El solar de las
Drassanes es ya un agujero negro. Hace años que la degradación se expande a su alrededor. Los negocios cierran, los niños juegan en otra parte, la gente siempre trata de dejar atrás el lugar cuanto antes… El narcocampamento donde malviven una veintena de toxicómanos no es más que la última expresión de esta degradación.

Vecinos y comerciantes del entorno exigen al gobierno de la alcaldesa Ada Colau que desbloquee la situación. Pero la batalla judicial que enfrenta a la administración local y a los dueños del solar no hace otra cosa que enquistar el problema. A corto plazo no se atisba ninguna solución. El gobierno de la alcaldesa Ada Colau no está dispuesto a permitirles que levanten aquí un hotel, y los promotores reclaman una indemnización multimillonaria. Este conflicto podría costarle a la ciudad 70 millones de euros.






El enfrentamiento judicial ha enquistado un problema sin solución a corto plazo

“Esto siempre fue el Chino, siempre tuvo problemas, pero nunca tantos…”, dice Antonio Gilabert. Gilabert nació hace 63 años en la pensión Forcales, en el edificio que se levantaba donde ahora están las mesas de ping pong que los toxicómanos usan como camas. Hace años que Gilabert no vive por aquí, pero viene todas las mañanas a ver cómo está su madre, de 86 años. “Tras los derribos todo empeoró. Aquí había tiendas, vida de barrio, de todo… Ahora todo está muerto. Acaba de cerrar la panadería de siempre, y también un bar que abrieron hace un año. La mayoría de bajos tiene la persiana echada. La gente no quiere venir. Da miedo, sobre todo de noche. Siempre hay peleas. Por eso vengo todos los días a ver cómo está mi madre. Muchos están a favor del hotel, y otros en contra… Que hagan el dichoso hotel… o un supermercado… pero ya”.


“Vivir aquí es ahora como vivir en un episodio de ‘The walking dead’”

Entretanto la disputa entre el Ayuntamiento y los propietarios sigue enmarañándose. Los promotores ya presentaron una reclamación de responsabilidad patrimonial derivada de la “demora injustificada” y de la “denegación improcedente” de la licencia de obras por valor de 70 millones de euros. Según un informe interno del propio distrito de Ciutat Vella, la indemnización puede costarle al Consistorio 41 millones. Y es que a pesar de que el departamento de licencias del distrito propuso la concesión de los permisos, y tras años de bloqueo sin que el Consistorio se pronunciase y optase por el silencio administrativo, los hoteleros interpusieron sus recursos. No fue hasta noviembre cuando la teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, anunció que no concedería el permiso. Dijo que una sentencia que declaraba nulo el plan de usos de Ciutat Vella del 2013 revocaría la calificación que permite construir el hotel. Este fallo está recurrido ante el Supremo.






Los alrededores se han convertido en refugio de una población muy vulnerable

El proyecto del Praktik sorteó la moratoria hotelera al disponer del certificado urbanístico previo que permitía alzar su establecimiento antes de la aprobación del Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (Peuat). Otro enfrentamiento deriva del estado de la única finca del recinto. El Ayuntamiento deniega la licencia de derribo. Aduce la catalogación D del inmueble y reclama un proyecto de sustitución. La propiedad entiende que los informes del distrito son antiguos, que el edificio se degradó tras años de abandono. A fin de desbloquear la situación los promotores acaban de proponer al distrito de un modo informal construir 3.000 m2de viviendas de protección en el entorno, olvidarse de los 70 millones y que su hotel ofrezca espacios de uso vecinal. Pero este movimiento aún no tuvo consecuencias.


Los promotores ofrecen construir pisos protegidos como compensación

El resultado de este conflicto es la degradación de las Drassanes. Los toxicómanos del narcocampamento no son los únicos desheredados que pululan por la zona. Los bajos de las oficinas de la Seguridad Social se convierten cada noche en un albergue. Un hotel cercano instaló unas rejas en su entrada de servicios para que nadie pusiera allí sus colchones. Las Drassanes vive una situación de emergencia social. Algunos vecinos también denuncian que últimamente también frecuentan la zona menores magrebíes desatendidos. “No podemos seguir así –dice Nuria Román tras el mostrador de su comercio de ropa y recuerdos–. Yo vivo aquí desde hace 29 años, y hace un año y pico abrí esta tienda. Pero no sé cuánto tiempo podré tenerla abierta si las cosas continúan así. Es que no funcionan ni las farolas. Estos es como vivir en un epsiodio de The walking dead. Todo esto se ha convertido en un vertedero. A la gente se le quitan las ganas de pasar por aquí. Nada de lo que pasa ahora es normal. Acabarán echándonos a todos del barrio, entre drogadictos y pisos turísticos. Deben hacer algo cuanto antes”.





De tanto en tanto, tal y como ocurrió ayer, guardias urbanos escoltan a una brigada de limpieza municipal que adecenta el lugar. En el pipi-can colindante los vecinos debaten sobre cómo revertir esta situación. Quienes se oponen al Praktik argumentan que otro hotel alimentaría la masificación turística y la gentrificación en Ciutat Vella. Numerosas pancartas ilustran que tampoco son pocos quienes piensan así. “Nosotros queremos que hagan el hotel –dice el presidente de la asociación de vecinos de Arc del Teatre–. Es la única manera de frenar la degradación. Aquí nos pusieron la narcosala, luego la llevaron a Perecamps, que está al lado. Necesitamos algo que devuelva la vida a la zona”.








Fuente: LA Vanguardia

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