No hay peor enemigo que el que no se rinde nunca. Equipos como el Barça Lassa que está reconstruyendo Svetislav Pesic a su imagen y semejanza. Conquistada de nuevo la Copa del Rey por los azulgranas, esta vez en el WiZink Center, territorio enemigo más que nunca. Fue una final épica, en la que el Real Madrid saboreó hasta dos veces el triunfo pero se topó con un gato catalán y sus siete vidas, que le arañó las manos y le arrebató el trofeo de una manera épica.

Si la hegemonía copera de Barça y Madrid –se han repartido los diez últimos títulos– debe servir para que los aficionados al baloncesto presencien espectáculos como el de este domingo, bienvenida sea. No fue un partido, sino una odisea de esas que apreta las agendas de los cardiólogos. Una canasta de Llull sin tiempo forzaba una prórroga en la que se impuso de nuevo la polémica, como sucedió el año pasado en Gran Canaria.






Sergio Llull marcó la canasta que forzaba una prórroga en la que se impuso la polémica

La batalla fue descomunal y ni siquiera con el partido ganado, con el Madrid uno abajo y un segundo por jugar, pudo respirar el Barça. El tiro de Llull desde veinte metros saludó al aro y salió a tomar una cerveza. La euforia explotó en el banquillo azulgrana, de nuevo campeón, y también permitió el respiro de un alto responsable barcelonista, que siguió casi todo el partido de pie, con las manos en los bolsillos, en un vomitorio. Al más puro estilo Gaspart.

El idilio del Barça de Pesic con la Copa empieza a llamar a la puerta de Netflix. Merece como mínimo un documental. Hace un año la ganaba contra viento y marea ante un Madrid que era muy superior. Este año lo ha hecho ya con las fuerzas igualadas ante su máximo rival, pero superando situaciones ante las que cualquier otro vestuario hubiera hincado la rodilla. Este equipo parece no morir nunca y, cuando lo hace, resucita cuando menos te lo esperas.

El entrenador del Barcelona Lassa, Svetislav Pesic y el jugador Ante Tomic besan la Copa
(Mariscal / EFE)

Al más puro estilo Memento, el relato de la final debe comenzar por el final. Primero, por el nuevo milagro de Llull, capaz de igualar a 77 con un tiro que sobrevoló el parquet ya con las luces encendidas y el cronómetro a cero. Después con una prórroga que merece varios capítulos aparte. Con ambos equipos en bonus, los tiros libres fueron alimentando el marcador hasta que llego Tomic para romper el aro y encarar un parcial de 0-7 que parecía sentenciar, esta vez sí, el titulo (87-92 a falta de 20 segundos).





Llegó entonces un nuevo giro radical en el WiZink, de esos que ni el cine sería capaz de capturar porque la capacidad que tienen los árbitros para meterse en líos, sea el deporte que sea, es sideral.

Randolph anotó un triple y Singleton corrió al contragolpe. Cuando el pívot azulgrana se disponía a anotar la canasta definitiva, apareció de nuevo Randolph como un huracán para golpear a Singleton en la cabeza y mandarle al suelo en una entrada que bien podría haber firmado Hulk Hogan.


Randolph fue el protagonista de las acciones polémicas del final con una falta clarísima a Singleton y un tapón a un tiro de Tomic que los arbitros dieron por ilegal

No se escucharon silbatos en el WiZink y el Madrid aprovechó la circunstancia para correr y Carroll para anotar una canasta y un tiro libre adicional. De repente, la final había dado un vuelco tremendo. Faltaban 4.3 segundos y el marcador señalaba un 93-92 favorable a los blancos.

La última anotación de la final la decidió el instant replay después del tapón de Randolph a Tomic, que los árbitros consideraron irregular. El segundo milagro de Llull no se materializó y el Barça pudo celebrar una Copa que a buen seguro le dejará vacío física y mentalmente. Pero este Barça nunca muere. Como James Bond.






Ficha técnica

93 – Real Madrid (16+19+25+17+16): Causeur (14), Randolph (16), Campazzo (19), Ayón (12) y Deck (2) -equipo inicial-, Rudy (5), Llull (13), Reyes (2), Carroll (5), Tavares (2) y Taylor (3).

94 – Barcelona Lassa (20+15+11+31+17): Pangos (10), Ribas (2), Singleton (4), Claver (15) y Tomic (14) -equipo inicial-, Seraphin (6), Hanga (2), Heurtel (22), Oriola (7) y Kuric (12).

Árbitros: Juan C. García, Miguel A. Pérez y Bejamín Jiménez. Adam Hanga fue eliminado por cinco personales (m.41).

Incidencias: Final de la Copa del Rey disputada en el Palacio de Deportes (WiZink Center) de Madrid ante 13.468 espectadores. Algunos de los actores de la película “Campeones” entregaron las réplicas del trofeo a los jugadores del Barcelona.








Fuente: LA Vanguardia

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