Josep Bou tiene veinte mil apellidos catalanes y es un ciclón. Como Roberto Durán, Mano de piedra, héroe de Panamá y del boxeo, al que ya no sabían como glorificar –agotaba rivales y aún los adjetivos del diccionario– y le cayó Ciclón del istmo.

Bou también tiene manos de púgil, con sus cicatrices laborales, y juega con el sobre de azúcar para el café con leche en este desayuno en el Santa Clara, “pastelería desde 1834”, calle
Llibreteria, a dos pasos de la Casa Gran.

Es el ciclón de la Catalunya catalana porque nació en Vic, “a las cinco de la tarde, para no empreñar a nadie”.






“Hay que restituir la moral de la guardia urbana, aumentar la plantilla y que estén en la calle y no en las oficinas”

Ha trabajado dieciséis horas diarias a lo largo de su vida, saltado 21 veces como paracaidista del ejército y escalado más montañas que Jordi Pujol. Aunque no estaría aquí charlando con Márius Carol, director de La Vanguardia, si Carmen –su esposa, extremeña– no le hubiese dado el visto bueno a ser candidato del PP, a él, Josep Bou, que ni milita en el PP ni cree que “mi partido idílico exista”.

–¿Cómo fue la escena del sofá?

–Asistía, como empresario, a un acto del PP y el señor Maroto me tocó la espalda: al señor Casado le gustaría hablar con usted. Tomamos una cerveza, es un tío sencillo y trempat. Me dijo: “Tienes que ayudarnos, estamos apurados”. Al final, me convencieron aunque si Carmen hubiese dicho que no, hubiese sido no.

Lo que de verdad le convenció fue el panorama: “Una Catalunya divida y enfrentada. En Vic ni nos hablamos muchos amigos y familiares”. Tiene una bandera rojigualda en el balcón porque todo eran estelades en el vecindario. “El día que las saquen ellos, la saco yo”. Tiene, ya quedó dicho, alma de boxeador.





El primer susto que le dio Barcelona –con tres años, recién instalada la familia– fueron los pitidos de los trenes que pasaban por la estación de Sant Andreu Arenal, próxima a su casa.

El último susto que le ha dado Barcelona se llama Ada Colau. “Es una mujer muy especial. Me tiene confundido. Es muy incompetente y no pasaría una prueba en una empresa para ser contratada. Ha convertido Barcelona en una agencia de colocación… y la gente es muy agradecida”.

El ciclón de Vic explica sus propuestas para Barcelona.

“Hay que restituir la moral de la guardia urbana, aumentar la plantilla y que estén en la calle y no en las oficinas”. Barcelona registró 200.000 delitos en el 2018. No le parece de recibo.

Vivienda. Aumentar la bolsa de pisos. Dar segundas oportunidades a quienes han perdido la casa pero a los okupas…ni agua. Su sello: “Hay 13.000 bajos vacíos que no tienen ni tendrán arrendatarios. Habría que pedirles que los acondicionaran antes de darles una célula de habitabilidad. Todos ganan. ¿Los decibelios? Si un ciudadano quiere silencio absoluto, que se vaya a la montaña”.

Bou no aboliría la prostitución. Se ha interesado por hablar con prostitutas y hace una observación que daría para un gran titular en cualquier diario sensacionalista: “Las prostitutas votan PP”. Corrige al segundo: quería decir que son conservadoras. “Lo que no pueden es estar en mitad de la calle. A los clientes los pondría yo en su lugar”.





Jugar con el nomenclátor de Barcelona se ha convertido en una novedad de esta temporada primavera-verano electoral. Algo así como esos concursos televisivos donde siempre echan a uno de los dos aspirantes. Ya dijo que daría el nombre de Montserrat Caballé a la plaza Francesc Macià, “ l’avi era un coronel del ejército español”.

Carol menciona a Samaranch.

–Barcelona está siendo poco agradecida con sus hijos. Claro que Juan Antonio Samaranch se merece calle. ¡La marca Barcelona se debe a los Juegos! Hay muchos personajes que podrían cederle la calle… ¡Pau Claris!

Aquí, Bou vuelve a dar un golpe de efecto. Ya quedo dicho que no aburre. Los presentes quedamos sorprendidos por su erudición sobre la historia de Catalunya, de la que lo está leyendo todo…para rebatir el monopolio del independentismo. El púgil de Vic describe a Pau Claris como una calamidad nacional, responsable de la pérdida de la hoy llamada Catalunya Norte –tratado de los Pirineos– y la pérdida de Portugal para España.

Su programa es él. “Hay dos tipos de personas: los altruistas y los egoístas”. Ustedes mismos.








Fuente: LA Vanguardia

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