Salud

El aumento de las dosis de nicotina medicinal ayuda a dejar de fumar


Suena hasta raro, pero para poder hacer frente a uno de los propósitos más habituales a principios de año, dejar de fumar, hace falta incrementar los niveles de nicotina que hasta ahora se emplean en los productos para abandonar el nocivo hábito. Un estudio elaborado por científicos de la Universidad Queen Mary de Londres presentaba esta semana los resultados de una nueva teoría clínica para desengancharse. En este ensayo se adapta la dosis de nicotina a demanda por parte de los fumadores al intentar dejarlo y los resultados obtenidos sugieren que la mayoría de los individuos que usan medicamentos para este fin pueden tolerar fácilmente dosis que son hasta cuatro veces más altas que las recomendadas normalmente.

La responsable del trabajo, Dunja Przulj, de la Universidad Queen Mary de Londres, lo explica así: «Los fumadores determinan su consumo de nicotina mientras fuman, pero cuando intentan dejarlo, los niveles de esta sustancia se determinan por la dosis recomendada en el tratamiento. Estas cantidades pueden ser demasiado bajas para algunas personas, lo que aumenta la probabilidad de que vuelvan a fumar». De aquí que se den las famosas recaídas, por esa necesidad de nicotina que el organismo echa de menos. En este punto, Przulj responde así a la baja eficacia en un porcentaje significativo de pacientes de los medicamentos de deshabituación. «Los productos de nicotina medicinales pueden contener dosis bajas y eso podría explicar por qué hemos visto un éxito limitado en los tratamientos, como parches y chicles, que ayudan a los fumadores a dejar de fumar. Ahora se necesita un cambio en su aplicación», apunta la científica de la Universidad Queen Mary. Carlos A. Jiménez-Ruiz, presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) explica que «este tipo de trabajos se realizan desde hace tiempo y vienen a demostrar que el tratamiento deber ser individual para cada paciente».

¿Cómo se realiza?

Cuando el tratamiento de reemplazo de nicotina se evaluó por primera vez en la década de 1970, se usaron dosis bajas debido a las preocupaciones sobre la toxicidad y la adicción. Luego apareció la evidencia de que la nicotina por sí sola, fuera de los productos de tabaco, tiene un potencial adictivo limitado y que las dosis más altas son seguras y bien toleradas. A pesar de esto, los medicamentos para dejar de fumar han mantenido niveles más bajos de nicotina en sus productos. El nuevo estudio, publicado en la revista «Addiction», examinó a 50 fumadores en una clínica contra la dependencia del tabaco en Argentina y es el primero en el mundo en probar un enfoque combinado de nicotina «precargada» hasta la fecha para dejar de fumar y ajustar, asimismo, los niveles de esta sustancia basado en la retroalimentación del paciente.

«Nuestros hallazgos deben proporcionar tranquilidad a los fumadores de que resulta seguro usar cualquier dosis de nicotina que les parezca útil», concluyó Przulj. Los participantes comenzaron con un parche diario de nicotina de 21 mg durante cuatro semanas, antes de la fecha escogida para el abandono del cigarrillo. La dosis se aumentó semanalmente con otro de 21 mg, a menos que los participantes informaran de efectos adversos o no desearan elevar la dosis. Así hasta un máximo de cuatroparches, con un total de 84 mg/día. Después, la cantidad se redujo en 21 mg/día cada siete días desde una semana después de su fecha fijada para dejarlo, hasta volver a la dosis estándar (21 mg/día) un mes después.

Con este patrón, los resultados fueron los siguientes: de los 50 participantes, nueve de cada diez necesitó al menos tres parches, mientras que el 72% necesitó los cuatro. Además, el 82% de los pacientes logró una abstinencia validada durante cuatro semanas y no experimentó un aumento significativo en los síntomas de abstinencia, incluidos los deseos de fumar. Por otro lado, el número de efectos adversos aumentó a medida que se incremento la cantidad de nicotina; los más comunes fueron las náuseas, seguidas de vómitos, pero fueron principalmente leves y bien tolerados. Así, con respecto a los episodios secundarios, el profesor Peter Hajek, de la Universidad Queen Mary de Londres, subrayó que «los fumadores son perfectamente capaces de determinar qué dosis de nicotina encuentran útiles. No existe riesgo de una sobredosis peligrosa, porque la nicotina incluye una válvula de seguridad efectiva en forma de náuseas». Al final, sólo el 6% de los participantes abandonó el tratamiento y ninguno lo hizo debido a los efectos secundarios del parche.

