Fue en el 2016, en el año de los Juegos de Río, cuando Álvaro de Arriba (24) había decidido darle una vuelta de tuerca a su carrera como ochocentista. Aparcó el módulo de informática que estudiaba en Salamanca. Se sentó a conversar con Juan Carlos Fuentes, el técnico que le había sacado adelante cuando era un crío.

Y se metió a fondo en esto.

Se profesionalizaba.

Detrás de él, el equipo fue haciéndose grande. Al agente se le sumaron un fisioterapeuta, un nutricionista… Los compañeros de entrenamiento se subían a la bicicleta y le tiraban en las series.






Como gregarios, ponían a su atleta a su rueda.

En septiembre llegó un fisiólogo. Josu Gómez, uno de los expertos que están detrás del proceso de tecnificación de la Española, le ha cambiado algunos hábitos a De Arriba. Ha organizado concentraciones en Sierra Nevada y Navacerrada. Le ha dejado, incluso, su tienda de hipoxia, un mecanismo que simula la altitud. En ella, De Arriba ha pasado un par de noches.

–Si funciona, me pagaré una de mi bolsillo –dijo De Arriba.

Luego, ya en enero, vino el psicólogo, un especialista que le ha reeducado tácticamente, perfeccionándole su estrategia de carrera, dándole a entender qué debe hacer en cada instante.

Alvaro de Arriba, entre el británico Jamie Webb, plata, y el irlandés Mark English, bronce en los 800 metros
(Valdrin Xhemaj / EFE)

El qué. Y el porqué.

–Aún me acuerdo de los Europeos de Berlín, el verano pasado. Fui séptimo. Y me vi en los túneles del estadio, rompiendo a llorar de la rabia. Porque aquel día tenía las piernas. Pero la cabeza no me daba –contaba ayer.

Ayer, precisamente, todo ese trabajo invisible tomó forma. Se tradujo en un título. Su primer oro continental. Ganó en 1m46s83.





–Y ahora voy a coger este maillot, y este dorsal, y estas zapatillas, y las voy a subastar. Y el dinero irá para la investigación de la esclerosis múltiple –añadió.

A su lado, le escuchaba Mariano García (21). Había sido cuarto, tras remontar posiciones en la última recta, en 1m47s58.


Jorge Ureña (héptatlón), Ana Peleteiro (triple salto) consiguieron el oro en un domingo histórico en Glasgow para el atletismo español

–Al final solo me he quedado a dos décimas del podio. Ya ves, un poquito más y… –lamentaba.

Ambos ochocentistas son como el día y la noche. De Arriba es un atleta monitorizado, un conejillo de Indias en cuyas rodillas y caderas la Federación Española, en alguna ocasión, le ha colocado sendos chips.

Los técnicos grabaron sus movimientos y midieron cada una de sus zancadas. El agarre de las zapatillas al tartán. El comportamiento de los tobillos al entrar en fatiga. Y el de los tres ejes del pie. Álvaro de Arriba se montó un centro de alto rendimiento particular en Salamanca.

Alvaro de Arriba (oro) y Mariano García (cuarto) tras la final del 800
Alvaro de Arriba (oro) y Mariano García (cuarto) tras la final del 800
(Valdrin Xhemaj / EFE)






Mariano García es todo lo contrario. Viene de la huerta murciana. Se entrena en una pista triangular de 300 m, de tierra, en Fuente Álamo. Simula arrancar la moto antes de la salida. Y no sabe nada de sus rivales.

–Sé que el de amarillo es sueco. Y que otro mide 1,87 m, joder qué alto –contaba en la víspera, tras su semifinal.

Esos polos opuestos se cruzaron ayer, en Glasgow.

Y tal y como son, y tal y como viven el atletismo, así es como se comportaron.

De Arriba fue analítico, un metrónomo que entendió todos los mecanismos de la carrera. Se empotró en el grupo, en una carrera que fue a golpes, y cruzó el intermedio en 53s35. García se perdió a la cola.


“Hace un mes no tenía ni la mínima y me voy como cuarto entre 32 corredores”


–Sí, me despisté un poquillo. Pero hace un mes no tenía ni la mínima, Y me voy como cuarto, cuarto entre 32 corredores. Para ser mi debut no está mal –dijo poco después, encogiéndose de hombros.

Por delante, De Arriba maniobró con destreza. Adelantó dos plazas en la tercera vuelta y se lanzó a por la cabeza a 300 m del final.





–Tenía claro que necesitaba llegar a ese punto delante, con la pista limpia –dijo.

Cuando cruzó los 600 m, en 1m20s, y con un metro de margen sobre el resto, se sorprendió a sí mismo.

–Pensaba que llegaría el dolor, pero entonces aceleré aún más y las piernas respondieron y mis rivales no. Les cogí un metro y medio y entonces sentí que podía ser el día.

Ya no pudieron atraparle.

Y De Arriba consiguió atrapar la historia.


Las seis medallas españolas en los Europeos Indoor de Glasgow

Oro: Ana Peleteiro (triple salto), Alvaro de Arriba (800 metros) y Jorge Ureña (héptatlon)

Plata: Óscar Husillos (400 metros) y Relevo masculino 4×400 metros

Bronce: Jesús Gómez (1.500 metros)








Fuente: LA Vanguardia

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