La tradición de acudir al cementerio y comer buñuelos en el Día de los Difuntos se ha enriquecido en los últimos años con aportaciones más festivas de otras culturas, como los disfraces y las calabazas del Halloween estadounidense o las catrinas y altares mexicanos.

Hace miles de años, los druidas y sacerdotes paganos celtas celebraban la noche del Samhin, cuando los espíritus de los muertos salían de las tumbas y caminaban por la Tierra buscando poseer a los vivos que, para no ser descubiertos, permanecían en sus casas a oscuras, sin ningún fuego y vestidos de manera fúnebre para pasar desapercibidos.

En el siglo XIX los emigrantes irlandeses la exportaron a Estados Unidos, donde, aunque sigue manteniendo ese espíritu de tenebrosidad y terror, ha transmutado en un consumismo masivo en decoración, disfraces y fiestas que se ha expandido a cada rincón del mundo a través del cine y la televisión.

La saga de «Halloween», «El exorcista» (1973), «La matanza de Texas» (1974), «El resplandor» (1980), «Pesadilla en Elm Street» (1984) o «It» (1990) son algunas de las cientos de películas de miedo de las que se ha nutrido el imaginario de Halloween para celebrar este día de muertos de la manera más terrorífica posible.

Y es que, si hay algo por lo que se caracteriza este día es por el miedo. El pavor inunda las calles de todo el mundo, se cuela en las fiestas temáticas y convierte algunos lugares en los más horripilantes.

Incluso, los más atrevidos o los que quieren una subida de adrenalina, eligen destinos apabullantes como alojamientos «encantados», al más puro estilo de las narraciones de Edgar Allan Poe, para pasar estas fechas.

Y es que ya nadie duda de que el día de Halloween es una oportunidad para inspirar a los fanáticos de las leyendas e historias de miedo; sin embargo, los más pequeños se toman este día como un juego.

Con el famoso «truco o trato» por bandera y con la banda sonora por excelencia «This is Halloween», los niños corretean disfrazados de casa en casa por su vecindario pidiendo dulces.

Dulces que también tienen su tradición y evolución. En España, originalmente el Día de Todos los Santos se endulzaba con los típicos huesos de Santo, los buñuelos de viento, los empiñonados y los almendrados, mientras que en Estados Unidos hacían pastel de calabaza o manzana.

Ahora, la gastronomía de este día ha evolucionado: chucherías, gominolas y chocolatinas con formas de monstruos y fantasmas o los bollos decorados con calabazas, vampiros o arañas son los preferidos por los niños.

En contraposición al miedo, al terror o a lo triste, en países de Latinoamérica, como México, la tradición del Día de Muertos es toda una fiesta. En estos días, todo el país se transforma: el color, el olor de las flores, la alegría de celebrar la vida y de homenajear a sus seres queridos inundan las calles mexicanas.

Uno de los elementos más representativos es altar, donde los familiares vivos honran a sus antepasados mediante fotografías y ofrendas de comida y bebidas, si son mayores, y juguetes o dulces sin son pequeños, todo ello rodeado de flores y velas que iluminan el camino de las almas a su casa y con «La llorona» como música de fondo.

Todo esto bien lo sabe el pequeño Miguel Rivera -protagonista de la exitosa película «Coco» (2017)- que por accidente entra en la Tierra de los Muertos y de la que solo podrá salir si un familiar difunto le concede su bendición. Esta cinta de animación es una de las favoritas de los más pequeños (y también de los no tan pequeños) de la casa para ver en Halloween. EFE

Por Silvia García Herráez




Fuente: Agencia Efe

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