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“El deporte es inseparable de la política”

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Kevin y Daniel se desplazaron a Barcelona desde Irlanda el pasado lunes para ver jugar por primera vez a su equipo. No son aficionados del Barça. Ni del Espanyol. Tampoco de ningún otro archiconocido club anglosajón que visitara la ciudad. Son seguidores del Clapton Community FC, a la vez que propietarios. Como lo son ya centenares de personas dentro y fuera del barrio de Hackney, al nordeste de Londres.

Para quien no conozca el equipo puede sonar extraño, pero es así. Existen varios casos en el fútbol
inglés de escisiones de clubs en los últimos tiempos. Aficionados, molestos por la gestión de sus dirigentes, cansados de su invisibilidad, que deciden refundarlos para recuperar el control, aunque ello suponga empezar de cero varias categorías por debajo. Todo se consensúa de manera participativa. Da igual que hayas donado 10 libras o 1.000 para ser socio. Una persona, un voto. El fútbol por y para el pueblo.






Ideales republicanos

El humilde equipo inglés disputó un amistoso con el Júpiter, con el que comparte su rechazo al fascismo

A los hermanos Dorney, dos irlandeses que rozan la cuarentena, les pareció una forma organizativa acorde con sus creencias. Desde la isla vecina podían sentirse partícipes del proyecto, animando al Clapton en su primera temporada. Quisieron hacerlo presencialmente en la capital catalana, pues se trataba de un partido especial para este club de 140 años de vida. Por ello decidieron recorrer 2.000 kilómetros en coche –con la ayuda del ferry– para ver el amistoso contra el Club Esportiu Júpiter. Un partido organizado por el Ayuntamiento de la ciudad dentro de los actos de la Primavera Republicana, que conmemoran la proclamación de la República.

El Júpiter, nacido en el barrio obrero del Poblenou y vinculado al movimiento anarcosindicalista de la ciudad a comienzos del siglo XX, fue un símbolo de resistencia durante las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco. Perdió el escudo y el nombre en tiempos de represión, por lo que su elección simbólica para el partido era a conciencia. Pero ¿por qué el Clapton como invitado? Por compartir los mismos valores y el mismo compromiso social, pero sobre todo por una camiseta. Discreto siempre en las divisiones menores de la cuna del fútbol, la popularidad de los tons se ha disparado debido a su segunda equipación. Los colores rojo, amarillo y morado y las pequeñas estrellas de tres puntas homenajean la República y a los 60.000 mujeres y hombres de 54 naciones distintas que conformaron las Brigadas Internacionales para combatir el fascismo durante la Guerra Civil. El lema “¡No pasarán!” destaca en el dorso del cuello de una elástica que ha causado furor. Tan grande ha sido el éxito en Inglaterra, y sobre todo en España, que se han agotado las existencias. “Se han vendido ya 15.000 camisetas, más que las de algunos equipos de la Premier League”, cuenta sorprendido Geoff Ocran. El mánager-jugador del Clapton atiende a La Vanguardia para tratar varios asuntos. El primero, relacionado con la camiseta. De las 16 propuestas de diseño para los partidos a domicilio, esta salió ganadora por su significado. “Nos levantamos un domingo por la mañana y vimos que mucha gente hablaba de nosotros en Twitter, incluidos muchos medios españoles. No esperábamos ni de lejos tanta repercusión”, admite.






El fútbol, de otro modo

Kevin y Daniel, hinchas y dueños, recorrieron 2.000 kilómetros para ver jugar por primera vez a su equipo

En el campo de La Verneda se reunieron decenas de aficionados, de aquí y de allí, vistiendo con orgullo la camiseta tricolor. La mayor parte de los ingleses, cerveza en mano, se unieron al Reducte GrisGrana, el grupo antifascista más animoso del club, para vivir juntos el encuentro. El 5-0 favorable a los barceloneses fue lo de menos. Se vivió una fiesta reivindicativa entre dos equipos que promueven “los derechos civiles y sociales”, así como “el fútbol popular, humilde e integrador”, tal como lo define Joan Rión, presidente del Júpiter. En tiempos en que la extrema derecha avanza con paso firme por Europa, el deporte rey también tiene algo que decir. Según Ocran, debe mostrarse tolerante y “luchar contra la xenofobia, la homofobia o el sexismo” como lo hace el Clapton, de la duodécima división inglesa. También el fútbol elitista, representado por sus jugadores, considera que tiene que alzar la voz aprovechando su influencia. Pone de ejemplo el episodio reciente de Moise Kean. El delantero del Juventus recibió insultos racistas por parte de los aficionados del Cagliari… relativizados en un primer momento por su compañero Bonucci. “Si dispones de una voz hay que condenar según qué tipo de conductas o, por contra, impulsar otras si reflejan valores positivos. El fútbol tiene que enviar un mensaje al ser el deporte más popular del planeta. Está bien que la FIFA y la UEFA lo intenten, pero al final los protagonistas son las estrellas. Miles de ojos les observan cada día”, recuerda. Elegido por los fans como mánager, Ocran, que como el resto del equipo mantiene una “conexión increíble” con la grada, rechaza el mantra de que deporte y política, siempre que no esté al servicio del poder, no pueden mezclarse. “En la vida real la política no puede separase del deporte ni de ninguna otra cosa. Afecta en todo. Si el público actúa de manera racista, siempre habrá una agenda política en contra de ello. Siempre existirá una mezcla de las dos”.








Fuente: LA Vanguardia