Siguen batiendo récords sin la intención de hacerlo, porque es su costumbre la de dar pequeños saltos mortales hacia adelante. Vetusta Morla se enfrentan a una proeza inaudita (otra más) para una banda independiente. Los madrileños cierran la gira española de «Mismo sitio, distinto lugar» con tres noches consecutivas en el Wizink Center de Madrid que arrancan hoy. Después de congregar a 38.000 personas en la Caja Mágica en 2018 y de festejar el 20 aniversario de su disco de debut, «Un día en el mundo», la banda cierra capítulo en España haciendo parecer rutina lo extraordinario. Y ya anuncian un disco nuevo para el año que viene y nuevos retos en Latinoamerica. Jorge González, percusionista del grupo, habla sobre lo vivido y lo por venir.

–Oiga, ¿lo de llenar tres veces el WiZink Center no es como pasarse el juego?

–Bueno, fuimos sacando fechas y al final, pues la verdad es que no lo teníamos planeado. Hace unos días nos acordábamos de cuando las Riveras nos parecían algo demasiado grande, como una locura y, bueno, la verdad es que el panorama de público en torno al tipo de rock que hacemos nosotros no era como para preveer que algo así pudiera pasar. Pero, mira, ahora hay muchos grupos que se atreven con el Wizink, desde Rozalén a la M.O.D.A o Leiva, por ejemplo, y eso quiere decir que la música está en un momento muy sano y que el rollo de los estilos se ha superado y la música es música.

–Es cierto que los jóvenes no tienen esos prejuicios.

–Yo trabajo con ellos y es cada vez más de esa manera. No tienen el menor prejuicio: les puede gustar Justin Bieber y Radiohead, y tan a gusto. Y eso es un avance. Hubo un cierto debate en su momento, pero ni siquiera era real, porque la etiqueta del «indie» versus «mainstream» surgió para poder ubicar una escena concreta, pero eso ya es historia, estamos en otro momento y eso se ha superado.

–En España tampoco existía esa muralla.

–Claro, fíjate que yo escuchaba rock y flamenco… Pero es verdad que los medios más especializados en música generaron eso, y no lo digo en tono despectivo, sino que estaban tratando de separar lo que tenía calidad de lo que no. Y eso ayudaba en cierta manera a todos a ubicar bandas. Sin embargo, desde el 2000, cuando las discográficas entran en crisis, buscan un nuevo nicho, una gente más allá del pop y del rock.

–¿Qué sensaciones tienen antes de estas tres noches?

–La verdad es que ha sido una etapa súper bonita y va a ser la despedida en España del espectáculo, para lo que tenemos luces y escenografía específicas. Lo que no creo que hagamos es cambiar mucho el repertorio de una noche para otra. En principio iba a ser una fecha, pero se agotó y nos dijeron de sacar otra, y también, y sacamos la tercera sin medirlo. Pero tomar esas decisiones es complicado. Si no sacas más fechas, la gente se enfada; y si lo haces, el concierto ya no es tan especial y se enfadan… Pero pensábamos que vivimos un momento alucinante gracias a la gente y está pensado para que pueda venir a vernos todo el mundo. La experiencia en Navidad el año pasado fue fantástica y la queríamos repetir.

–Después de la Caja Mágica y tantos festivales, ¿les impresionan los aforos?

–Pues, mira, acabamos de hacer una gira por EE UU con 16 fechas y ha habido conciertos ante 1.000 y ante 60 personas y han sido especiales. Para nosotros lo importante es el trabajo y disfrutarlo y saber que podemos vivir de la música. Nuestra trayectoria ha sido siempre una historia gradual, de crecimiento, que vivimos con naturalidad porque fue progresiva. Nosotros no medimos el éxito en pabellones ni nos sentimos más felices de hacer música según el aforo. Para todos en el grupo es una alegría vivir de eso y para esto.

–Empezar de cero en EE UU debió ser una experiencia.

–Bueno, te decía 60, pero puede que fueran 120, no sé… La sensación sí que ha sido la de tener que construir mucho, un poco volver a los orígenes. EE UU ha sido agotador y también brutal porque hemos recorrido el pais de costa a costa, de Boston a Los Ángeles. El país entero es el entramado educativo de la música que nos emociona y hemos flipado bastante. Estás con tus colegas de toda la vida viviendo algo tan alucinante.

–Se hicieron un regalo a ustedes mismos.

–Ha habido de todo. Durante ratos era agotador, pero de repente nos paramos en un parking cruzando el desierto de Arizona y nos pusimos a hacer una barbacoa con hamburguesas y para tomar unas cervezas. Y eso fue un regalo.




Fuente: La razon

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