De todas formas, los investigadores muestran cautela, ya que este estudio está limitado porque no incluyó un control con placebo, por lo que los datos de abstinencia son sólo indicativos. La reducción reportada en el disfrute de fumar también puede haber sido influenciada por las expectativas. Además, con un tamaño de muestra de 50 personas, no se pueden excluir las reacciones adversas raras.

Ni vapeo ni calentado

Pese a estas investigaciones previas, nuevos estudios avalan la teoría de los médicos de que los cigarrillos electrónicos y otros dispositivos de nicotina tienen más perjuicios que bondades a la hora de abandonar el tabaco. Por supuesto, las dosis que aportan en ningún momento se pueden disfrazar de uso terapéutico, subrayan los expertos. El presidente de Separ también subraya que «estos productos deben ser considerados igual que los manufacturados. Los ‘‘e-cigar’’ tienen su reflejo en la legislación antitabaco, pero queda pendiente que hagan lo mismo con el tabaco calentado, que como son posteriores, aún no».

Uno de los estudios más reciente presentado y realizado por el Centro oncológico Norris Cotton de Dartmouth (EE UU), en colaboración con el Centro Moores de Cáncer de la Universidad de California de San Diego (UCSD), la facultad de Enfermería de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) y la facultad de Medicina de Pittsburg, ha puesto en la balanza datos científicos que cuantifican los efectos de este tipo de «expendedores» de nicotina. «Los ‘‘e-cigar’’ sólo sirven para dejar de fumar en un número limitado de personas. Por el contrario, son más los que emplean este dispositivo para iniciarse en el hábito que para abandonarlo, como se observa en los adultos jóvenes y los adolescentes», cuenta Samir Soneji, autor del estudio y profesor asociado en Dartmouth, en la revista científica «PlosOne», donde ha visto la luz el trabajo.

En este sentido, «los cigarrillos electrónicos causan más daños que beneficios en la salud pública, porque son más los casos de iniciación al hábito que de deshabituación. Sobre todo en jóvenes», subraya Soneji, que a su vez pone el acento en los «disfraces» de sabores que hacen más atractivo este acto y que esconden toxinas y carcinógenos, sin que haya una reducción de estos elementos regulada legislativamente. En EE UU, el consumo de cigarrillos electrónicos entre los adolescentes ha aumentado un 78 % en 2018, como alertó hace una semana Scott Gottlieb, el comisionado de la Administración para Alimentación y Fármacos (FDA, en inglés), la agencia gubernamental encargada de supervisar la venta de tabaco. Aquí, hay que destacar que la reciente «Declaración de Madrid» presentada en Bruselas por parte de varias asociaciones españolas, arropadas por la Red Europea de Prevención del Tabaquismo, exige poner toda la atención en los nuevos productos como los cigarrillos electrónicos o vaporizadores, un fenómeno al alza que quieren evitar que se «normalice».

De este modo, otra investigación, publicada en «Nicotine and Tobacco Research», siembra las dudas sobre si los usuarios que vapean y fuman son más propensos a dejar de el tabaco que los que sólo emplean cigarrillos tradicionales. Con una muestra significativa de 1.200 personas, no vieron que los fumadores «ligeros», denominando así a los que vapean y fuman de forma ocasional, fueran más propensos a dejar el hábito, y una de las razones era que el vapeo, parecía que contaba con menos restricciones sociales y estaba «mejor visto», pese a que clínicamente tiene un impacto nocivo en la salud.

Otro elemento en discordia en este terreno es el tabaco calentado o HTP, por sus siglas en inglés. A pesar de los esfuerzos de la industria tabacalera en su defensa, aún no hay un aval sólido científico que sea capaz de sostener en la misma frase que estos productos no sean nocivos. De hecho en EE UU, la FDA todavía no ha dado el visto bueno a la venta de IQOS. Stanton Glantz, director del centro para el Control, Investigación y Educación sobre Tabaco de la UCSF, argumenta que «la mayoría de los estudios que avalan su supuesta salubridad están hechos desde la propia industria tabacalera. Llevamos viviendo esta ‘‘charada’’ desde los años 60, en los que las grandes tabacaleras intentan convencer a los gobiernos de la conveniencia de que sus productos son seguros, limpios y menos dañinos que otros. Pero un trabajo tras otro, los científicos demostramos que esto es falso». Todo esto, lleva a los autores a desestimar la aprobación que pudiera hacer efectiva la FDA.




Fuente: La Razón

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