La iniciativa de Jordi Évole de abrir un debate sobre el papel de los periodistas (nótese que no de los medios de comunicación) no sólo es necesaria, sino también higiénica. Algún papel importante hemos jugado quienes nos dedicamos a la información en todo lo que ha pasado en Catalunya en los últimos años.

En un momento determinado de la carrera que emprendió Artur Mas en plena crisis económica, hubo periodistas que consideraron un deber patriótico ponerse de parte del procés. Esa elección, de manera automática, situó a quienes no lo hicieron en una especie de trinchera contraria. Si no estás conmigo, estás contra mí. Así es como funcionan los procesos de polarización. Y hay pocas cuestiones que dividan más a cualquier colectivo humano que la posible secesión de un país.

En esa dinámica, el debate sobre el papel de los periodistas pierde algo de justicia, porque quienes creyeron que no debían dejarse llevar por la iniciativa de unos políticos estaban, en esa controversia, en igualdad de condiciones que quienes sí lo hicieron.

La falsa discusión es considerar que el periodista lo debe ser de parte. Todos cometemos errores cada día, pero en el código deontológico de nuestra profesión ese límite está claro para todo el mundo. Sin embargo, en el caso del procés, las líneas divisorias desaparecieron para algunos. Dicho de otra forma, un periodista puede ser independentista en sus convicciones, pero no debería dejar que eso influyera en su trabajo hasta el punto de relatar las cosas como sabe que no son, sino como quiere que sean.

En el Salvados de Évole sólo estaban periodistas de radio y de televisión. Si el programa de La Sexta tuvo momentos de tensión, es imaginable que un debate de similares características con prensa escrita (web y papel), puede dar para escenas de igual calado.

Otra cuestión es el papel de los medios de comunicación públicos. En futuros análisis de lo ocurrido serán parte importante de las conclusiones.

El papel de todos los periodistas en esas redacciones no ha sido fácil. En Televisión Española, los informadores llegaron a elevar protestas públicas por informaciones que consideraron sesgadas en su propio medio en más de una ocasión. En TV3 y Catalunya Ràdio, eso nunca se produjo.

Los medios de comunicación privados son otra cosa. Cada cual ha mantenido su propia línea editorial y son sus lectores/oyentes quienes deciden si les informan de forma adecuada.

La cuestión en Salvados fue si los periodistas habíamos “comprado” (en el sentido de asumir) el procés. No todos. Muchos lo hicieron de buena fe, pero hay un momento en el que las evidencias son tan palmarias que se puede y se debe echar el freno de mano. Por eso es pertinente la respuesta-pregunta de Évole a Mònica Terribas sobre si tenía que admitir que le habían mentido: “¿Por qué no?”




Fuente: LA Vanguardia

A %d blogueros les gusta esto: