El cambio climático y el poder económico son, según Melania Canales Poma (Perú, 50 años), los principales enemigos de las comunidades indígenas. Canales pertenece a la comunidad quechua —localizada principalmente en Perú, Ecuador, Bolivia y Chile, aunque también está presente en regiones de Argentina—, y se muestra tajante con ambos adversarios. “El cambio climático nos está haciendo perder los conocimientos y los saberes ancestrales. Nuestras medicinas siempre han estado en los bosques y los territorios indígenas y cada vez hay menos porque en zonas donde antes no caían heladas, ahora nieva; en zonas donde no llovía, ahora está lloviendo…”. Otro ejemplo que destaca es el de los sapos. “Cuando yo era pequeña… uh… había sapos por cualquier lado. Pero ahora apenas se ven. Y estos son un controlador biológico. Sin ellos, las plantas presentarán más enfermedades. Es un círculo”.

Canales, de melena negra y ojos almendrados, es la presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú desde marzo de 2019, y sabe que no es un camino fácil. “Para cuidar de nuestras tierras, necesitamos ser los dueños del territorio y formar parte del Congreso”. Según el Instituto Nacional de Estadísticas peruano, más del 25% de los peruanos se identifican con una identidad indígena o de un pueblo originario. Si añadimos la comunidad afro, la cifra supera el 30%. “Pero aún no tenemos un espacio proporcional en la toma de decisiones”. Eduardo Nayap, de la etnia awajún-wampis, se convirtió en el primer congresista indígena en 2011. “Si los hombres, nuestros hermanos, no han llegado a ese espacio de poder: menos nosotras las mujeres”, narra.

“Nosotras somos las que transmitimos el conocimiento y los saberes ancestrales. Nos preocupa el territorio porque sin él no tenemos vida. Es esencial. Nos da la medicina, el vestido, la comida… La cosecha, la chacra [siembra], el cuidado del ganado, el guardado de las semillas… de todo eso nos encargamos nosotras”, explica firme. “Por ahí somos las que más necesitamos esas tierras que hoy están en las manos de unos cuantos; del empresariado principalmente”.

Sin embargo, la lucha por la representatividad y el empoderamiento femenino ha despertado el recelo entre los hombres. “¡Por supuesto que en las comunidades existe el machismo! Hace poco que participamos en el pre FOSPA, el Foro Social Panamazónico, y cuando hablábamos en grupo de los derechos de la mujer, los hombres me preguntaban: ‘¿Qué cosa es los derechos de la mujer?”. Canales se ha empeñado, como tantas otras feministas, en explicar que no se trata de una división por género: “Hermano, no estamos dividiendo los pueblos indígenas. Nos estamos capacitando y aprendiendo. Antes solo los hombres lo hacían. Ahora también queremos ser presidentas de las comunidades, de las organizaciones… Así como ustedes son. Ese es nuestro reto”. Además, añade: “Mientras mayor información tengamos, nuestra lucha va a mejorar en la defensa colectiva del territorio. Eso tenemos que aprender, hermanos”.

Canales también subraya la sororidad entre las integrantes de distintos pueblos indígenas. “Nuestras costumbres son diferentes a las de las mujeres amazónicas; hablamos idiomas diferentes, nos vestimos diferentes… pero, como mujeres, vivimos todavía en la violencia. Y esa discusión nos hace crecer cada día”.

El problema:  “El cambio climático nos está haciendo perder los conocimientos y los saberes ancestrales”.

La solución: “Nuestra sabiduría es esencial para la lucha contra el calentamiento”.

La propuesta: “Necesitamos una nueva Constitución política del Estado, que nos represente a nosotros y no al gran empresariado”.




Fuente: El Pais

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