ordenación Sanitaria de la Comunidad de Madrid, hizo una panorámica de la situación actual del ictus en la región.

Cómo atender al paciente y cuándo dar cada paso en el momento del infarto queda reflejado en las guías clínicas, como explicó Aránzazu Vázquez Doce, coordinadora de Rehabilitación en la Unidad de Ictus del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid. Pero, «el momento en el que se deben dar los primeros pasos de la rehabilitación es objeto de estudio, aunque ha de ser pronto, porque lo que sí sabemos es que es el cerebro pierde plasticidad conforme pasa el tiempo y hay que aprovecharla», comentó Vázquez. La intervención de María Dolores Valverde Carrillo, jefe del Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Madrid, planteó diferentes escenarios en esta línea. «Debemos ver diferentes trabajos –publicados algunos en ‘‘The Lancet’’– en los que se ve cuando es bueno poner en marcha la rehabilitación, pero la activa, la que saca de la cama al paciente. A veces, en algunas investigaciones se observa que es mejor más cantidad y menos dosis. Por ejemplo, hacer sesiones de diez minutos varias veces a lo largo del día, en vez de concentrar todo en un periodo de tiempo cerrado», añadió Valverde Carrillo.

Uno de los puntos clave reside en conocer bien al paciente: cómo está tras el ictus, cómo estaba antes, con qué recursos cuenta, dónde puede ir y con qué apoyos. «Tenemos que poner al paciente de verdad en el centro y organizar todo en torno a sus necesidades, pero también las de la familia, por el gran impacto de este tipo de enfermos en ella», subrayó María Eugenia Durán Blas, trabajadora social del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid. Sobre el papel, la teoría resulta fácil, pero en la práctica «no se colocan los recursos a su alrededor, sino que son las personas las que se desplazan a donde estén», contó David Hernández, médico rehabilitador, presidente de la Sociedad Centro de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario La Paz de Madrid. Y añadió: «Parece que está el sistema diseñado para crear discapacitados».




Fuente: La Razón

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