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El arte ofrece una alternativa al mundo de los ‘likes’ | Cultura


En el sofocante calor de Ibiza, Paris Hilton esquiando sobre una fantasmagórica superficie reflectante parece una aparición, un espejismo. En cambio, es una pieza de la serie Lakes en la que Cory Arcangel, artista neoyorquino conocido por su atípico uso de las nuevas tecnologías, combina imágenes actuales capturadas en las redes sociales, como el Instagram de Hilton, y las manipula con técnicas ya obsoletas, en este caso un efecto del plug-in Java, que causó sensación a mediado de los noventa.

La obra, que forma parte de la colección de Guy Laliberté, fundador de El Circo del Sol y del centro de arte Art Projects Ibiza, da comienzo al recorrido de Asymmetrical Response, la exposición de Cory Arcangel y Olia Lialina que está en isla y donde permanecerá hasta el 16 de diciembre, desde el prestigioso The Kitchen, de Nueva York. “Desde 2015 tenemos dos grandes naves donde presentamos selecciones de la colección de Laliberté y proyectos monográficos de algún artista especialmente representativo”, explica el director del centro, Javier Aparicio, que tras exponer pesos pesados del arte contemporáneo internacional como Takashi Murakami, Olafur Eliasson, Jenny Holzer y Fischli & Weiss, este verano apuesta por dos artistas de referencia en el ámbito del arte electrónico y digital.

La muestra, que cuenta con la colaboración de la londinense Lisson Gallery, tiene una estructura similar a un partido de tenis o un diálogo en la distancia entre dos artistas: un hombre estadounidense y una mujer rusa, que reflexionan sobre los cambios generados por el desarrollo compulsivo de las nuevas tecnologías. Desde una perspectiva irónica y desencantada, los dos artistas manipulan y subvierten los medios y dispositivos a través de los cuales las multinacionales del ocio inundan la Red de contenidos, impulsando con sus obras la búsqueda de una alternativa al homogéneo y tiránico mundo de los likes.

La primera nave, que tiene un planteamiento más formal, propone un ejercicio de arqueología contemporánea a lo largo de dos décadas de Internet, en la línea de las prácticas reunidas y analizadas por Lialina, pionera del net.art en su libro Digital Folklore. Obras sonoras, calendarios del adviento customizados con las obsesiones individuales, dibujos con láser, proyecciones, GIF y vídeos plasman un mundo en evolución donde los términos simétrico y asimétrico, usados históricamente en ámbito militar para describir posiciones estratégicas, se emplean para abordar nuestro presente tecnológico y para establecer analogías sobre las nuevas situaciones de poder. “Los artistas demuestran cómo Internet ha pasado de ser una plataforma idealizada de circulación de información a una herramienta de control masivo sobre todo con fines económicos. La libertad creativa de los primeros años de la web ha sido sustituida por la restricción arbitraria y la homologación generadas por las plantillas de las redes sociales”, indica Aparicio.

En la segunda nave se ha montado un entorno más discotequero, en cuanto a luz y sonido, una banda sonora firmada por el DJ francés David Guetta. Por un lado, una serie de flotadores de piscina manipulados por Arcangel se convierte en un retrato de los tipos sociales contemporáneos. Por el otro, el paso del tiempo se plasma en una colección de pantallazos recopilados por Lialina entre 1994 y 2000 y en 839 vinilos de música tecno del mismo periodo, comprados por Arcangel a un DJ retirado.

En línea con la tendencia comercial de Internet, el recorrido se cierra con un pop-up shop, donde se pueden adquirir las producciones de las marcas de los artistas, Arcangel Surfware y Webmaster Summer. “Además, los dos juntos han realizado especialmente para Ibiza la edición limitada de una toalla de playa y unas chanclas”, concluye Aparicio, que ya se está volcando en el próximo proyecto. Se trata de un jardín de esculturas abierto todo el año, que arranca con un círculo de 13 gigantescos monolitos de basalto del australiano Andrew Rogers, que Laliberté colocó delante de su mansión en Cala Llentía, en 2014.




Fuente: El país

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