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El automóvil contiene el aliento


La economía se desacelera y la industria del automóvil tiembla ante los signos de descenso del
consumo que pueden comprometer su capacidad de inversión para afrontar el cambio tecnológico que demandan gobiernos y ayuntamientos, y también los consumidores en favor del vehículo eléctrico y el abandono del diésel y la gasolina.

Las decisiones políticas están respaldadas por una opinión pública cada vez más comprometida con el medio ambiente, pero tienen un gran impacto en la industria, que se ve obligada a acometer inversiones multimillonarias en unas tecnologías cuya competitividad aún no está suficientemente probada.


“Los reguladores se están anticipando a la tecnología”, alertan los industriales






“Estamos ante una nueva tormenta perfecta”, dice Begoña Cristeto, socia de KPMG en España y ex secretaria general de Industria. Según explica, para afrontar el reto tecnológico, los fabricantes necesitan ganar más dinero con su negocio tradicional, que es el que debe aportar los fondos requeridos para la transformación. Y eso se complica cuando los mercados van a la baja, como está ocurriendo ahora en Europa con descensos destacados en Alemania y en España. Por primera vez en sus más de cien años de historia los fabricantes ya no marcan el ritmo del cambio tecnológico, porque este les viene impuesto desde el ámbito político, de los gobiernos y de las administraciones locales. En España, por ejemplo, se han puesto en marcha hasta 30 iniciativas distintas para limitar las emisiones en las ciudades, como ha denunciado la patronal sectorial Anfac, cuyo presidente, José Vicente de los Mozos, reclama coordinación a las administraciones.

“A diferencia de lo que ocurría en el pasado, los fabricantes están obligados a incorporar nuevas capacidades fuera de sus competencias tradicionales”, destaca Cristeto. “Posiblemente en el coche del futuro el valor del software será mayor que el del propio vehículo”. Está claro que nadie puede hacerlo todo y por eso proliferan las alianzas con todo tipo de protagonistas. Volkswagen y Ford acaban de anunciar un acuerdo, que empieza con la producción conjunta de vehículos comerciales, con la intención de extenderlo a los eléctricos, la conducción autónoma y los servicios de movilidad. Toyota y Panasonic se han unido en el negocio de las baterías, y en Estados Unidos General Motors sondea incluso a las start-ups de Silicon Valley.






Las empresas destinarán más de 200.000 millones a electromovilidad

La consultora AlixPartner calcula que en pocos años van a ser necesarias inversiones superiores a los 200.000 millones para lanzar unos 200 vehículos eléctricos en el mundo. Y ya se han destinado más de 60.000 millones en tecnologías relacionadas con el coche autónomo. Son inversiones que no tienen asegurado un retorno inmediato, como ocurre con cualquier disrupción tecnológica. “Se tirarán decenas de miles de millones antes de que los nuevos productos sean capaces de competir en costes en los mercados”, avisa la consultora.

España ha exportado casi el 82% de su producción de vehículos en el 2018
(Clara Penín)

El tsunami transformador afecta a toda la cadena, desde los fabricantes de primer nivel hasta los concesionarios, la mitad de los cuales puede desaparecer en el 2025, según el Informe Global de Automoción publicado por KPMG tras entrevistar a 1.000 directivos. En el campo de los proveedores, Ficosa es uno de los paradigmas del cambio: lo que era un fabricante de retrovisores se está convirtiendo en un proveedor de sistemas inteligentes de visión y de conectividad. Su consejero delegado, Xavier Pujol, admite no obstante que la empresa no podría haber afrontado ese cambio en solitario, sin el respaldo de un grupo como Panasonic, ahora su primer accionista. “La regulación se está anticipando en muchos casos a la tecnología. Las inversiones se pueden asumir cuando los mercados están en expansión, porque se financian con el negocio tradicional, pero las dificultades aparecen cuando el mercado baja”, señala Pujol





España es el único país europeo que ha puesto fecha –2040– para prohibir por ley la circulación de coches de gasolina y de diésel. Así se prevé al menos en el proyecto de ley de Cambio Climático, que sin embargo puede sufrir modificaciones ante la alerta que ha lanzado el sector. “Hoy, España es una plataforma de fabricación de coches diésel, un carburante que representa el 60% de nuestra producción”, avisa Begoña Cristeto. “España es el segundo fabricante europeo y no puede arriesgar este puesto. En los últimos años, los fabricantes han realizado grandes esfuerzos de inversión para adaptar las líneas de montaje a los nuevos modelos asignados, hasta 8.000 millones de euros en cinco años.”, puntualiza Noemi Navas, portavoz de Anfac. “En menos de dos años, España pasará de fabricar cinco vehículos alternativos a 13, de las distintas tecnologías disponibles. Vamos por el buen camino, pero se necesitan políticas industriales y de mercado que estimulen la demanda y que apoyen las inversiones productivas de cara a incrementar la competitividad de las plantas españolas en este nuevo entorno”, añade.

Anfac demanda ayudas que faciliten una transición ordenada y relaciona los últimos descensos de ventas (un 8% en enero) a los anuncios sobre el fin del diésel. “La caída en la demanda de vehículos diésel ha sido generalizada en Europa, pero en España, se ha acelerado en los últimos meses. Esto se debe principalmente a la incertidumbre que han generado entre los consumidores las diferentes políticas de movilidad urbana que se han ido aprobando en los distintos ayuntamientos, así como las manifestaciones en contra de esta tecnología de distintas administraciones, que hablan de prohibir su uso. Todo esto ha supuesto que la gasolina superara al diésel en las matriculaciones del 2018 por primera vez en 20 años”, señala Navas.





Para Begoña Cristeto, se necesita un “pacto de Estado, que perdure más allá de las legislaturas para salvaguardar un sector que en su conjunto supone el 10% del PIB español y aproximadamente 300.000 empleos”.








Fuente: LA Vanguardia

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