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El adelanto autonómico al 28-A, arma de doble filo para la izquierda

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Adelantar las elecciones siempre entraña peligros. Y hacerlas coincidir con otros comicios puede acentuar los riesgos. ¿Acierta el presidente valenciano convocando las elecciones autonómicas el 28 de abril, el mismo día que las generales? Los sucesivos resultados electorales no brindan una respuesta clara. Al final todo podría depender de la profundidad del cambio que se produjo en Valencia en las autonómicas del 2015.

Entonces, la izquierda superó el 55% de los votos, mientras que la
derecha cayó al 41%. Ese resultado supuso un auténtico terremoto tras veinte años de aplastante hegemonía de la derecha, con una cuota de voto siempre por encima del 50%. Sin embargo, seis meses después, en las generales de diciembre del 2015, el
centroderecha se puso a apenas dos puntos del bloque de izquierda, que cayó al 49,4%. Y en la repetición electoral de las legislativas, en junio del 2016, PP y Ciudadanos superaron el 50% de los sufragios y sumaron cuatro puntos más que Podemos y el PSOE.





Derecha e izquierda en la Comunidad Valenciana
(Rosa M.ª Anechina)

Parece evidente, por tanto, que la fisonomía electoral de la Comunidad Valenciana sigue escorada a la derecha y sólo los graves escándalos que han afectado al PP habrían modificado coyunturalmente la correlación de fuerzas, pero a través de la abstención. Así, mientras que la participación en las últimas autonómicas no llegó al 70%, en las generales del 2015 rozó el 75% y en las del 2016 superó el 72%.

Es decir, no está claro que una mayor participación beneficie forzosamente a la izquierda. Las últimas elecciones que ganó el PSOE, en 1991, registraron una participación del 69%. Y las primeras que ganó la derecha, en 1995, batieron el récord de las regionales: el 76%. Claro que también la izquierda ha ganado autonómicas con una participación del 75%. Pero eso ocurrió en 1987. Ahora, las cifras no avalan la apuesta de Ximo Puig.

Por ejemplo, entre las autonómicas del 2015 y las generales del mismo año, PP y Cs movilizaron a casi 300.000 votantes más, mientras que el conjunto de la izquierda perdía 40.000. Y entre las autonómicas y las generales del 2011, la evolución fue similar. Habría que remontarse a las dos décadas anteriores para encontrar un tránsito entre autonómicas y generales en el que la participación beneficie claramente al PSOE, hasta el punto de duplicar sus ganancias de voto con respecto a las del PP: 1995-1996, 2003-2004 y 2007-2008. Todas ellas fueron elecciones de alta tensión, como se presume que podrían serlo las generales del 28-A.








Fuente: LA Vanguardia

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