Fueron 16 encuentros “muy fructíferos”, explica Juan García Vicente, uno de los portavoces de Ecologistas en Acción. Habla de lo que se conoce como la Mesa del Árbol, como se llamaba a los encuentros que aglutinaban a expertos, vecinos, sindicatos y asociaciones ecologistas para tratar el tema de la caída del arbolado en la ciudad, distrito a distrito. Lo puso en marcha la anterior concejala de Medio Ambiente, Inés Sabanés y, desde que José Luis Martínez-Almeida llegó a la alcaldía de Madrid, ninguno de los asistentes ha vuelto a ser convocado. “A estas alturas ya ni lo esperamos”.

Sabanés lo puso en marcha porque Madrid tiene un problema con el arbolado que viene de lejos. Al menos medio millón son viejos, están enfermos o pertenecen a especies que no se han adaptado a las condiciones de la ciudad. Entre ellos, el olmo siberiano y el arce negundo, que proliferan en los distritos de Moratalaz, Villaverde o Fuencarral-El Pardo. Miles de ellos se plantaron sobre todo en los años setenta por razones ornamentales y, tras estudiar su evolución, se detectó el error. Esas especies ya no se emplean en las nuevas plantaciones, pero muchas de ellas siguen en las calles y los parques.

El problema obligó al Ayuntamiento el año pasado a implantar un servicio de inspección, denominado Server, y a dedicar un presupuesto de 30 millones para su vigilancia y para evitar riesgos para la población.

Ayer mismo se activó en la capital la alerta amarilla del protocolo de actuación en el parque de El Retiro. Permanecieron balizadas por rachas de viento las áreas infantiles, deportivas, de mayores y los Jardines de Cecilio Rodríguez hasta las cuatro de la tarde. Además, entre las ocho de la mañana y las siete de la tarde, los bomberos de la capital realizaron más de 200 salidas, la mayoría causadas por el viento, según informaron fuentes de Emergencias. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) informó de que las rachas alcanzaron en Madrid los 70 kilómetros por hora y los 90 en la sierra madrileña.

En todo el día, solo hubo que lamentar una herida leve en la plaza de Cieza. Una mujer de unos 50 años recibió el golpe de una rama en el brazo, donde sufrió el mayor impacto tras cubrirse la cabeza, según informaron fuentes de Emergencias. Tras el impacto, la mujer sintió “algún mareo” y fue trasladada al hospital de La Paz “por precaución”.

Por casos como este todas las prevenciones son pocas. En marzo del año pasado, la caída de un árbol mató a un niño de cuatro años cuando paseaba por El Retiro con su padre. En 2016, un hombre de 58 años también falleció en el acto a causa de un traumatismo craneoencefálico severo tras caerle encima la rama de un árbol en una zona ajardinada de la calle del Camino de los Vinateros. Y dos años antes, se produjeron dos casos muy seguidos: un hombre de 72 años murió tras recibir el impacto de la rama de un olmo cuando caminaba por la calle de la Virgen de las Viñas, en el barrio de Santa Eugenia, y otro hombre, de 38, falleció cuando se le cayó encima otra rama de varios centenares de kilos cuando se encontraba en El Retiro con sus dos hijos.

 

El ‘efecto vela’ que se produce en otoño

A pesar de que en invierno las inclemencias del tiempo son más acuciadas, en esa estación los árboles cuentan con una ventaja: han perdido el follaje. Ese detalle provoca que el aire pase con más facilidad y se evite el efecto vela, como se conoce entre los expertos al vaivén de los troncos cuando se producen fuertes rachas de viento. “Cuando las hojas ya se han caído el aire pasa mejor”, explica García Vicente.

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Fuente: El Pais

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