Lo de Rosalía es un fenómeno tal que músicos reconocidos triunfan más en Twitter alabándola que con sus propias opiniones. Primero revoluciona el flamenco y después conquista el reguetón y más tarde reivindica a Los Chunguitos. Está llamada a superestrella y anoche en el Mad Cool lo demostró con un poder de convocatoria espectacular. Era la jornada de bienvenida del festival, una especie de fiesta privada para mayor y única gloria de la catalana, que consiguióatraer a 40.000 personas. Como Rosalía no podía actuar en Madrid más que el miércoles y el festival comienza el jueves, pues no hay problema. Se levanta el telón antes, se contrata a unos artistas para que hagan de teloneros, y ampliamos una jornada extra la ya de por sí enorme maquinaria del festival. Por Rosalía, cualquier cosa. Tenía que estar en Mad Cool ante cuarenta mil asistentes que pagaron su entrada para ver a la chica del año en el paraíso de la autofoto.

En su presentación de Madrid, el show de “El mal querer” no presentó la apariencia austera y encorsetada, ceñida al disco, que en otros festivales ha resultado incluso esquelético, sino una versión ágil y abierta a sus nuevos hits. Rosalía tiene una enorme presencia escénica y una voz de cualidades indiscutibles. Ella y sus bailarinas conforman un espectáculo y una coreografía impecables. El Guincho es un enorme músico y productor y puede lanzar las pistas en directo. Los palmeros y coristas son de conservatorio. Pero su apuesta dejaba interrogantes, carencias que dejan la música en un plano secundario, en pro de una versión pregrabada de su talento. Todas las fichas apostadas a su carisma y su encandile, sin el quad que llevaba el la prehistoria del show., por ejemplo Su vibrante actuación de apenas una hora en Mad Cool, llena de improvisaciones y temas «a capella» que incluso dio a elegir al público, fue la de una caníbal del escenario. Y, valga la paradoja, los fallos de su arranque en «Pienso en tu mirá» realzaron las virtudes del show y la realidad de su arte.

Dicho lo cual, hay algo que añadir. Si Rosalía ha sido capaz de liderar carteles de enormes festivales en Bilbao, Santiago, Barcelona y Madrid, podemos decir que cohesiona el territorio. Umbral habría ensalzado su duende ibérico, su poligonismo ilustrado, el chándal que vertebra España. ¿Recuerdan cómo le ponía al escritor el andamio de Bustamante? Pues así podríamos hablar del gran extrarradio que nos une, la «international» gitana que en realidad no lo es, la catalana que salta de un retrato de Julio Romero de Torres pintada en un videoclip. Pero esta no es esa crónica umbraliana, y además Rosalía escapa a los clichés como salta de “Barefoot in the park» (grabadas las voces de James Blake) a «De madrugá» y recibe los oles del público «millenial». Cuando todo el mundo pensaba que miraba a EE UU y al público foráneo, se sacó de la manga una rumba en catalán. Y cantó a capella, claro, y en la lengua de Ramon Llull, para regocijo del público, «Fucking Money Man». Anoche Rosalía no llevaba chándal ni abrigo de pelos, sino «culotte» verde y camisa con volantes, síntesis de barrio y tradición cañí. Y sin solución de continuidad se arrancó por «Te estoy amando locamente» y de nuevo extasió al personal. Porque, ¿saben cómo se percibe que algo está pasando? Cuando las redes de comunicaciones no alcanzan para dar servicio a miles de personas retransmitiendo lo que sucede. Pues mientras Rosalía permaneció en el escenario, en el paraíso del postureo (con presencia de Belén Esteban y Cristina Pedroche, entre otros) los teléfonos no daban ni la hora.




Fuente: La razon

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