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Democratizar la música digital


Después de lo más difícil, que es formar una banda, definir un proyecto, crear las canciones e imaginar la estética, llega el paso crítico. ¿Y ahora qué? ¿Cómo puedo difundir mi música sin necesitar de una compañía a la antigua usanza? En el siglo XXI los intermediarios se han redefinido y perdido buena parte de su razón de ser. Sin embargo, las tiendas digitales y las plataformas streaming (Spotify, iTunes o Amazon, por ejemplo) tampoco son accesibles para un grupo de rap de, digamos, Móstoles. Ahí es donde entra en juego EmuBands, una distribuidora de música digital que apuesta por la transparencia y la sencillez que da cabida a artistas y sellos de trap o grupos de folclore latinoamericano que quedan fuera del radar de los sellos convencionales. «Porque a McDonalds no le interesa el pincho de tortilla», dice gráficamente Enrique Santana, productor, músico y responsable de la compañía en España. En Inglaterra, este servicio ya ha sido utilizado por grupos consagrados como Glasvegas y artistas como Paul Weller, Simple Minds y Leona Lewis.

Los «royalties»

La clave del servicio es la sencillez para los artistas, que, con un único pago (de 32 a 65 euros) ya ven sus canciones subidas a las plataformas y obtienen el importe total de los «royalties» generados por ellas, sin que la compañía se quede una comisión, algo muy frecuente en otros sistemas y en los acuerdos que la mayor parte de los artistas tienen con las discográficas. «Por supuesto, cualquiera de los usuarios puede comprobar sus ventas y solicitar el pago de sus derechos correspondientes en cualquier momento, nosotros no exigimos un umbral mínimo para abonarles lo que les pertenece», explica Santana. Además, el artista tiene completa libertad para abandonar el servicio o para darse de alta con otros distribuidores, ya que el contrato con EmuBands es de no-exclusividad. Entre los tecnicismos más complicados de gestionar para los grupos de música, está la generación de códigos de barras y los ISRCs, que son necesarios para cada canción, pero que la compañía genera sin coste.

«No queremos que los grupos pongan su música en la red sin que tengan completamente claro qué están haciendo –dice Santana–. Nacimos con la idea de distribuir música de forma eficiente, asequible y sencillo tanto para artistas como para sellos», dice este productor, que aclara que su vínculo con los músicos va más allá de ser un intermediario comercial. «Tenemos abierto un canal de comunicación con los grupos para que nos consulten o nos pidan consejo en cualquier momento que les resulte necesario», explica. La compañía se presta para dar directrices en temas más concretos sobre las grabaciones o más genéricos en el caso de la intrincada industria de la música. También realizan charlas sobre el momento de la industria actual, distribución digital y asisten a ferias profesionales para presentar su modelo de negocio, como hace pocos meses de la mano de Canarias Crea en Bime, Monkey Week o Circulart en la ciudad de Medellín. «Lo que realmente queremos es favorecer la autogestión, proporcionar las herramientas para que cada artista o banda lleve su carrera en la dirección que desee y pueda tomar sus propias decisiones sabiendo lo que hace y con la seguridad de que nadie se aprovechará de ellos. A partir de ahí, estamos abiertos a colaborar en lo que podamos», dice Santana, que desaconseja otros modelos para comenzar una carrera musical. De la misma manera, tumba otro mito: «El 90 por ciento de los grupos creen que internet no genera dinero y es mentira. Lo da. Lo que ocurre es que en otros casos se lo quedaban las compañías o los artistas reciben unos porcentajes ridículos. Nosotros lo damos al cien por cien al artista. Aquí hay que hacerse algunas preguntas: ¿cómo va a ser la música en este siglo? ¿Cambia el formato pero no las etiquetas? ¿Van a seguir los artistas confiando en el mismo modelo o es hora de cambiarlo?».




Fuente: La razon

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