De todas las historias que circulan de Netflix y el pulso que le está echando a todas las industrias en su kamikaze apuesta por el contenido cultural, mi favorita surge de una entrevista de Hollywood Reporter Ryan Murphy, pope de la televisión, después de su fichaje en exclusiva por Netflix por la astronómica cifra de 269 millones de euros. A la pregunta clave, ¿por qué?, explicaba Murphy una curiosa anécdota. 

«Queremos que veas qué significas para nosotros», le dijo Ted Sarandos, el mago entre bambalinas del milagro Netflix, a Murphy. A esa enigmática frase siguieron dos horas de reunión en la que un grupo de analistas abrumó a Murphy con un análisis de los 117 millones de personas (ahora ya, 167) expuestos a sus series a través de la plataforma. Tras el bombardeo, Murphy solo tenía una sensación en el cuerpo: «Me fui de la reunión con el sentimiento de haber contemplado el futuro».

El otro gran beneficiado, y antes incluso que Murphy, de ese futuro, fue Mark Millar. Escocés, uno más de esa generación inagotable de británicos que surgieron del Juez Dredd de 2000 A.D. y que luego conquistaron las grandes, Marvel y DC, Mark Millar (50 años) pronto demostró un hambre de autoría similar a la de genios como Alan Moore o Neil Gaiman y se desligó de los grandes personajes para crear su propio Marvel: el Millarworld. De ahí surgieron pelotazos cinematográficos como Kick-Ass, Wanted o la más reciente serie de filmes Kingsman.

Pero había mucho, mucho más. Y Netflix, allá por agosto de 2017, anunciaba el pelotazo. Nunca se ha hecho pública la cantidad, pero Millar había vendido literalmente su mundo, todo su universo creativo, a la compañía de Reed Hastings. A partir de entonces, silencio… Un par de salvas —el 8 de diciembre de 2018 Millar anuncia que las primeras series en llegar a Netflix serán Jupiter Legacy y American Jesus y el 11 de marzo de 2019 que Supercrooks se adaptará en formato anime— y poco más. El mismo silencio que envuelve, de momento, lo que están planeando Shonda Rhimes —hubo un primer escarceo de las 8 series que prepara y de momento solo un anuncio con fecha, Bridgertown—, el propio Ryan Murphy —de momento, solo su Hollywood para mayo, que suena fascinante— o los creadores de Juego de Tronos, David Benioff y David Weiss.

¿A qué juega Netflix, entonces, a fichar y luego olvidarse? ¿Y dónde está su prometido Marvel, el primero de toda esta orgía desbocada de fichajes en exclusiva?

El caso es que el fan de tebeos juega con ventaja. Especialmente, si sigue las novedades allende los mares. En estas mismas páginas, ya reseñé el primer tebeo del Millarworld bajo la batuta de Netflix: The Magic Order. Resumiendo: me fascinó. Desde entonces he seguido muy atento todos los lanzamientos de nuevos tebeos dentro de esta nueva fase del Millarworld. Y, ¿saben qué? Me han fascinado. Tanto por el contenido como por el continente. 

Les hablo primero de lo segundo. ¿Cómo presenta el Millaworld sus tebeos en la fase Netflix? Pues, de momento, en todos los casos, en el formato favorito de la compañía: miniseries. Exactamente —salvo en el caso de la secuela de American Jesus y el especial de Chrononauts— miniseries de seis números de 26 páginas que exigen poco compromiso del lector pero que están llenas de posibilidades. Podrían ser seis o podrían ser 600 episodios; usted elige. En todos ellos, además, se presentaba la página bajo este párrafo, dejando clarísimo al lector de tebeo que Netflix piensa en el Millarworld como en su Marvel. Todos los cómics en el punto de mira de la compañía para futuras series y películas.


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Doble páginas incluida en los tebeos de Mark Millar después de la adquisición de su universo por Netflix.

Pero es en el contenido donde alguien como yo, y supongo que muchos, encontramos lo verdaderamente emocionante. La verdad es que es el contenido lo que separa al Marvel de Netflix de lo que puede ofrecer el Marvel de Disney. Dentro del Marvel de Disney, uno sabe que hay límites, transgresiones temáticas, que jamás se traspasarán. En el Marvel de Netflix no queda pecado o trasgresión por explorar. Tiene todo el sentido, porque Millar siempre ha tenido como mayor virtud (también, como suele suceder, a su vez su talón de Aquiles) una capacidad infinita para provocar.

Para que se hagan una idea, en esta primera hornada de cómics tenemos un Nuevo Testamento cuya Jesús es negra, adolescente y fugada de una secta religiosa creada para protegerla; combatirá al Anticristo cuando la serie llegue a Netflix. Tenemos también unas Thelma & Louise de un futuro completamente Andy Warhol, donde cigalas de tamaño planetario se conciben como centros de ocio, que ejecutan un sanguinario #Metoo sobre los machos que les arruinaron la vida. Tenemos uno de esos machos, un cazarrecompensas que viaja por el espacio en un carrito de los helados (sic), al cargo de un crío verdoso tan entusiasta como pesado. Tenemos a un cóctel entre James Bond y Lex Luthor, un afroamericano que encabeza la serie Prodigy y que es el hombre «más listo del mundo», viviendo aventuras contra un grupo de satanistas blancos que cazan niños por deporte. Y tenemos esa saga, entre El Padrino y Harry Potter, de famiglias de magos combatiendo en Chicago.

En fin, que sobran cócteles molotov en ese Marvel de Netflix. Porque esta compañía, que ha provocado terremotos en Hollywood como no se recuerden, parece tener claro que el espacio a ocupar si uno quiere enfrentarse a Marvel es llegar adónde ella jamás se permitirá llegar. ¿Éxito o fracaso? Pues, está por ver. Pero, para el fan del buen tebeo, y del imaginario, las streaming wars son, y seguirán siendo si el coronavirus nos lo permite, el Santo Grial del entretenimiento. Y, no lo duden, aunque Netflix calle, en silencio maquina.




Fuente: El país

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