Uno de cada tres electores no sabía, no contestaba o, en la gran mayoría de los casos, no tenía decidido antes de las generales del 28 de abril a qué candidato a la alcaldía de Barcelona confiará su voto dentro de dos semanas en las municipales del 26 de mayo.

El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizado entre el 21 de marzo y el 23 de abril pasados y hecho público ayer, horas antes de que comenzara oficialmente la campaña de los comicios locales, confirma lo que todo el mundo da por hecho desde hace meses: las diferencias son mínimas, el nombre del futuro alcalde o alcaldesa de la capital catalana está todavía por escribir y la opción que acabe eligiendo mayoritariamente ese gran contingente de indecisos será la que decante la balanza a un lado u otro.






Collboni, Valls y Artadi forman un segundo grupo marcado también por las escasas diferencias

Por las fechas en las que se llevó a cabo el trabajo de campo (800 entrevistas), el CIS no tiene en cuenta el posible efecto del muy reciente resultado de las generales sobre las elecciones locales. Al rebufo del 28 de abril se sitúa el PSC para confiar en una clara recuperación de la hegemonía metropolitana –cuestionada por los comunes hace cuatro años– y para engancharse en Barcelona al pelotón de cabeza, formado por las candidaturas de la alcaldesa Ada Colau y el aspirante republicano, Ernest Maragall. Tampoco aprecia el barómetro el impacto del éxito de ERC en la segunda corona barcelonesa, las ciudades medias e incluso los pueblos más pequeños, donde hizo tambalearse el poder absoluto que durante décadas ostentó la extinta Convergència. Asimismo, no despeja la incógnita del arrastre que la candidatura europea del expresident Carles Puigdemont pueda tener sobre las listas municipales de Junts per Catalunya. En definitiva, muchas incógnitas por despejar y la duda, especialmente en el caso de Barcelona, de si las cuestiones de la gestión y el modelo de ciudad acabarán imponiéndose a la hora de depositar la papeleta en la urna a otros factores con un componente más emocional y que trascienden el ámbito de la política local.

Datos del CIS
(Alan Jürgens)

La inestabilidad de la política catalana y la parálisis que aqueja al Parlament aportan a la batalla de Barcelona un valor añadido a la importancia que históricamente han tenido las elecciones en esta ciudad. ERC tiene ante sí la oportunidad de volver a colocar al frente del Ayuntamiento, ochenta años después, a un alcalde de esta formación , en el caso de Maragall procedente de la familia socialista como otros dos candidatos, el guardián de las siglas, Jaume Collboni, y Manuel Valls, cabeza de la lista auspiciada por Ciudadanos. A falta de comprobar cómo han evolucionado las encuestas tras las generales, el CIS define una liga con tres divisiones. En la primera juegan BComú y ERC. En la segunda, luchando por el ascenso, el PSC, la lista de Valls y el tándem Joaquim Forn–Elsa Artadi. Y en la tercera, tratando de evitar la desaparición, el PP y la CUP, ambos con opciones de revalidar su presencia en el Ayuntamiento.








Fuente: LA Vanguardia

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