Los duques de Sussex están justo donde querían: desaparecidos. A mediados de noviembre, Enrique de Inglaterra y su esposa, Meghan Markle, daban a conocer que pretendían tomarse un descanso de sus tareas palaciegas. Seis semanas de parón que se están cumpliendo: en el ecuador de dicho retiro, nadie sabe dónde está el matrimonio ni su hijo, Archie, de siete meses.

Han pasado tres semanas desde que se vio por última vez a los duques. Eso es mucho para la frecuencia de sus apariciones, que suele ser muy alta, ya sea en actos públicos o privados. Juntos acudieron por última vez a un concierto el 9 de noviembre. Al día siguiente, se vio a Markle en la jornada en honor a los caídos de la I Guerra Mundial. Enrique, vestido con camisa blanca, chaqueta de lana gris y pantalón oscuro, además de con unas botas marrones, acudía el 17 de noviembre al Royal Albert Hall londinense para una entrega de premios a un puñado de jóvenes. Fue la última aparición pública del nieto de Isabel II.

Los duques siguen publicando nuevas imágenes en su perfil de Instagram en las que recuerdan los actos a los que suelen acudir, las causas que suelen apoyar y sus fuertes vínculos con distintas organizaciones de caridad: la implicación de Enrique con los heridos en actos militares o la de Markle con mujeres en riesgo de exclusión social a través de cursos de cocina. También han felicitado el día de Acción de Gracias o se han mostrado concienciados con la jornada mundial de la lucha contra el sida, celebrada el pasado 1 de diciembre. En un plano más personal, han recordado su compromiso matrimonial, celebrado el 27 de noviembre de 2017.

Lo único que se ha sabido de la real pareja estos días es que la duquesa ha empezado a trabajar con Keleigh Thomas Morgan, quien fue su publicista en su época como actriz en Suits. Thomas Morgan está ayudando a los duques de Sussex en el lanzamiento de su nueva fundación, tras haberse desgajado de la que antes compartía con su hermano Guillermo. Su estreno está previsto para la primavera de 2020. Aunque la publicista está ayudando, según cuenta el Daily Mail, es la propia Markle la que quiere llevar las riendas de la fundación y controlar al detalle su lanzamiento.

Pero de este retiro impuesto por ellos mismos, ya lo avisaron desde palacio: en las fiestas navideñas los duques se marcharían del Reino Unido. Iban a pasar una temporada con Doria Ragland, la madre de la duquesa, que vive en California. «Su decisión es acorde con el precedente ya establecido por otros miembros de la familia real y cuenta con el apoyo de Su Majestad la reina», rezaba el comunicado oficial enviado por el palacio de Buckingham. Sin embargo, mes y medio después tampoco se les ha visto en Estados Unidos, ni en California ni en ningún otro lugar. Siendo la duquesa un personaje tan mediático, llama la atención que, de estar en su tierra natal, ningún fotógrafo la haya cazado, sola o acompañada, por la calle.

Aunque algunos tertulianos, como el siempre irreverente Piers Morgan, aseguraron que un comportamiento así era «un claro desaire a la reina», en realidad no es tan extraño que Enrique y Meghan quieran alejarse del foco mediático después de un año en el que se han situado centro del tornado que ha sacudido a la familia real. No se han librado de nada: la cara reforma de su casa, su obsesión con la privacidad, el blindaje del nacimiento y el bautizo de su hijo, sus caros y contaminantes viajes privados, la crisis con Guillermo (el segundo en la línea de sucesión al trono), las lágrimas de Markle en plena entrevista, sus recientes demandas contra los tabloides… Algo que ha llevado sobre todo a un cambio de registro a la hora de ponderar la imagen de Meghan Markle, que ha pasado de ser una figura aclamada por el público a situarse en el blanco de las críticas. 

Estas semanas la atención se ha desviado de ellos: la tiene por completo el príncipe Andrés por su cercanía al fallecido magnate Jeffrey Epstein, en un escándalo del que cada vez se sabe más y en el que entran más elementos como su familia, Harvey Weinstein o un escándalo financiero. Quizá es por eso que el público británico, siempre ansioso de su dosis de amarillismo, no les esté echando tanto de menos. 




Fuente: El Pais

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