ualquiera podría pensar que levantarse con el traje de la felicidad puesto todos los días resulta imposible e incluso, a ratos, incómodo. Lucrecia ha nacido con él y asegura que no está dispuesta a quitárselo por mucho que la vida nos obligue a ponernos chándal en determinados momentos. Esta versátil y singular artista cubana se enamoró de España hace más años de los que puede recordar, dejando su corazón en Barcelona y su voz repartida por todo el mundo. Ahora estrena «La gran aventura de los Lunnis y el libro mágico» y hablamos con ella para intentar descubrir si la magia existe y para conocer un poco mejor a la mujer que hay detrás de las trenzas de colores.

–¿Qué tienen los niños y qué tiene la infancia para haber conseguido atraparla durante tantos años?

–Bueno, realmente es un sentimiento que tengo desde siempre, desde pequeña. De toda la vida he sido una persona muy dada a los niños. La cultura estuvo muy presente en mi infancia y eso es algo que siempre me ha gustado transmitir a los más pequeños.

–Las trenzas de su pelo fueron, son y serán su presentación estética más reconocible. ¿Hasta qué punto cree que puede influir en la construcción de la identidad de un artista su aspecto?

–Mira, lo primero que me contó Juan Pablo Silvestre, gran presentador de Radio Televisión Española, cuando llegué aquí a España fue: «Tienes que tener una imagen, una historia que contar». Y de manera orgánica, agarrándome a esa idea, llegaron mis trenzas. Mi peluquero me dijo: «Te he visto en el escenariocon trenzas de colores» y yo pensé: «vale, en el escenario quedan muy bonitas, pero mantenerlas para el día a día me parece más complicado». Y mírame, aquí estoy con ellas. Pienso que tener una estética definida sí que es bueno y si es de esta manera, mucho más. Porque no es algo que me hayan impuesto, sino que ya estaba en mí y solo tuve que esperar al momento perfecto para dejarlo salir. En mi caso no se trata de una cuestión de marketing.

–Ha dicho en alguna ocasión que el nacimiento de su hijo inspiró la composición del álbum «Agua». ¿El amor nos vuelve creativos?

–Sin duda. Durante mi embarazo compuse la canción «Mi gente», también la nana de mi hijo o el tema «Mira pa’l cielo». He compuesto mucho, pero desde que fui madre no he parado porque fue, es y será un momento de luz y de inspiración absoluto. Puede salirte primero la letra, después te sale el coro, lo reajusto, vuelvo, cambio, pienso.

–Presentadora, pianista, actriz, compositora, cantante y escritora de cuentos infantiles. ¿Considera que para una mujer el trabajo es una forma de conquistar su propia independencia?

–Sin duda. Pero de siempre. En Cuba la mujer trabajadora siempre ha estado muy presente. Siempre se ha hablado y se ha defendido la igualdad y la necesidad de erradicar el machismo, es algo con lo que estoy muy familiarizada. Amo a mi esposo porque es un gran profesional, pero si hay algo que amo todavía más es el tándem, el equipo maravilloso que hemos conseguido formar siendo y tratándonos como iguales.

–¿A qué suenan sus raíces?

–Uy, interesante. A mezcla (risas). Una de mis bisabuelas era mulata china y la otra era descendiente de africanos. A nivel musical tengo muchas influencias distintas. En casa siempre estaba mi padre con el jazz y con la rumba y mi madre con la música clásica. También ha estado muy presente en mí la influencia de los carnavales de Cuba. Lo que yo tengo en este cuerpo es una explosión. ¿Y sabes qué? Todo esto me viene muy bien a la hora de interpretar, por ejemplo, porque me convierte en alguien muy dúctil y de la misma forma que puedo cantar la música cubana más caliente y más fuerte, puedo también cantar canciones infantiles como «Los Lunnis de leyenda», en donde la voz tiene que estar mucho más mesurada y debe adoptar la suavidad de un lenguaje universar que todo el mundo sea capaz de entender.

–¿Cree que el color que había en Cuba cuando vivía allí sigue siendo el mismo?

–Cuba es el sol. Es el cielo. El mar. Es su gente. El color de las miradas quizá sea un poco más triste, pero finalmente nuestra esencia es alegre y siempre tiramos «pa alante». Ante la adversidad siempre lo hacemos.

–¿Existe la magia?

–Existe. La magia de las miradas. Tu puedes ir caminando y puedes mirar a los ojos de una persona y notar una conexión distinta. Existe la magia de las personas. Las hay muy limpias que a la hora de hablar o de conversar con alguien consiguen que su energía te llegue. Una energía hermosa, blanca, sin nada que la ensucie. Te llega y ya está. Todos tenemos, y yo creo mucho en ella. Soy así. Tremendamente positiva de nacimiento.




Fuente: La razon

A %d blogueros les gusta esto: