Portada

El declive antisistema en Italia

consultor seo


Hace un año, las encuestas no se equivocaron. Los italianos estaban hartos de la corrupción, de los privilegios parlamentarios, de los ­primeros ministros que no batallaron en una campaña electoral, de una larga crisis económica y de la soledad en Europa ante el reto de la inmigración. Votaron saltar al vacío y premiar a un partido que prometía algo de aire fresco.

El Movimiento 5 Estrellas (M5E), liderado por el joven y ambicioso Luigi Di Maio, de 32 años, ganó las elecciones del 4 de marzo del 2018 con el 32,7% de los votos. Un hito en Italia. Los antisistema se convertían en la primera fuerza de un fracturado Parlamento.





Hace sólo un año del golpe encima de la mesa de los populistas, pero los tiempos políticos en Italia son veloces, y parece que haya pasado una eternidad. Di Maio y los suyos no habrían soñado ni en su peor pesadilla que la gobernabilidad les iba a llevar a la crisis que sufren hoy. Ensombrecidos por el carisma del líder de la Liga, Matteo Salvini, y obligados por sus compañeros de Gobierno a renunciar una y otra vez a sus principios políticos, los
grillini
se dan cuenta de que el pacto con la ultraderecha para gobernar Italia fue un regalo envenenado.


El M5E se abre a romper la regla del máximo de dos mandatos consecutivos

Las encuestas lo llevan advirtiendo desde hace tiempo. La Liga, con un Matteo Salvini desencadenado, dio el sorpasso gracias a la efectividad de las políticas contra la inmigración y su mano dura en seguridad. La última de esta semana es demoledora. Según la media de sondeos elaborada por YouTrend, si ahora hubiese elecciones, Salvini se impondría con el 32,9% de los votos, mientras que Di Maio conseguiría un mínimo en las encuestas recientes, sólo el 23,1%. Diez puntos menos que el año pasado.

La estocada definitiva han sido las recientes elecciones en Abruzos y Cerdeña, dos regiones que en el 2018 eran territorio antisistema. En Abruzos, en el centro de Italia, los grillini mostraron músculo en las legislativas con el 39,8% de los votos, pero este febrero quedaron terceros con 19%. En la isla sarda, los resultados de la semana pasada son todavía más comprometedores: gobernará por primera vez un liguista, el senador Christian Solinas, porque el candidato de Luigi Di Maio obtuvo la cifra mísera del 11% de los votos. En las generales del año pasado, se había impuesto con el 42,5%.





“El M5E atraviesa una grave crisis electoral. Esto es importante porque interrumpe su tendencia al alza en el voto y al mismo tiempo fuerza una crisis interna”, señala a este diario Massimiliano Panarari, politólogo de la Universidad Luiss Guido Carli.


Berlusconi presiona a Salvini para que rompa la alianza, pero él se niega

La debacle grillina en Cerdeña ha hecho que algunas voces de peso en el partido se hayan atrevido a pedir algo inimaginable hace unos meses: la cabeza de su líder. Lo han hecho senadoras rebeldes como Paola Nugnes, la primera en poner el liderazgo de Di Maio en entredicho, o Elena Fattori, que cree que debería elegir entre hacer de ministro o ser líder político del M5E. Di Maio por ahora se aferra con uñas y dientes a su cargo y promete que todavía le quedan por lo menos cuatro años, prorrogables, para que se hable de esto. “Necesitamos una mejor estructura, pero mi liderazgo político sólo estará en discusión en cuatro años”, cuando debería terminar la legislatura actual, ha dicho esta semana. “El M5E no está muerto todavía”, promete.

Para remediar los malos resultados en las regionales –donde la derecha ha ganado a la izquierda en las últimas seis elecciones–, Di Maio ha propuesto romper tabúes en el movimiento nacido como protesta ciudadana. El primero, aceptar que quizás tienen que presentarse con alianzas, y no en solitario, como hacían hasta ahora, porque representaba “contaminarse” de los pecados de los otros. El segundo, construir grupos dirigentes locales. Y el tercero, abrirse a terminar con la regla del máximo de dos mandatos consecutivos para electos grillini.





El problema de Di Maio es que no ha logrado una estrategia ganadora. Para frenar la caída en los sondeos, provocó una crisis diplomática con Francia que se ha demostrado ineficaz. Otra de sus bazas fue la renta de ciudadanía, un subsidio a los parados que suponía su principal promesa. Pero lo cierto es que lo que se ha aprobado, que todavía no ha tenido un efecto electoral –lo tendrá previsiblemente justo antes de las europeas–, es una norma mucho más descafeinada que lo que buscaban, para satisfacer las exigencias de déficit de la UE.


El problema de Di Maio es que no ha logrado una estrategia ganadora

Además, parece que puede llegar a renunciar a la paralización de la alta velocidad entre Turín y Lyon (todavía en fase de negociación), mientras el M5E es de naturaleza contrario a las grandes obras. Pero el golpe más doloroso ha sido impedir que Salvini sea juzgado por haber bloqueado en agosto el desembarco de los migrantes a bordo de la fragata Diciotti. Presionado para no hacer caer la alianza, Di Maio tuvo que dar marcha atrás y forzar un referéndum interno muy discutido –con una pregunta equívoca– para salvar al liguista de la justicia. El precio por la estabilidad fue dividir al partido y renunciar a la lucha contra el abuso de poder de los parlamentarios.





El malestar dentro del partido es cada vez más evidente, como también que muchos de los más cercanos al fundador, el cómico genovés Beppe Grillo, preferirían volver a ser un azote en la oposición que el institucionalismo de hoy. “El punto a favor de Di Maio es que, de momento, el M5E no tiene una alternativa a él”, explica Panararai. El agitador de masas del movimiento, Alessandro Di Battista, que podría haberlo sido, está desaparecido de los titulares desde la excursión a París para verse con exponentes de los chalecos amarillos, y no hay otra figura en el partido que destaque. La prueba de fuego serán las elecciones europeas de mayo. Los grillini se han marcado el bajo umbral del 20% como un resultado aceptable. Si no llegan, Di Maio tendrá problemas.

Con el M5E en la encrucijada, Salvini sonríe. Los italianos le ven como el verdadero hombre fuerte del Gobierno, pese a que teóricamente sólo es ministro del Interior y viceprimer ministro. El expremier Silvio Berlusconi le está presionando para que rompa con los grillini, llame a las urnas y pueda gobernar con la derecha. Pero el ultraderechista no parece tener ninguna prisa por volver a someterse al yugo de Berlusconi. Nada de la coyuntura actual le perjudica. “Yo con la vieja centroderecha no volveré nunca más”, ha prometido. Lo veremos, el año que viene.








Fuente: LA Vanguardia

Comentar

Click here to post a comment