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Depeche Mode, drama y subidón


En pocas artes como en la música son importantes las emociones. Pocas te llevan en tres minutos de hacer pucheritos a saltar con los miembros descontrolados. Y no existen maestros más aptos para el melodrama que Dave Gahan y los chicos de su banda, Depeche Mode. Pocos para hacer levitar y sucumbir arrastrados a los abismos de la inquietante alma humana con ese manierismo tan especial.

Anoche, ante 15.000 personas en el WiZink Center de Madrid, Depeche Mode demostraron que ellos pueden hacer de directores de orquesta de todas las almas que caben en un pabellón de deportes y empujarles a corear durante dos minutos la melodía de “Home” cuando ésta ya ha terminado, agitar los brazos en el aire en sincronía con todo el mundo y atraer los focos sobre sí en las partes más anodinas del repertorio de esta gira, que calcan ciudad por ciudad que pisan.

Gahan tiene un alma coplera que no se la aguanta. Se contonea, estira los brazos y gira las muñecas cual “prima donna”, y a cada gesto, una ovación. Ayer, demostró lo que vale un peine y una peineta, que es lo que le falta por llevar. Raya de los ojos pintada, chaleco sobre el torso desnudo cubierto de tatuajes y pelo engominado hacia atrás, cual canalla castizo de otra época, cual Malevaje de la electrónica, confirmó que sus dotes escénicas no tienen parangón en las lides del pop de masas.

Porque en este tour sus aficionados están quedándose sin escuchar algunos de sus temas más míticos, pero siguen quedando “Everything Counts”, que dejó otro momento flamenco (insistimos en la latinidad de Gahan) del vocalista taconeando al ritmo de la percusión con el pantalón remangado. Habriamos jurado que era Joaquín Cortés. Y luego “Stripped”, “Enjoy the Silence” y “Never Let Me Down Again” en una serie antes de los bises.

A ese clímax abrió la puerta “Strangelove”, “Walking on my Shoes”, “A Question of Love” y “Personal Jesus”, las verdaderas arias de la gran zarzuela de arrollador y perfecto sonido que fue el paso por Madrid de Depeche Mode. Un festín de emociones.




Fuente: La razon

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