El BBVA examinó miles de correos electrónicos y llamadas salientes y entrantes de sus empleados en busca de comunicaciones con periodistas para saber quién les facilitaba información sobre operaciones corporativas o relevos en la cúpula de la entidad. En el sumario del caso BBVA-Villarejo, al que accedió EL PAÍS, constan correos de directivos que dan a Julio Corrochano, jefe de Seguridad, listados de periodistas y sus números de móvil para que averigüe con quién hablaron.

“Te agradecería que miraras si podemos sacar alguna conclusión de dónde sale esa filtración”. El 9 de mayo de 2012 el entonces director de Comunicación del BBVA, Ignacio Moliner, le hace ese encargo a Corrochano. Un periodista de El Confidencial había llamado al banco para contrastar una información según la cual el BBVA había dicho no a una posible fusión con Bankia. Corrochano contesta para pedir el nombre del periodista y sus teléfonos, y Moliner le envía nombre, fijo y móvil.

El 12 de diciembre de 2016 un empleado del banco escribe al responsable de Comunicación del momento, Paul Tobin, y le dice: “Tal y como comentamos en su día, te envío los resultados de las búsquedas de comunicaciones con las direcciones acordadas”. Y añade un listado de los emails de siete periodistas económicos de cinco medios (Confidencial Digital, Expansión, Cinco Días, El Confidencial y EL PAÍS).

Estas cadenas de correos son solo dos ejemplos de lo que, al menos entre 2012 y 2018, ocurrió en el BBVA: la vigilancia de los correos y teléfonos corporativos de los empleados para tratar de descubrir si había algún topo que filtrara información a la prensa. En ocasiones eran búsquedas puntuales, como cuando el número dos de Comunicación en julio de 2015, Ignacio Jiménez, envió un email a Corrochano con los nombres y números de teléfono de cuatro periodistas en el que decía: “Lo comentado. Desde la tarde del 29 hasta la mañana del 1 de julio. Ver coincidencias en números”.

Barridos con periodicidad mensual

Pero la práctica llegó a hacerse sistemática, según revela un correo dirigido a Tobin: “Todos los meses a primeros de mes te enviaremos los resultados”, le escribe un empleado del departamento de Global Forensics & Threat Intelligence del banco. En total se vigilaron las comunicaciones con más de una decena de periodistas.

La documentación que el BBVA entregó recientemente al juzgado que investiga la relación del banco con José Manuel Villarejo incluye hojas de Excel con largos listados de llamadas salientes y entrantes a números de periodistas. En estas puede leerse la hora de la llamada, la duración y la localización (latitud y longitud) del móvil corporativo. En otros archivos hay listados de correos electrónicos donde se deja constancia de remitente, receptor, hora del envío y de la recepción, otras personas en copia, asunto y si el correo ha sido abierto o no. Se trata de información que detectó el análisis forense que el banco encargó a los despachos Garrigues y Uría y a PwC.

En uno de los correos, de 2018, uno de los empleados encargados del análisis le dice a Tobin: “Te confirmo que las búsquedas están enmarcadas bajo la normativa del buen uso de herramientas informáticas que pone el banco a disposición de sus empleados”. 

El banco: «Amparado en la normativa interna»

El BBVA asegura, a preguntas de EL PAÍS, que esta actuación está “amparada en la legalidad y en la propia normativa interna de la entidad, en la medida en que se trata de dispositivos de comunicación propiedad de BBVA y los listados se elaboran con información de la propia entidad”. Un portavoz añadió que estas listas no suponen “irregularidad alguna” y subrayó que “no se han localizado evidencias de que este mismo análisis hubiese sido encargado a Cenyt ni que Cenyt hubiese elaborado listados de llamadas como los generados por los servicios internos del banco, o cualesquiera otros”. El portavoz no precisó si se siguen produciendo esos barridos mensuales, pero dijo que es “potestad” del banco hacerlos.

En otra pieza de la macrocausa del caso Villarejo sí se han encontrado pruebas del espionaje ilegal del comisario a periodistas. En un informe policial remitido a la Audiencia Nacional se detalla el contenido de varios archivos localizados en los equipos informáticos del socio de Villarejo, Rafael Redondo. En ellos se aprecia que consiguieron de manera ilegal el tráfico de llamadas de tres periodistas, entre ellos Íñigo de Barrón, corresponsal financiero de EL PAÍS, en julio de 2016.

En esa fecha, Barrón estaba publicando informaciones sobre una profunda remodelación de la cúpula del BBVA. Con la marcha de Vicente Rodero, director general de América Latina, se ampliaban los poderes de Carlos Torres. Ese mes, julio de 2016, está incluido en un archivo de vigilancia de llamadas de trabajadores del banco con el periodista Jorge Zuloaga, que entonces trabajaba en Expansión. Incluye casi dos años enteros de llamadas entre este informador y trabajadores del equipo de Comunicación, que aparecen continuamente en los listados por ser los encargados de tratar con la prensa.

Desconfianza dentro del equipo

La existencia de uno o varios topos preocupaba en el BBVA, según los correos encontrados en el informe forense, que muestran que se llega a dudar de personas dentro del equipo de Comunicación y que se comenta con el director de Comunicación la cita de uno de esos trabajadores con varios periodistas para ir a comer un cocido en 2016. El asunto del correo es «Comunicaciones del mes de noviembre» y en él queda claro que estos barridos se hacían todos los meses con una lista de correos de periodistas.

“Hemos encontrado un par de correos que nos han llamado la atención”. El encargado de analizar las comunicaciones con informadores envió en diciembre de 2017 al director de Comunicación, Paul Tobin, emails entre una trabajadora del gabinete de prensa y el periodista Jorge Zuloaga. Tobin le responde que tiene mucha confianza en la empleada pero le pide comprobar si se ha enviado algo desde el correo corporativo al personal, una cuenta de yahoo. “Para ver si ha habido casos previos”, añade.

Los correos muestran también que el banco tenía interés en saber quién podía estar escribiendo un libro crítico con la entidad en 2013. 

Al hilo de una información sobre la expansión en Cataluña del banco, de 2014, que extraña al dircom Moliner, un empleado del banco le dice: “Por nuestra parte la única hipótesis que puede haber de que no haya un topo dentro es que se haya filtrado a través de los que concursaron para hacer la encuesta”.




Fuente: El Pais

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