El libro de Pedro Sánchez Manual de resistencia (Península, 2019), dedica algunas páginas al conflicto entre los independentistas y el Gobierno de España. En ellas se reproduce la visión particular del hoy presidente del Gobierno. Se relata su intervención en algunos acontecimientos trascendentes como sea la decisión de intervenir al Govern en virtud de artículo 155 o sobre su aportación al contenido del discurso del Rey del día 3 de octubre. Estos son los principales pasajes de este relato.


Rajoy no quería el 155

“En agosto de 2017 Rajoy todavía pensaba en la posibilidad de reconducir el debate político después del 1-O. No sé cómo, pero se aferraba a eso, que a mí me parecía una ilusión. Ni él me planteó entonces aplicar el 155 ni yo le vi con ninguna gana de hacerlo. Acordamos que actuaríamos de forma coordinada y él se comprometió a consultarnos los pasos que diera el Gobierno”.

“Durante toda la crisis me di cuenta de que Rajoy no quería aplicar el 155; se resistía, pero sufría presiones internas. Yo le decía: ‘Oye, aquí está el PSOE’. Le invitaba a utilizarnos si lo necesitaba”.







El PP, a ciegas en Catalunya

“Sistematicé una interlocución diaria con Miquel Iceta como primer secretario del PSC. Esa conversación mía en las dos direcciones resultó muy útil después: el Gobierno no tenía prácticamente información sobre el terreno porque apenas hay alcaldes del PP en Catalunya y esa escasa representación lo dejaba ciego ante lo que sucedía, como le ocurría a Ciudadanos. El impulso se realizaba a través del grueso de la información, que procedía del PSC, de ahí el extraordinario papel que desempeñó en toda la crisis”


Un Gobierno que negaba la realidad

“Cuando llega el 1-O, la consulta unilateral se celebra, pese a que el Gobierno ha venido asegurando a diario que no iba a ocurrir. Aún el mismo día seguían diciendo que no había existido, pese a que todos habíamos visto a la gente votando en los colegios. Generaron una situación surrealista. Fueron víctimas de una cortedad de miras legalista, que ya conocíamos de otras ocasiones. Para ellos lo que no tenía realidad jurídica no tenía realidad alguna. Como el referéndum se celebraba fuera de la ley, no existía. Un razonamiento absurdo: obviamente la realidad existe más allá de la realidad jurídica y por no haberla considerado se había dejado pudrir la situación”.


Rajoy prometió que no habría cargas

“Rajoy me había venido asegurando que no habría cargas policiales. Yo le había insistido en la necesidad de evitar el conflicto y no perjudicar nuestra imagen internacional. Pero lo cierto es que salió dañada. Hubo bulos, fake news e imágenes falsas, tomadas de otros días y otros acontecimientos. Las cargas no tuvieron la magnitud que pretendieron los independentistas. Pero evidentemente la imagen que se trasladó nos debilitó en Europa”


La reprobación a Sáenz de Santamaría que nunca llegó

“Sé que hubo gente que no comprendió nuestra posición. En democracias más sanas, la ciudadanía entiende que pedir explicaciones al Gobierno por una actuación policial, exigir aclaraciones y responsabilidades políticas, es normal, y que eso no significa cuestionar el consenso político de fondo. No puede ser que aquel día no se llevara a cabo un examen político sobre qué había fallado. Al final decidimos retirar la reprobación para evitar fricciones y que no aflorara ninguna división”.







La presión de la vieja guardia

“Sufrí la presión de algunos dirigentes de la vieja guardia del partido. Recibí una carta que me instaba a posicionarme con el Partido Popular y el Gobierno sin fisuras. Naturalmente, quienes se dirigían a mí de ese modo no sabían nada de las conversaciones que mantenía con Rajoy, e ignoraban que en ellas estábamos ya diseñando una hoja de ruta para el 155”.


Graves errores del Gobierno

“El relato político que se hizo después del 1-O y la mala gestión del Gobierno de España ha perjudicado a nuestro país. El que Rajoy se pasara meses asegurando que no iba a haber urnas y las hubiera, el que me garantizara que no habría cargas policiales y las hubiera generó mayor incertidumbre entre la población. Creo que aquellos graves errores transmitieron sensación de improvisación y de no disponer de buena información ni de una estrategia, por parte del Gobierno, más allá del recurso a la ley”.


