Platajunta. Solo a los que vivieron o han estudiado la Transición no les resultará rara esta expresión, que se hizo popular cuando se fusionaron la Junta Democrática y la Plataforma Democrática (controladas, respectivamente, por el PCE y el PSOE), para dar lugar a un interlocutor único de todas las fuerzas de la oposición al franquismo que fuera capaz de pactar con los reformistas del régimen la instauración de la democracia. La extraña palabra no está en el diccionario, pero sí en Wikipedia, donde es posible que termine “MesaJunta”, si es que nuestro parlamentarismo sigue el camino que parece haber iniciado en los últimos meses.

Hasta ahora, en las Cortes Generales y en los Parlamentos autonómicos han convivido dos organismos distintos: la Mesa y la Junta de Portavoces. Cada una de ellas tiene una función específica: la Mesa se concibe como un órgano de representación institucional (presidente, vicepresidentes y secretarios), con una función fundamentalmente técnica, la de calificar jurídicamente las iniciativas que llegan al Parlamento, originadas sobre todo en el Gobierno. La Junta de Portavoces, como un órgano predominantemente político, donde los portavoces de los Grupos Parlamentarios se encargan de aprobar el orden del día de las sesiones. La presidencia en ambos casos por el Presidente de la Cámara respectiva dota a estos órganos de la necesaria coordinación.

La diversidad funcional justifica también un diseño distinto en cuanto a su funcionamiento y a su elección: en la Junta de Portavoces los representantes de los grupos parlamentarios ejercen un voto ponderado según el número de escaños que tenga cada grupo, en la Mesa cada uno de sus miembros tiene un voto. La Junta de Portavoces, en fin, se nutre de los representantes que cada grupo designa, mientras que la Mesa es elegida por el pleno de la Cámara. ¿Por qué un modelo como el anterior, que ha venido funcionando satisfactoriamente hasta el momento, presenta ahora severas disfunciones, la última de ellas la protagonizada por el anunciado recurso ante el Constitucional de Más Madrid por no estar presente en la Mesa de la Asamblea de la Comunidad?

En mi opinión, las disfunciones son una consecuencia más de la fragmentación polarizada que empieza a hacerse común en nuestros Parlamentos. A raíz de la debilidad del Gobierno nacido de la moción de censura que ganó Pedro Sánchez, la labor supuestamente técnica de la Mesa del Congreso, se transmutó en una función predominantemente política, hasta el punto de conseguir paralizar un buen número de iniciativas gubernamentales. Si el escenario de gobiernos con apoyos parlamentarios débiles, o variables, se replica en las Comunidades es de prever que el papel de las Mesas respectivas sufra una transformación parecida.

Es en este nuevo contexto, en el que la Mesa empieza a funcionar como una especie de Junta de Portavoces, en el que sigue vigente, sin embargo, el antiguo procedimiento de elección, que atribuye al Pleno de la Cámara la designación de sus miembros. Como se ha podido ahora comprobar en Madrid, y hace unos meses, si bien con particularidades distintas, en Andalucía, las llamadas a conseguir una representación plural de los Grupos parlamentarios en las Mesas no son eficaces frente a un procedimiento de elección que incentiva que el resultado sea otro. Si las Mesas van a parecerse cada vez más a las Juntas, quizá lo sensato sea diseñar un procedimiento de selección acorde con esta nueva naturaleza.

Ángel Rodríguez es Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Málaga.

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Fuente: El Pais

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