A lápiz, en una desconchada celda, Francisco Arias escribió que fue detenido “inocentemente” el 14 de mayo de 1938. Plasmó esas líneas, en noviembre de ese año convencido, entonces, de que iba a salir pronto en libertad. Un mes después escribió de nuevo: se le había comunicado “el proceso”. “Al lado hay otros dos mensajes en el que le acusan de espía y también de bocazas”, apunta Albert Domingo, coordinador técnico del castillo de Montjuïc delante de ese conjunto de mensajes que tienen 81 años, y que han quedado al descubierto en una de las celdas de la fortificación.

Minutos después, un grupo de ciudadanos estará plantado delante de ellos. Perderse por algunos de los pasadizos del castillo y pisar las viejas zonas militares restringidas ya es posible gracias a visitas concertadas y guiadas. Los secretos del castillo comienzan a salir a la superficie y hay todo un plan para darlos a conocer.






Gran reclamo

El recinto recibió en el 2018 más de 830.000 visitantes, el 90% internacionales

“Las vistas de la ciudad son uno de los grandes atractivos de la visita al castillo pero hay mucho más que ver y explicar”, manifiesta Àxel Gonzàlez, técnico de la dirección de Memòria Històrica i Patrimoni del Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) mientras repasa algunas cifras. Por ejemplo, que el castillo recibió en 2018 un total de 830.000 visitantes pero que este año está experimentando un incremento que hace prever que pueda cerrar el 2019 con más de 900.000 (un dato para valorar la cifra: el museo Picasso rozó el millón de visitantes el año pasado).





“Es un destino de segunda visita a la ciudad, muy internacional: más del 90% de los visitantes son extranjeros. De ahí que nuestra intención sea también llegar al público local”, prosigue Àlex Gonzàlez. Y por eso las visitas concertadas que permiten adentrarse en las entrañas del castillo, acceder a las dependencias de los acuartelamientos que hay bajo el patio de armas, en donde se acaba de restaurar toda la pavimentación original. Allí abajo hay una enorme galería de más de 200 metros que data del siglo XVIII, de donde salen pequeñas estancias y a través de las cuáles se accede a las letrinas que, en algunos momentos de la historia del castillo, llegaron a utilizar hasta 3.000 soldados acuartelados. Desde una habitación que está al lado del enorme excusado se accedía a una de las baterías que se instalaron en el castillo en los años 20 del siglo XX. Quedan pedazos de una escalera oxidada…





Imagen de la estrecha galería que da a los cinco calabozos originales del castillo
(Llibert Teixidó)

Algunos de estos espacios han sido escenarios de películas en los últimos años. Los responsables de producción buscaban salas como estas, a las que solo es posible acceder por desvencijadas puertas.

Al visitante le invade cierta sensación de desasosiego y tristeza… Escaleras retorcidas apenas iluminadas desembocan en otras estancias y y también en el área donde se encuentran los calabozos.


Las viejas galerías

Las dependencias militares han recuperado su pavimentación original

“Aquí dice “¡viva Popeye!”, que debería de ser un dirigente de la FAI y la CNT… Y al lado hay un “Saluda a Franco”. Los carceleros también escribían sus mensajes y fueron cambiando”, explica Albert Domingo al inicio del pasadizo de 1,60 metros que da paso a los calabozos. Estos grafitos de la entrada o el de Francisco Arias con el que comienza esta crónica forman parte de los 650 que se han recuperado por ahora y que desde hace unos días se pueden consultar, uno por uno, a través de la página web del castillo.





Mensajes y dibujos de todo tipo han quedado al descubierto en las viejas celdas
Mensajes y dibujos de todo tipo han quedado al descubierto en las viejas celdas
(Llibert Teixidó)

Los arqueólogos siguen trabajando. Todavía quedan dos calabozos por examinar, en donde persiste el rebozado que se hizo en los años 80 del siglo XX. Y puede haber otros mensajes debajo de los que ya se han descubierto. Hay más zonas del castillo que se habilitaron como cárceles. “El problema es que van por capas, si queremos saber que hay en las inferiores se tienen que eliminar las que ya tenemos al descubierto”, explica Àxel Gonzàlez. Los más antiguos descubiertos por ahora son de finales del siglo XIX, aunque sobre todo los hay del XX, de la Semana Trágica y, especialmente, de la Guerra Civil. Hay proclamas, anuncios de condenas y despedidas, fragmentos de obras de teatro o dibujos, de barcos o de escenas sexuales… Hay pequeñas obras de arte en salas que tienen 4,90 metros de ancho por 6,90 metros de largo en las que, en algunos momentos, se llegaron a hacinar una treintena de personas.






Dietario de conflictos

Mensajes de la Guerra Civil y también de la Semana Trágica han quedado al descubierto

Los calabozos eran lugar de tránsito, pero no siempre a la libertad. Ahora son parte de un proyecto mayor. Después de consolidar los espacios, se les quiere acabar de dotar de contenido. Para empezar se ha incorporado una nueva señaléctica para que el visitante no se pierda la cantidad de detalles que el castillo le ofrece. A la vez, se le quiere nutrir una variada oferta cultural. “Los barceloneses han de regresar a la montaña”, dice Àxel Gonzàlez. En este sentido, se han comenzado a programar exposiciones y visitas guiadas y teatralizadas para conocer la historia del castillo. El 28 de abril se celebrará el Día internacional de la Danza con un espectáculo desarrollado por la asociación Liant la Troca. El 22 de mayo se celebrará el Festival Fem Pop, un microfestival de música indie protagonizado por mujeres y a principios de junio habrá uno de teatro. Los domingos de julio, conciertos al atardecer, y las noches de junio, poesía, circo o danza…


Acercarse a los barceloneses

Visitas teatralizadas, festivales de danza y de música, entre las próximas citas

En las estancias en donde estuvo la tienda de souvenirs del museo Militar se acaban de estrenar dos aulas taller destinadas a escuelas. Están justo enfrente del centro de interpretación de la fortificación, donde queda a descubierto un tramo de la construcción original de la edificación de 1640, la que se construyó durante la Guerra del Segadors.





“Queremos acercar el castillo al conjunto de la ciudadanía”, señala Albert Domingo ,que insiste que el hecho de que sea un espacio muy visitado no quiere decir que ya esté todo hecho. Todo lo contrario. Además, queda pendiente dotar de uso el área militarizada del castillo, que se recuperó en el 2010. Hasta ese año hubo un pequeño destacamento de 30 soldados. Este espacio ocupa casi la mitad del conjunto del castillo, cinco hectáreas sobre un total de once. Ya hay servicios municipales instalados pero todavía hay que acabar de definir su futuro. La mayoría de los edificios de esta zona no tienen valor histórico, salvo la Lluneta de Mar, una fortificación auxiliar de más de dos siglos, de la época del actual castillo, así como dos baluartes, el de Velasco y el de la Llengua de Serp que esconden otras historias,








Fuente: LA Vanguardia

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