El Turiasaurus pesaba 40 toneladas, medía más de 35 metros y es uno de los dinosaurios más grandes que pisaron Europa. Millones de años después de su extinción, una familia de Barcelona pasea alrededor de sus restos. El fémur es más alto que el padre. “Esto es todo mentira, se lo inventaron los de Jurassic Park”, bromea con sus hijas. “Pues claro que existieron”, responde la niña más pequeña. Y añade: “Lo que no existen son los Pokémon, ¿a que no?”. Como no hay huesos de Pikachu en la vida real, esta niña, al igual que yo, ha venido Dinópolis, en Teruel, a ver los únicos animales reales que fascinan a los niños tanto como los Pokémon: los dinosaurios.

Hace 150 millones de años no hacía falta imaginar vida extraterrestre para encontrar seres verdes y hostiles. En la Tierra teníamos los nuestros propios, los dinosaurios. Y a muchos de ellos, antes incluso de que existieran reclamos como el jamón o el arte mudéjar, ya les gustaba la zona donde ahora se encuentra Teruel: algunos de los hallazgos arqueológicos más importantes de Europa, como los del Turiasaurus, han tenido lugar en esta provincia.

Para divulgar su existencia y costear más excavaciones, el Gobierno de Aragón creó en 1998 la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, responsable de las excavaciones en la provincia y de su promoción a través del parque temático Dinópolis, abierto en 2001. Justo antes de mi visita leo en su página web que hay un concurso especial y regalarán un viaje a Universal Studios (en Orlando, Estados Unidos) al visitante número tres millones. Sueño con poder ampliar España Park con un especial al otro lado del charco, pero la taquillera me saca de mi ensueño:

–Uy, tenemos que actualizar eso. El premio lo dimos en abril.

Debo ser el aburrido visitante número tres millones y pico. 

En la entrada (28€ adultos) esperaba que me recibiera la banda sonora de Jurassic Park –qué menos–, pero el hilo musical me ha pillado por sorpresa: suenan canciones de Willow y El señor de los anillos. Aunque pueda sonar raro, ambas encajan a la perfección. Desde la misma entrada, Dinópolis hace sentir muy pequeño, como un hobbit. El edificio de la entrada es una mole rectangular gigantesca. A su lado, por una valla, asoma el cuello de una réplica del inmenso Turiasaurus. Y sí, el edificio por dentro sí recuerda a Jurassic Park:

De todos los parques temáticos que he visitado en España Park, Dinópolis es el más enfocado a la divulgación. Sin detenerse en nada, el parque podría recorrerse en menos de 45 minutos, pero leer todos sus paneles informativos y vitrinas, así como ver todos sus vídeos llevaría, seguro, más de una jornada. Por eso tengo que elegir. Las reseñas de Google son en su inmensa mayoría positivas, pero hay una del espectáculo Cara a cara que me llama la atención: “Fui a Dinópolis porque a mis hijos les encantaban los dinosaurios. Ahora les aterran”. Empiezo por ese.

Cara a cara es un show que mezcla teatro con imagen y sonido en el que, mediante sensores de movimiento, un actor hace que un Torvosaurio –un gran depredador del jurásico– cobre vida e interactúe con el resto de actores y niños. Mientras el teatro se llena, observo algo de lo que ya me había percatado en un primer paseo: soy el único adulto que no va con niños. Y efectivamente, algunas bromas del Torvosaurio acerca de que se va a comer a los chavales no son bien recibidas por los críos. «Papá, está de broma, ¿no? ¿no?», pregunta compulsivamente una pequeña –no tendrá más de seis años– a mi lado con risa nerviosa. Ella sigue inquieta casi toda la función. Su hermano, algo más mayor, se carcajea con las bromas del dinosaurio.

Hasta bien entrada la tarde, la dinámica de visitantes se mantiene: sigo siendo el único adulto sin niños. Mientras los pequeños –y sus padres– se concentran en Sauriopark, la zona de atracciones para críos, yo pateo Tierra Magna, una zona con réplicas a tamaño real de diferentes dinosaurios como el imponente Turiasaurus, el Allosario o el Dacenturus. Están vallados («para que no se escapen, como en Parque jurásico«, bromea un padre junto a sus niños), y no tardo en descubrir por qué: a diferencia de lo que ocurre Jurassic Park, los dinosaurios no son un peligro para el público. Aquí, el público es un peligro para ellos. A uno de los pocos que están al alcance de los humanos les faltan un par de dientes:

A pocos metros de Tierra Magna, descansando en la sombra de la Paleosenda –una zona que recrea una excavación arqueológica– localizo al primer grupo que va sin niños: son cuatro jóvenes de entre 18 y 26 años años que han venido desde Zaragoza para ir a Dinópolis. Les encantan los dinosaurios. Max, uno de ellos, vino en 2006 (con 10 años) y ha vuelto con sus amigos 13 años después. Le pregunto si ahora, viéndolo más mayor, le ha decepcionado. «Para nada, me ha gustado más». Como si los dinosaurios fueran Pokémon, me preguntan por mi favorito. Me han pillado fuera de juego. «El Allosaurio» es mi respuesta, tras mucho meditar.

Cuando les pregunto qué es lo que más le ha gustado del parque, este grupo coincide: «El museo paleontológico». No puedo estar más de acuerdo: no hay réplica a tamaño real ni espectáculo que impresione tanto como los centenares de fósiles auténticos y las reconstrucciones de esqueletos de la exposición. Colocado frente a huesos que me sacan una cabeza y garras más anchas que mi brazo, me siento pequeño, insignificante. No solo por tamaño, sino por todas las referencias temporales del parque. La vida de los humanos –toda nuestra historia, de hecho– es un parpadeo en comparación con las eras de la Tierra.

Dinópolis me arranca alguna lágrima, y marcho melancólico pensando en qué ocurriría si, dentro de otros 100 millones de años, fueran nuestros fósiles los que estuvieran en una vitrina. ¿Corretearán ciberniños por mis restos? ¿Nos admirarán como admiramos ahora a los dinosaurios? ¿Qué dirán los carteles informativos del parque temático Humanópolis? «Eran más pequeños y débiles que los dinosaurios. También mucho más tontos, aunque se creían lo contrario. A los dinosaurios los tuvo que matar un meteorito, ellos se mataron solos».

(Dinópolis es la quinta y última entrega de España Park, la ruta veraniega de Verne por parques temáticos poco conocidos pero muy divertidos. Puedes encontrar todos los parques que hemos visitado en este enlace. Si quieres conocer más profesiones y lugares de este y otros parques, puedes visitar el Instagram de España Park).

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Fuente: El Pais

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