El alcalde de Predappio, Giorgio Frassineti, exhala el humo de su cigarrillo en el despacho del bonito ayuntamiento de esta pequeña localidad de la Emilia-Romaña, la misma habitación en la que Benito Mussolini dormía de niño. El edificio era antes una escuela. Su madre era maestra, y el que se convertiría en el artífice de la época más negra de la Italia moderna tenía aquí su dormitorio. Frassineti mira por la ventana y suspira. “Supongo que vendrás a preguntarme cómo puede ser que esto suceda todavía en Italia”, asume con resignación.

La visita a Frassineti tuvo lugar el domingo pasado, 28 de abril, día en el que en 1945 las fuerzas partisanas ejecutaron a Mussolini y a su amante, Clara Petacci. Intentaban huir de Italia, no lo lograron y sus cadáveres terminaron colgados en la plaza de Loreto de Milán. Para conmemorar esta fecha, cientos de los nostálgicos del fascismo que todavía quedan en Italia se reúnen cada año en Predappio, el pueblo natal del dictador, para rendirle homenaje. También peregrinan en julio, por su nacimiento, y en octubre, para recordar la Marcha sobre Roma.






Un bisnieto candidato, una biografía exitosa o las palabras de Tajani han abierto las heridas

El domingo no fue una excepción. Se cumplían 74 años de la muerte, vinieron apenas 300 personas, pero inundaron todo el pueblo de consignas escalofriantes. Una marcha fúnebre partía del centro hasta el cementerio de San Cassiano, donde se encuentra la cripta que contiene los restos de Mussolini. Se daban la bienvenida entre ellos con saludos romanos. Lloraban por la muerte del Duce. Vestían de negro, con cruces y banderas en el antebrazo. Hablaban de “vengar su asesinato”. Intimidaban a los periodistas, a los que acusan de ser todos de izquierdas y pagados por George Soros. Alababan los tiempos del fascismo, que creen que siempre fueron mejores. “Nadie se atrevía a robar una bicicleta”, prometía Gianfranco, uno de los mayores, de 81 años.

El nombre de Mussolini en Italia es un fantasma que nunca se ha evaporado del todo, pero en los últimos meses ha estado más presente en las conversaciones mediáticas. Hace unas pocas semanas, su bisnieto, Caio Giulio Cesare Mussolini, anunciaba su candidatura a las elecciones al Parlamento Europeo por Hermanos de Italia, un partido ultraderechista al que votan algunas de las personas que se reunieron en Predappio. Es el tercer Mussolini de su generación que decide lanzarse a la política. Está renaciendo una cierta fascinación cultural por la figura del Duce. Una película que parodiaba con su retorno, Sono tornato, de Luca Miniero, fue muy bien en las taquillas. Otra biografía novelada, M. Il figlio del secolo, de Antonio Scurati, ha arrasado en las librerías. En algunos quioscos de Roma, en diciembre se podía encontrar un calendario dedicado a la figura del dictador fascista, que costaba casi 10 euros y que, según los vendedores, tenía más éxito que nunca. Los hinchas del Lazio, equipo con un afamado sector de ultras, desplegaron la semana pasada una enorme pancarta en honor a Mussolini en las calles de Milán. Las fuerzas neofascistas de Forza Nuova y Casapound están resurgiendo. Matteo Salvini, ministro del Interior y líder de la Liga, pedía ayer la reintroducción del babi en las escuelas para imponer “orden y disciplina”, una medida polémica porque tradicionalmente en Italia se asocia al uniforme de la escuela fascista. El viernes, el mismo Salvini se asomó al balcón de Forlì, al lado de Predappio, en que solía hablar Mussolini.





Souvenirs fascistas. Escaparate de la tienda Ferlandina de Predappio, que vende objetos que hacen apología de Mussolini
(The Washington Post / Getty)

Pero quizás la mayor polvareda la levantó el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, que incendió la opinión pública diciendo que el Duce también hizo cosas buenas. “Antes de que le declarara la guerra al mundo entero siguiendo a Hitler y promoviera las leyes raciales hizo cosas positivas. Construyó puentes, carreteras y rehabilitó zonas pantanosas de Italia”, afirmaba Tajani, del partido Forza Italia de Silvio Berlusconi, en una entrevista en Radio24. La indignación generada le hizo retirar estas palabras, pedir disculpas, prometer que es un antifascista “convencido” y que Mussolini representa “la página más oscura de la historia de Italia”.


