Los apicultores españoles están en pie de guerra. La situación es, según ellos, insostenible, también para el consumidor al que, aseguran, se le esté negando información. Por eso esta semana apostaron por montar una mesa informativa delante del Congreso para enseñar su producto a quien pasara y a la vez exigir a los legisladores que introduzcan en la nueva normativa en tramitación un etiquetado claro que especifique el país de origen de la cosecha y si el producto se ha pasteurizado o no. «La inexistencia de una ley clara, al igual que existe en otros productos agroalimentarios, posibilita fraudes hacia el usuario, quien en muchas ocasiones compra miel de baja calidad e incluso productos adulterados sin saberlo», explica Mario Fernández Navarro, portavoz de la Plataforma Etiquetado Ya. El apicultor estuvo delante de Las Cortes desde las 6:00 de la mañana tras viajar desde La Alpujarra por la noche para preparar lo que él denomina el «15M de la miel». Una jornada lluviosa en la que consiguieron que varios grupos parlamentarios les escucharan. «La miel es el tercer alimento más adulterado del mercado y, a pesar de los controles, en Europa el 20% de la miel entra ya mezclada con siropes incoloros, que reducen el valor nutricional de la miel», advierte Navarro, quien detalla que «la Asociación representa a unos 17.000 apicultores; la mitad de los que hay en España».

La normativa europea (la Directiva 2014/63/UE y el Real Decreto que la traspone) obliga a indicar el origen de este producto, pero permite fórmulas del tipo «mezcla de mieles de fuera y dentro de la UE que no son muy útiles para el consumidor. Los controles tienen obligación de trazabilidad y, por tanto, un envasador de miel debe poder demostrar documentalmente de dónde viene su producto. El tipo de polen que se encuentra en la miel permite acotar el origen de la misma, o al menos diferenciar si ésta es china o europea, aunque no permite afinar mucho para países o regiones, si comparten flora», explican desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Como no se define el porcentaje, una miel que se adquiere en el supermercado puede ser 90% de fuera de la UE sin decirlo. «Las alteraciones se están empezando a dar también en la UE. Ahora compramos miel a Portugal y Holanda principalmente. En España somos unos 5.000 apicultores profesionales y la producción de las 1.800.000 colmenas alcanzan unas 30.000 toneladas. Es llamativo que Portugal, con 55 apicultores profesionales registrados en 2017, nos venda 2.500.000 toneladas de miel desde hace dos años», asegura Navarro. Con lo que se produce en España (hasta dos terceras partes se exporta) se podría cubrir el 90% de la demanda interna, pero el precio que abonan fuera, por la que se llega a pagar –hasta 22 euros el kg en Francia y en Alemania–, les sale más a cuenta para cubrir gastos. «Los costes de producción suman el gasto en combustible, la trashumancia, los diferentes tipos de cosecha, los impuestos, los medicamentos; unos tres euros el kilo. En las que llegan adulteradas el coste se reduce a 1,5-2 euros. Eso no quiere decir que China no tenga miel de calidad ni que la que llega sea adulterada, pero sí que hay que luchar contra el fraude. Y en este sector el consumidor no tiene herramientas para evitarlo. Si la etiqueta no dice ‘‘España’’ es que viene de fuera, no que esté adulterada, aunque es más probable que sí lo esté», advierte Rafael Blanc, presidente de la Asociación de Veterinarios Especialistas en Producción y Sanidad Apícola.

Uno más de los problemas a los que se enfrenta el sector es que ve cada año bajar la producción por el cambio climático y las patologías de las abejas. «En Portugal hace cinco años eran 1.200 profesionales. Este año pasado sólo eran 700 y nos venden la mitad de miel que los chinos», afirma Navarro. Los bajos precios en los lineales del súper esconden para el sector que parte del contenido de las mieles de fuera son sólo siropes que rebajan la calidad nutricional del producto. «Ahora se tramita una nueva normativa. Lo que se pide es que se especifique el país de cosecha y no el de origen y no se permita poner mezcla de miel de fuera y dentro de la UE», reclaman desde OCU.

La miel es un alimento energético que aporta aproximadamente 300 Kcal por 100gr. «Está compuesta por un 80% de azúcares y un 17% de agua. También posee una pequeña cantidad de minerales como el potasio, calcio, magnesio, sodio, cromo, manganeso y vitaminas del grupo B y C. Se emplea como edulcorante, aunque contiene sustancias fitoquímicas como los ácidos fenólicos y los flavonoides que le confieren propiedades antisépticas, antiinflamatorias y antioxidantes; contiene oligosacáridos los cuales poseen un efecto probiótico al aumentar el número de lactobacilus y bífidobacterias del intestino, etc.», explica María Julia Ocón Bretón, del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, SEEN. Aporta energía, ayuda a la cicatrización, alivia el catarro… Sin embargo, «no hay que olvidar que la miel es un edulcorante natural, lo que significa que se compone sobre todo de hidratos de carbono simples, es decir, de glucosa y fructosa. Han de tener cuidado las personas con intolerancia a la fructosa o los diabéticos, porque como cualquier otro hidrato de carbono simple sube enseguida los niveles en sangre. Muchas personas que llevan una dieta equilibrada comen abundante fruta, verdura, legumbres y pescado y prefieren consumir miel como edulcorante natural. Pero cuidado porque todo depende. En nutrición no existe ningún alimento mágico; hay que tener precaución porque algunas veces se añade más cantidad de miel de lo recomendable con lo que sólo aumentamos la ingesta de hidratos de carbono, que no aportan valor nutricional», explica Luján Soler, decana del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad de Madrid.

Los jarabes de arroz, maíz o trigo que se añaden a las mezclas para abaratar los costes y hacer más manejable la miel, lo único que hacen es añadir glucosa, reduciendo la cantidad de sustancias beneficiosas. «Facilitan su procesado y envasado porque no se ponen duras. Además, hay mucho producto que se somete a calor, pasteurización, no porque haya microbios sino porque facilita el manipulado puesto que la mantiene líquida. Por encima de los 45ºC, del proceso se queman muchos nutrientes. Por eso pedimos que se etiquete según el país donde se cosecha y que se especifique el porcentaje de miel de cada lugar. Si supera el 51% que se prohiba poner miel de España. También tiene que especificarse si se pasteuriza y que en tal caso el producto se llame edulcorante. Y que se prohiba el microfiltrado», reclama Navarro. Con esta técnica se pierden los granos de polen, único elemento en el interior de la miel que permite identificar la procedencia del producto porque determina las flores de las que ha libado la abeja. La OCU está de acuerdo con que mejore la información que se le da al usuario para que sea éste quien decida lo que desea consumir: «Lo ideal es que se indiquen de forma específica los países de origen por orden decreciente en cantidad. Además, si el producto presume de llevar miel de una zona, debería indicarse el porcentaje, para evitar menciones del tipo “con miel de España” y que ésta sea un 1%». Tampoco hay que olvidar la sostenibilidad: «La miel de proximidad garantiza que son las abejas españolas las que está polinizand, lo que garantiza la conservación».




Fuente: La Razón

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