Una votación sin garantías

“Por otro lado, ni el pueblo de Catalunya participó mayoritariamente ni de aquella jornada emanó mandato alguno, como repiten con tanta frecuencia. Según sus propias cifras, participó un 30 % del censo. Desde el momento en que salieron por la mañana con aquel invento del censo universal, aquella votación sin garantías perdió toda legitimidad. Obtuvo oxígeno de las cargas policiales y de las imágenes que se difundieron a todo el mundo. Le Monde publicó un artículo unos días después deconstruyendo una a una todas las noticias falseadas, todo el fake, las fotografías falsas que se difundieron en redes…”







El discurso del Rey

“El discurso televisado del Rey el 3 de octubre también revistió una enorme importancia institucional. Un par de días antes me llamaron de su gabinete, me explicaron cómo lo iba a abordar y me preguntaron mi opinión al respecto; lo normal en estos casos. Fue una actitud prudente y respetuosa por su parte compartir una intervención cargada política y emocionalmente. Hay que recordar aquellos días, cómo vivimos todos aquella tensión hasta en lo más cotidiano de nuestras vidas. Siempre le he dado al Rey mi opinión sobre cómo abordar esta crisis”.


La lección del 1-O: hay que evitar que todo se pudra

“Siempre he pensado que, ante cualquier problema grave, los políticos tienen dos opciones. Una es anticiparse a los problemas y resolverlos antes de que se produzca la crisis. La otra es dejar estar las cosas hasta que estalle la crisis. Kissinger plantea muy bien ese dilema, porque él ve que anticiparse es siempre lo más complicado. Un gobernante dispone de mucha información, pero los ciudadanos no van a entender ciertas decisiones —quizá drásticas— cuando no ha ocurrido nada. La crisis catalana es un caso práctico de cómo Rajoy ha optado siempre por la segunda opción y nunca por la primera, con consecuencias graves. Es un error, en este como en muchos otros temas, dilatar la acción hasta que todo se pudre. Un gobernante debe siempre anticiparse a los problemas, porque en política llevar la iniciativa es crucial para solucionar las cosas”.







El auge de Vox

“Una de las consecuencias de la crisis catalana ha sido un cierto despertar de la extrema derecha y creo que eso influyó en la respuesta del Gobierno. Me refiero a las manifestaciones minoritarias que hubo en Valencia o en Madrid, algunas con estallidos violentos, y a las que asistieron miembros del Partido Popular. Creo que en Rajoy operó un cierto miedo a que creciera esa extrema derecha que los dividiera o les arrebatara el monopolio del voto de derechas. Nunca imaginaron que Ciudadanos, con su discurso duro, iba a ser el gran beneficiado de la crisis catalana, tanto entre votantes de centroderecha como de derecha”.


Una cena en La Moncloa

“Fue una conversación muy sincera, en la que hablamos largamente. El referéndum se había celebrado, las cargas policiales habían dañado la imagen exterior de España, el Rey había llevado a cabo una intervención televisiva que también reflejó la gravedad del momento. Estábamos a las puertas de la Declaración Unilateral de Independencia de la mayoría parlamentaria secesionista. La conversación dio para mucho, ambos terminamos de superar ese día las dificultades de la primera legislatura y establecimos una relación de verdadera confianza mutua. Es algo que tanto él como yo reconocimos. En ese encuentro de más de tres horas diseñamos la hoja de ruta del artículo 155 y la duración de la comisión parlamentaria de seis meses. Los dos cumplimos, las cosas como son. Al final de nuestra larga conversación, ya con el trabajo hecho, me invitó a cenar en su residencia, lo que en tiempos había sido el edificio del Consejo de Ministros y posteriormente se convirtió en la residencia del presidente”.







PP y PSOE juntos en el 155, un mensaje a Europa

“Desde el punto de vista parlamentario nuestro apoyo no era imprescindible puesto que el PP tenía mayoría absoluta en el Senado y hubiera podido sacar adelante en solitario el 155. Pero desde el punto de vista político, el apoyo del partido socialista tenía un significado de trascendencia tanto dentro como fuera de España. Que el PSOE dijera que estaba en juego la soberanía nacional, la integridad territorial, y que apoyáramos la aplicación de este mecanismo constitucional mandaba un mensaje a Europa: decíamos que esto no era algo de una supuesta derecha franquista ni un conflicto entre dos nacionalismos, sino un desafío a la Constitución y a la legalidad. No era una cuestión de partido sino de Estado”.


