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«El flamenco se ha fusionado hasta con té verde»


No está loco. Sabe lo que quiere. Vivir la vida, igual que si fuera un sueño, aunque algunos se rompan y se pierdan en el aire… Tras casi seis años sin sacar nada nuevo, Antonio Carmona ha lanzado recientemente «Obras son amores», su tercer disco en solitario. Él es un gitano solidario. Y cercano. Una ONG andante. Un cantante que ha fusionado el flamenco con otros estilos para hacerlo aún más grande. Éste es un álbum compuesto a guitarra, y con mucha garra, que lleva el sello de Los Habichuela. El 26 de junio lo presentará al público en el Nuevo Teatro Alcalá (Madrid).

–¿Qué pulso quiere para esta entrevista?

–El mismo del disco, el que tengo con la gente que ha colaborado, como Alejandro Sanz.

–Su padre lo escuchará, allá donde esté.

–Era una persona muy grata. Todo el mundo lo quería. Cuando murió, muchos artistas quisieron hacerle su merecido reconocimiento como el maestro de guitarristas que fue.

–Quizá le toque algo…

–Seguro. Siempre tenía una guitarra en la mano, excepto cuando jugaba al dominó. Vivía para ella.

–Él fue un cantaor de la guitarra. ¿Y usted?

–Un encantador, porque encanto con mis canciones. Soy como un trovador, ya sea rodeado de una banda compuesta por siete músicos o con una guitarra.

–¿Qué le pone a usted contra las cuerdas?

–La injusticia y el poco caso que hacemos a las cosas importantes de la vida.

–¿Su corazón tiene voz?

–Sí. Una voz que siempre está pendiente de los demás. Me gusta mucho ayudar a los que tengo alrededor. Soy como mi padre, una ONG andante.

–¿A qué compás late?

–Por bulerías, que es lo más alegre. Me alegro mucho de vivir esta vida y de haber nacido en la estirpe de Los Habichuela.

–Éste es su tercer álbum en solitario. ¿Se ha reinventado?

–No. Solo sigo mi camino, continúo evolucionando. Mis discos se miran con lupa, porque hemos sido los reyes de la fusión. Ahora hago canciones con letras bonitas y cuidadas.

–Ketama fue un grupo puntero, con gran éxito a principios de los 90. Pero, ¿quién marcó un antes y un después en el mundo del flamenco?

–Camarón de la Isla y Paco de Lucía, sin lugar a dudas.

–¿A qué cree que suena el nuevo flamenco?

–Esa expresión es muy antigua. El nuevo flamenco sonaba a Ketama y a Pata Negra. Lo que más me llama la atención ahora es la pila de gitanos que hacen rap. Me gusta mucho.

–¿Los gitanos lo tienen más fácil?

–Lo tenemos bastante más difícil para todo. Sigue habiendo un racismo brutal en España hacia nosotros. Yo lo he sufrido en mis carnes. Somos una cultura, con una manera de ser, y no nos van a cambiar. Igual que respetamos, que nos respeten. Nos lo merecemos.

–¿Es usted un flamenco puro?

–Mi vida es muy flamenca. Me junto con mis primos, juego mis partidas… Pero luego me gusta escuchar muchos tipos de música. He tocado con Marc Anthony, por ejemplo. Pocos artistas han hecho lo que yo. En ese sentido, no soy flamenco, sino otra varilla del abanico. Dentro de la evolución del género he refrescado esas bases tan asentadas para ponerlas al servicio del flamenco. Pero si agarro una guitarra sé tocar por soleá, por seguiriya… A raíz de ahí, hago la fusión.

–¿Con qué puede fusionarse?

–Hasta con té verde, ahora que está de moda (risas). El flamenco se ha fusionado con todo.

–¿Está maltratado en España?

–Los flamencos hemos vivido en crisis toda la vida. Los españoles, o por lo menos los flamencos, siempre nos hemos reído de las miserias. Lo que ganamos nos lo gastamos. No somos nada materialistas. Si el flamenco hubiera sido americano, habría programas de televisión por todos los lados.

–¿A usted qué le encanta?

–Vivir la vida, los potajes, pasear, la naturaleza, saber que vengo de Los Habichuela…

–Antes decía que había que vivir la vida igual que si fuera un sueño. Ahora canta que los sueños se rompen y se pierden en el aire…

–Ese tema está dedicado a mi padre, que sufrió Alzhéimer. Es un homenaje a los ancianos y, sobre todo, a la gente que padece esta enfermedad.

–Obras son amores. ¿Y dolores?

–No concibo el dolor, que hay que expulsarlo del cuerpo, vomitarlo.

–Usted no está loco. Sabe lo que quiere…

–Quiero vivir los años musicales que me queden con mi gente, disfrutar del momento, porque la vida pasa corriendo, y que todos los míos tengan mucha salud mental.

–¿Cuál es la razón de su existir?

–Mis dos hijas, Lucía y Marina.

–¿Qué no daría?

–¿Qué no daría por no tener esas penas que se llevan dentro? Yo lo doy todo.

–¿Y su guitarra, por qué la cambiaría?

–Por nada. Es una extensión de mí. La agarro cuando estoy triste, o contento… Mi padre me regaló dos, las dos joyas que tengo siempre a mi lado. La guitarra y el cajón son las armas con las que me siento poderoso.




Fuente: La razon

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