“Tendríamos que pasar página, no rendimos cuentas con el pasado”, explica un historiador

“Las palabras de Tajani demuestran una cosa muy interesante sobre el panorama político italiano. Es una manera de hablar que se escucha todavía en las casas de algunos italianos. Tajani vino a decir que las ‘cosas buenas’ que hizo Mussolini y ser antifascista no es contradictorio. Es una paradoja que se encuentra en el hecho de que después de la guerra no sólo en Italia, en toda Europa, se tendió culpar de todos los desastres a los nazis, a los alemanes. Esto dejó el espacio a la narrativa de que existía un fascismo bueno, que no era tan malo”, explica el historiador Francesco Filippi, que ha publicado recientemente M ussolini ha fatto anche cose buone. Le idiozie che continuano a circolare sul fascismo, un libro que pretende terminar con los mitos equivocados que circulan sobre esta etapa. “Desde mi punto de vista como historiador, en Italia no se ha hecho un trabajo que sí se ha hecho en Alemania –impuesto por los aliados– de desnazificación. Creó muchos problemas y fue muy complicado, pero fueron obligados a rendir cuentas con el pasado. En Italia no lo hicimos porque había la necesidad de pasar página muy rápido, y esto hace que todavía hoy el espíritu de Mussolini siga presente”, considera Filippi.





Esta sensación encuentra su auge en el reducto de Predappio, una localidad de apenas 6.000 habitantes que a simple vista parece un parque temático dedicado a Mussolini. Su casa natal ahora es un museo que cobra entrada para ver una exposición sobre la escuela fascista. En Viale Giacomo Matteotti, la calle principal bautizada por el socialista asesinado por fascistas en 1924, hay tiendas de souvenirs grotescos. Venden desde bustos del dictador a mecheros, botellas de vino con su nombre, el Mein Kampf en italiano o camisetas que rezan algunos de los eslóganes de sus seguidores, como “ Per un mondo più pulito, torna zio Benito” (para un mundo más limpio, vuelve tío Benito) o “ Me ne frego!” (algo así como “me la suda”).


Los souvenirs, la cripta o la casa de Mussolini convierten al municipio en un reclamo turístico

“Tenemos una gran responsabilidad porque el mismo Predappio se construyó para propagar el mito de las orígenes romañolas de Mussolini. Yo me pregunto: ¿Podemos continuar dando esta imagen de parque temático del fascismo, o queremos ser útiles para Europa y para nosotros mismos haciendo de Predappio un lugar para restituir el significado del siglo XX?”, pregunta el alcalde Frassineti. Una de sus mayores ambiciones es un museo para estudiar el fascismo que, aunque lleva proyectado varios años, todavía no es una realidad por motivos burocráticos.





El principal reclamo para los neofascistas que acuden a Predappio no son los recuerdos fascistas ni su casa natal, sino la cripta de Mussolini, propiedad de la familia. Pero ahora, desde hace un año y medio, está cerrada por reformas. La clausura ha enfurecido a los comerciantes y los hosteleros, porque según Moira, propietaria de un bar, los visitantes han caído un 90%. “No compartimos su pensamiento, pero tienen derecho a venir”, protesta. El fin de semana pasado Moira hizo caja. La cripta fue reabierta por el aniversario de la muerte excepcionalmente. “Han venido miles de personas”, prometía Edda Negri Mussolini, nieta del Duce, a las puertas de la cripta. “Predappio tiene mucho que agradecer al abuelo. Si no fuera por él sería otro pueblo de interior más. La economía está absolutamente ligada a la tumba”, afirmaba mientras decenas de personas hacían cola ante la efigie construida en el cementerio. Entraban, firmaban un libro conmemorativo, lanzaban un último saludo romano y desfilaban en silencio. Gabriele, un toscano que viaja cada año, escupe que “haría falta un nuevo Mussolini en Italia para hacer limpieza”. Como otros correligionarios, él vota a Salvini.

“Esta gente viene por el placer de sentirse mayoría y no piensan que la dictadura que querrían que volviese no les permitiría desfilar”, lamenta el alcalde desde su despacho. Él es del Partido Demócrata. Desde la caída del fascismo Predappio está gobernada por la izquierda, pero en las elecciones administrativas de este mes de mayo esto seguramente cambiará. “El viento derechista que recorre Italia también ha llegado hasta aquí”, avisa Frassineti. Lleva diez años en la alcaldía, lo que significa treinta manifestaciones fascistas. Ya no puede más.








Fuente: LA Vanguardia

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