Uruguay se prepara para una noche electoral larga. Contra todo pronóstico, dos encuestas a pie de urna hablan de un empate técnico en las presidenciales y otras dos dan una ligera ventaja a la derecha a pesar de que los sondeos de las últimas semanas consideraban a Luis Lacalle Pou ganador de las elecciones presidenciales de Uruguay después de 15 años de Gobierno del izquierdista Frente Amplio.

El cambio en la tendencia podría explicarse por la tensión que se ha vivido en el país en las últimas horas: el sábado por la noche unos desconocidos apedrearon un camión de la Armada que trasladaba urnas, causando destrozos en el centro de Montevideo. Y, además, el jueves por la noche, el líder del partido Cabildo Abierto, el general retirado Manini Ríos, violó la veda electoral para pedir el voto de los soldados contra el Frente Amplio y, de paso, marcar terreno frente a sus socios de la coalición conservadora. El tono arrogante del mensaje grabado del militar trajo malos recuerdos a los militantes de izquierdas, que pidieron explicaciones, pero, a pocas horas de una victoria anunciada, ningún dirigente quiso desautorizar a Ríos.

Los sondeos publicados la semana antes de la votación le atribuían entre cinco y ocho puntos de ventaja a Lacalle Pou, con una cifra de indecisos que rondaba el 6%. Aunque los resultados son todavía incierto el Frente Amplio no ha logrado la progresión que necesitaba desde la primera vuelta electoral, celebrada el pasado 27 de octubre. Por bien que le vaya esta noche, la izquierda, que obtuvo tres mayorías parlamentarias consecutivas hasta estos comicios, ha perdido numerosos votantes desde las elecciones de 2014.

La creación de una coalición entorno al líder del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, parecía el factor determinante para el vuelco político en Uruguay. Con el 28% de los votos en la primera vuelta, el PN logró sumar al otro partido tradicional de Uruguay, el Partido Colorado, con el 12% de los votos, y a Cabildo Abierto, (10% de los sufragios), formación creada este año por el general retirado Manini Ríos, una versión uruguaya de Bolsonaro, que ha defendido a los torturadores de la dictadura uruguaya (1973-1984), es abiertamente homófobo y antifeminista. La coalición también ha tenido el apoyo de varios partidos pequeños del arco conservador.

Luis Lacalle Pou, de 46 años de edad, es un experimentado parlamentario (fue diputado a los 20 años) que ya fue candidato por el Partido Nacional en 2014, elección presidencial que perdió frente al actual presidente, Tabaré Vázquez. El domingo acudió a votar y afirmó que, en caso de victoria, no dará a conocer el nombre de sus eventuales ministros. Así, se mantendrá una de las principales incógnitas de estas elecciones: la articulación y los equilibrios de poder dentro de la coalición de derechas. Aunque existe un programa común de esos partidos, redactado justo después de la primera vuelta, subsisten interrogantes sobre el contenido de las medidas que podrán en marcha.

La ambición de Lacalle Pou y sus socios es revertir numerosas políticas del Frente Amplio en temas clave como la economía, la educación, la seguridad ciudadana o las políticas sociales. Sin embargo, la coalición ha señalado que no anulará la llamada “agenda de derechos” implementada por la izquierda, que incluye leyes como la despenalización del aborto, el matrimonio homosexual, la legalización de la marihuana y la protección de las personas trans.

Daniel Martínez, candidato del Frente Amplio, es un ingeniero socialista de 62 años que ha propuesto un programa continuista, con el foco en mejorar las políticas públicas del FA que han convertido a Uruguay en el país con menos pobreza y desigualdades de América Latina. Martínez tiene la dura tarea de organizar el relevo de las tres grandes figuras de la izquierda uruguaya que se van retirando por razones de edad: el expresidente José Mujica, el actual mandatario Tabaré Vázquez y el ministro de economía Danilo Astori.

El Frente Amplio sufre el desgaste de tres mandatos consecutivos en el poder, las cifras de inseguridad y algunos escándalos de corrupción que provocaron, entre otras consecuencias, la dimisión del exvicepresidente Raúl Sendic. La formación esperaba atraer a sectores del centro asustados por Cabildo Abierto o que desconfiaran de la propuesta programática de la coalición. Pero, como señala el politólogo Daniel Chasquetti, “los votantes no parecen ver como peligroso a este nuevo partido, no lo calibran como extrema derecha y no lo asocian con otros fenómenos similares en Latinoamérica o el resto del mundo”




Fuente: El Pais

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