Tomás Montero Labrandero fue fusilado en las tapias del cementerio de La Almudena en junio de 1939. Las huestes sublevadas lo detuvieron un mes antes por participar en un Comité del Pueblo en defensa de la Segunda República. Hace décadas que su nieto trata de reparar su nombre, uno de los 2.936 republicanos fusilados por el franquismo en la capital entre 1939 y 1944. El Gobierno de Manuela Carmena decidió que el memorial levantado en el camposanto debía incluir sus identidades, pero la llegada al poder de PP y Ciudadanos, apoyados por Vox, cambió los planes. El Ayuntamiento retiró las láminas a finales de noviembre y desde entonces se amontonan en dependencias municipales.

La decisión indignó a los familiares. El colectivo Memoria y Libertad, que preside el nieto de Montero, envío el 4 de diciembre una misiva al alcalde, José Luis Martínez Almeida, para plantearle la posibilidad de que les entregaran las placas. “Incluso partidas o rotas tienen un elevado valor sentimental para nosotros”, admitían. La organización memorialista recibió el lunes, mes y medio más tarde, una respuesta negativa firmada por Borja Fanjul, segundo teniente de alcalde y presidente del pleno. “No resulta posible atender su solicitud, toda vez que dichas placas son propiedad del Ayuntamiento, abonadas por este en virtud de un contrato administrativo de obras y no se pueden entregar a un particular”.

No han sido los únicos que han mostrado interés en hacerse con las placas. Un día después de que Madrid las retirara, el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid se prestó a albergar el memorial. El ofrecimiento se produjo a través de una carta que el alcalde, Pedro del Cura (IU-Más Madrid), envió a su homólogo en la capital el 26 de noviembre. Sin embargo, aún no ha recibido respuesta. Rivas, un municipio al sureste de la región con 86.000 habitantes, se comprometía a construir una estructura para instalar temporalmente las láminas con los nombres, hasta que estas pudieran regresar al enclave para el que fueron realizadas originalmente. “Sabemos que el lugar de esas placas es el cementerio de La Almudena. Allí deben volver”, insistía Del Cura.

Dimisión del alcalde

La gestión de las políticas memorialistas ha llevado a la Plataforma en Defensa del Cementerio de La Almudena, que integra a 14 organizaciones, a exigir la dimisión “irrevocable” del alcalde de Madrid. En el texto registrado este jueves, la plataforma considera que Martínez Almeida ha demostrado “su desprecio absoluto a las víctimas del genocidio y dictadura franquista”, así como “su ignorancia a las leyes y principios universales de verdad, justicia y reparación”.

El escrito consta de una sola página. En ella critica la retirada de las placas con los nombres de los 2.936 republicanos fusilados por el franquismo en la capital una vez acabada la Guerra Civil. Las láminas comenzaron a instalarse durante el mandato de Carmena, apenas unos días antes de las elecciones municipales de mayo. La llegada al poder de PP y Ciudadanos paralizó las obras cuando estaban al 80% de su ejecución. El nuevo Gobierno consideró que el monumento no cumplía las premisas del extinto Comisionado de Memoria Histórica, que recomendó “honrar a todas las víctimas del periodo bélico para evitar nuevos agravios”. No obstante, este aconsejó levantar dos monolitos diferenciados, algo que rechazó el Consistorio para evitar más gastos.

La plataforma esgrime que la retirada de las placas supone “una humillación más a las víctimas del franquismo en Madrid”. Julián Rebollo, portavoz de la plataforma, sostiene que, con esa decisión, Martínez Almeida perpetró “un acto verdaderamente franquista, impropio de un demócrata”. En su opinión, el alcalde no solo desprecia a los fusilados, también intenta borrar cualquier referencia a la dictadura franquista.

El memorial resultante, tres estructuras de hormigón levantadas sobre un antiguo parterre de La Almudena al que se accede por el flanco izquierdo de la puerta de O´Donnell, no hará ninguna alusión a los fusilamientos, a la dictadura franquista ni a la Guerra Civil. En uno de los bloques se podrá leer: “El pueblo de Madrid a todos los madrileños que entre 1936 y 1944 sufrieron la violencia por razones políticas, ideológicas o por sus creencias religiosas. Paz, piedad y perdón”. Fuentes municipales aseguran que la elección de este texto servirá para “rendir homenaje a todos los españoles sin distinción”. Sin embargo, las asociaciones memorialistas se quejan de que esas palabras ponen al mismo nivel a las víctimas de una guerra y a quienes sufrieron “la revancha fascista en tiempos de paz”.

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Fuente: El Pais

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