España

Desembarco de consejeros


La coordinadora general del PDeCAT, Marta Pascal, no quiso ayer confirmar el viaje de Puigdemont a Bruselas. Se limitó a decir que habían estado en contacto durante el fin de semana. Lo que no dijo, por vergüenza torera, es que ayer por la mañana desde el PDeCAT intentaron hablar con el president. No lo consiguieron. No les cogía el teléfono, ni él ni sus colaboradores, artífices de la foto en Instagram que parecía indicar que Puigdemont estaba en el Palau de la Generalitat. Sin poder hablar con Puigdemont, y sin su presencia, la Ejecutiva del PDeCAT intentó poner orden en la situación. Pascal salió a dar la cara –no es la primera vez que lo hace en situaciones esotéricas– para afirmar que la antigua Convergència iba a presentarse a las elecciones.

El asombro por la «espantá» era generalizado. Oriol Junqueras puso al mal viento buena cara aunque no abrió la boca. Presidió la Ejecutiva de ERC, que también confirmó su presencia en las elecciones, y luego asistió a la reunión del grupo de Junts pel Sí, que retrasa su posicionamiento hasta hoy, por si acaso. Mientras Puigdemont, en Bruselas, con su delegado Amadeu Alfataj reconociendo su cese por el 155, recibía un zasca de nivel. El presidente de Flandes, independentista, dijo que no tenía previsto reunirse con el ex presidente catalán. Ni pensaba hacerlo. Con sus cinco consejeros a cuestas, Comín, Serret, Bassa, Forn y Borràs, el presidente catalán dejaba a los pies de los caballos a Carme Forcadell, la presidenta del Parlament que, ante el despropósito, aceptó que la Cámara catalana estaba disuelta desconvocando la reunión de la Mesa.

Los dirigentes de ERC y PDeCAT intentaban gestionar la frustración del independentismo, mientras Puigdemont estaba de bolillos. La CUP exigía al Gobierno que actuara de égida republicana con escaso éxito. De hecho, los anticapitalistas hablan de «confrontación» ante el 155, pero no se les ve, de momento, ardor guerrero. Aprovechando la ocasión, Josep Rull, hizo su primer acto de campaña para ser designado candidato del PDeCAT. Fue a la conselleria, se hizo una foto, y salió tarifando cuando los Mossos así se lo indicaron. Pero, ya tenía su foto de «desafío». A medida que avanzaba el día se buscaban a cinco consejeros. Raül Romeva, el flamante ministro de Exteriores, Jordi Turull, el avezado estratega de la astucia, y Clara Ponsatí, la brava agitadora de las aulas catalanas. También se echaron a faltar Carles Mundó y Lluís Puig. De ninguno se tenía ni rastro. Ayer a última hora, la mayoría viajaban para reunirse con el president y sus cinco acompañantes iniciales en Bruselas, donde hoy se espera que les ampare en rueda de prensa una figura de la «comunidad internacional».

Mientras Santi Vila, dimitido el jueves, seguía junto a sus compañeros en la página web de la Generalitat. Como si nada hubiera pasado. Si Valle Inclán viviera, hubiera sido incapaz de hacer un guión de esta categoría para un nuevo esperpento.

Entre carlistas y castristas

El sospechoso viaje a Bruselas de Carles Puigdemont y cinco de sus consellers descolocó a los catalanes. Cuando muchos analistas en Twitter, radio y televisión recelaban de un acuerdo entre Gobierno y Generalitat para no alentar la rebelión en las calles en defensa de la república catalana, Puigdemont apareció en Bruselas. Le acompañan consellers de ideologías y trayectorias diversas. Tres de ERC, Meritxell Serret (Agricultura), Antoni Comín (Salud) y Dolors Bassa (Trabajo). Y dos del PDeCAT: Merixell Borràs (Gobernación), de perfil moderado, tal es así que incluso se habría planteado dejar el Govern junto a Santi Vila cuando el president decidió tirar adelante con la DUI, y Quim Forn (Interior), todo lo contrario, sustituyó a Jordi Jané en verano precisamente para dirigir a los Mossos hacia la república catalana.Bassa, desautorizada en ERC por elogiar a Fidel Castro, es maestra y activista sindical vinculada a la izquierda catalana. Comín,un filósofo que ha acabado en Salud, es descendiente de una saga de políticos: su abuelo, Jesús Comín, fue un dirigente carlista aragonés. Y Serret (Agricultura) tiene un perfil técnico.




Fuente: La Razón

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