Descansar en paz, salvo los domingos que jugaba el Atlético. Ese era el deseo de aquellos seguidores que, allá por 2009, comenzaron a ser enterrados en las tripas del Vicente Calderón. Alguno, incluso, llegó a pedir que, llegado el momento del fatídico desenlace, pusieran del revés su urna los días de partido para estar encarado hacia el campo y ver los goles de su Atleti. Toda una declaración de amor incondicional hacia un lugar en el que los colchoneros más fieles querían descansar hasta que llegara la muerte del estadio, una lenta agonía que en febrero entró en su recta final con el inicio de las obras de demolición.

Debajo de lo que era el fondo sur, ahora en ruinas como el resto del estadio, el Atlético estrenó un espacio de cerca de 600 metros cuadrados con capacidad para 2.490 columbarios, cuyo precio oscilaba entre 1.500 y 4.000 euros en función de si tenía espacio para una, dos o cuatro urnas. Un lugar ubicado en el antiguo gimnasio del club y que, además de la citada sala de columbarios, contaba también con una capilla y un vestíbulo. Todo lujo de detalles para que las familias de los allí enterrados pudieran visitar a sus allegados durante los 50 años que se podía contratar el servicio.

La idea surgió intentando dar una vuelta de tuerca a algo que los aficionados realizaban sin ningún tipo de regulación: esparcir las cenizas de sus seres queridos en los campos de fútbol. Giem Sports, la empresa que se encargó de ello, convenció a clubes como el Atlético de Madrid, Betis, Barcelona o Espanyol, que instalaron columbarios en sus estadios. Incluso llegaron a ampliar miras y lograron contratos con espacios fuera del fútbol, como el memorial instalado en el Circuito de Catalunya, en Montmeló, que se inauguró en 2012.


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La grada sobre la M-30 permanece aún intacta. david g. folgueiras

El Atlético fue el primer club español en lanzarse. Las paredes del antiguo gimnasio se convirtieron en murales de cerámica con imágenes de grandes momentos de la historia del club, divididos en piezas cuadradas. Detrás de ellas se albergarían las cenizas de los seguidores. Incluso algunas leyendas del club como Kiko Narváez, Adelardo Rodríguez o el Pechuga San Román, guardameta rojiblanco de la década de los sesenta que falleció en 2015, reservaron en su momento una urna.

Pero el negocio, denominado Espacio Memorial Vicente Calderón, no llegó a funcionar de la manera que se esperaba. Un escaso porcentaje de las sepulturas estaban ocupadas en 2012. Según los últimos datos a los que tuvo acceso Efe en aquella fecha, apenas había 30 urnas ocupadas y 120 reservadas. En cualquier caso, muy lejos de las 4.210 urnas funerarias de las que disponía el espacio. Años después, en 2016, Giem Sports suspendió pagos y entró en concurso de acreedores, dejando en el aire el futuro de negocio. Incluso el que fue su dueño, Santiago Bach, llegó a ser denunciado acusado de estafa por los socios e inversores derivada proyecto que inició en el Camp Nou. La investigación llegó a tener como imputados al actual presidente del Barcelona, Josep Maria Bartomeu, y al exdirectivo Toni Freixa, aunque acabó siendo archivada.

“Me imagino que si lo vamos a cambiar [el columbario] estará ya todo tramitado, y el permiso de las familias y todo”, afirmó Enrique Cerezo, presidente del Atlético, allá por el mes de diciembre de 2018, aprovechando la firma de un convenio con el Ayuntamiento y Mahou San Miguel en el que se programaba la ejecución de la operación urbanística Mahou-Calderón. Aunque durante el primer año de existencia del Metropolitano las cenizas siguieron en Calderón, el inicio de los trabajos de demolición obligó a un traslado que, según confirman desde el club, ya se ha hecho efectivo.

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Fuente: El Pais

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