La intervención de TV3

“Para nosotros era fundamental que, además de no cerrarse el Parlamento catalán, tampoco se interviniera la televisión autonómica, una negociación que tuvo lugar en el trámite parlamentario, una vez presentado el 155 ya en el Senado. Desde nuestro punto de vista no tenía sentido remover toda la cúpula de TV3 para tres o cuatro meses, porque realmente no daba tiempo a cambiar las cosas. El objetivo que nos habíamos marcado de convocar elecciones pronto dejaba sin sentido intervenir la televisión pública. Además, numerosos medios se manifestaron en contra de que se hiciera. No sé si fue por corporativismo, pero el hecho es que tenía un significado simbólico importante y no nos hubiera permitido sacar nada en claro. No valía la pena. Mantuvimos viva esa enmienda en el Senado, donde el PP estuvo luchando toda aquella semana. Al final lo cerré con Rajoy en el día previo a la aprobación del 155”.







Urkullu, Iglesias e Iceta

“Iceta habló mucho con Puigdemont y con Oriol Junqueras; el lendakari Urkullu se involucró también a fondo, como lo hizo Pablo Iglesias en toda aquella interlocución. Cs no hizo absolutamente nada. Ellos como partido han nacido marcados por el conflicto y se desenvuelven bien en ese enfrentamiento, pero en el aspecto dialogante de la política están perdidos, sencillamente no saben. El diálogo, en este asunto, los deja fuera de juego porque el conflicto está en su ADN.

Cs, solo buscó protagonismo de forma demagógica, rompiendo con Rajoy y diciéndole que siguiera aplicando el 155, cuando en la iniciativa aprobada figuraba explícitamente que el 155 se levantaría de forma automática en el momento que se constituyera un Gobierno”.


La fractura de Catalunya”

“Hay una fractura social que el independentismo nunca ha querido reconocer, pero que existe. En aquellos momentos a los concejales y alcaldes del PSC no solamente les atacaban las sedes, sino que les pinchaban las ruedas, los insultaban por la calle, a ellos e incluso a sus hijos. Recuerdo, por ejemplo, una alcaldesa que me habló de cómo a su hijo en el instituto le recriminaban algunos de sus compañeros la posición de su madre. Para nuestros alcaldes, concejales y militantes del PSC, teniendo en cuenta que la sociedad catalana es abierta, o lo había sido, aquellos fueron meses muy duros. El conflicto político se trasladó a la calle e hizo saltar por los aires la convivencia”.


Colau, con los independentistas

“Hubo gente que quedó retratada a la perfección, como la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que expulsó al PSC del Ayuntamiento. Suele acusársela de jugar a la ambigüedad, pero la verdad es que, siempre que ha tenido dudas, al final ha acabado poniéndose de parte del independentismo”.


El 155 retornó la normalidad

“El 155 fue como un bálsamo para la sociedad catalana. La intervención y la reconstrucción del Gobierno sentaron bien a la sociedad catalana en su conjunto, a la economía, a las empresas y a la política. La sociedad catalana vio que no sobrevenía ninguna hecatombe, como le habían dicho de forma interesada. La particularidad de este conflicto es que quienes estaban al frente de las instituciones fueron los que quebraron las instituciones. Generalmente, la amenaza para las instituciones suele venir de fuera, pero esto venía desde dentro, por eso resultó especialmente grave. A la ciudadanía le resultó tranquilizador tener ante sí un horizonte electoral que, en el fondo, marcaba el retorno a la normalidad que había quedado interrumpida desde el 1-O. También permitió a todos los actores políticos ubicarse. Fue una decisión que encauzó los acontecimientos”.


Las conclusiones del 21-D: No hay mayorías

“El segundo fenómeno relevante que quedó de manifiesto es que Catalunya vive en un empate perpetuo: el 47 % sigue votando independentismo, desde hace bastante tiempo. No hay una mayoría, hay una división en dos, una sociedad partida por la mitad, por tanto, y esta es la tercera conclusión de aquellas elecciones, no queda otra que dialogar”.


El auge del independentismo

“No es casual en absoluto que el auge del independentismo se haya dado en estos años. Esos terremotos sucesivos en la política española están estrechamente relacionados con la crisis financiera y económica que comienza en 2008”.

“La Asamblea Nacional Catalana (ANC) se constituye en 2012, en plena época de ajustes y malestar social, en el momento de la ruptura de un contrato social que tiene consecuencias en toda España. Lo que sucede en Catalunya es un movimiento reaccionario que estamos viendo en las democracias occidentales. Es un fenómeno global que, por nuestra propia historia e idiosincrasia, aquí se materializa en el secesionismo, pero tiene unas raíces comunes a otros fenómenos autoritarios, alimentados por el malestar social. Tiene que ver con la desigualdad, con una clase media preocupada por su futuro y a la que no se le dan seguridades básicas”.




Fuente: LA Vanguardia

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