Convertir las dificultades en oportunidades. Trabajar en red. Son dos conceptos básicos que aplican muchas escuelas e institutos de alta complejidad para hacer frente a la segregación escolar. Un fenómeno que no ha disminuido en la última década, y que ha convertido a Catalunya en uno de los territorios europeos con unos niveles de segregación escolar más altos. Una segregación que puede ser por motivos de origen, académicos o socioeconómicos.


El dato

Catalunya es uno de los territorios europeos con unos índices de segregación escolar más altos

Esta distribución desigual del alumnado entre los centros de un mismo territorio erosiona el principio de equidad y pone en peligro la igualdad de oportunidades. Para cambiar la situación hay que tener en cuenta muchos componentes, pero la segregación empieza con la matriculación. Y aquí el Govern se ha puesto manos a la obra. Con el Síndic de Greuges ha liderado el pacto contra la segregación firmado por más de un centenar de ayuntamientos y parte de la comunidad educativa. El acuerdo prevé un nuevo decreto de admisión que garantice un reparto más equilibrado de los alumnos y que establezca, por ejemplo, una proporción máxima de estudiantes con necesidades educativas especiales por centros de una misma zona o la limitación de la matrícula viva en centros de alta complejidad.





De este pacto se ha hablado este lunes en Catalunya futur, el debate que organiza La Vanguardia en colaboración con la Generalitat. Han participado el conseller de Educació, Josep Bargalló; Marta del Campo, directora del instituto escuela La Mina, de Sant Adrià de Besòs; Raquel Garcia Sevilla, directora de la escuela Joaquim Ruyra, de l’Hospitalet de Llobregat; Sandra Lobera, directora del instituto El Bruc, de Riells i Viabrea; Miquel Maydeu, director pedagógico del colegio Sagrat Cor de Jesús, de Vic, y Conxita Roca, directora de la escuela El Viver, de Montcada i Reixac.






La escuela Joaquim Ruyra del barrio de La Florida de l’Hospitalet es conocida por muchos como la escuela milagro. El contexto es de alta complejidad y diversidad, pero el centro ha conseguido la implicación y la complicidad de la comunidad educativa y de su entorno. Raquel Garcia Sevilla tiene claro que la clave del éxito es que “entendimos que la escuela era un proyecto de la comunidad. A pesar del contexto, adoptamos un modelo que se basaba en actuaciones educativas que funcionaban, avaladas por la comunidad científica. Y a maestros, alumnos, familias y a la gente del barrio nos tocaba la parte más bonita: poner encima de la mesa los sueños y la utopía de hacia dónde queríamos ir. Nuestro proyecto educativo es de las familias, del barrio. Va más allá del centro. Hacemos un aprendizaje colaborativo. Desde la escuela decimos que somos un taburete con tres patas: una es el éxito educativo, las otras son la cohesión social y la convivencia. Educamos a nuestros alumnos para que tengan éxito académico y para que sean unos ciudadanos de futuro que puedan escoger su camino en la vida y que esta selección esté condicionada por la competencia y que no sea la falta de competencia la que haga la selección por ellos”. Las cifras dan la razón a Raquel: con el 92% de alumnado extranjero, más de un 95% de los estudiantes con beca comedor y un contexto complejo, Joaquim Ruyra consigue mejores resultados académicos que muchos colegios de élite de su entorno. Hace dos años recibió el premio Ensenyament a la mejor escuela.





Otro centro que desafía los dogmas del sistema educativo es el instituto escue la La Mina. Marta del Campo es su directora. “Nunca hablo de dificultades. Estamos convencidos de que trabajamos para la igualdad de oportunidades, para los alumnos y para nuestro barrio. Aplicamos equidad. Es clave que dentro de las escuelas se desarrollen estrategias que no sean segregadoras. Si la investigación educativa dice que no se tienen que hacer grupos de nivel, que las metodologías colaborativas despiertan más el interés y ofrecen más calidad del aprendizaje y que la participación de las familias es clave, trabajamos en este sentido”.


El gran acuerdo

Govern, Síndic, ayuntamientos y parte del mundo educativo acaban de firmar el pacto contra la segregación

El conseller Bargalló coincide. “Me preocupan las escuelas que tienen mucha diversidad y mucha complejidad pero que además no tienen un proyecto educativo potente, desarrollado y singular. Entonces la tendencia de estos centros es reducirse a un tipo de familia muy concreta, la que no puede escoger otra cosa”.

¿Y cómo se pueden reinventar los centros? Con metodología colaborativa. Es un concepto que surge durante todo el debate. El primer paso para hacer el cambio es tener un proyecto concreto detrás. Tenemos que conseguir que los padres escojan la escuela en función de la propuesta educativa y no del perfil del alumnado.





La escuela tiene que ser muy reivindicativa hacia fuera y muy optimista hacia dentro. Conxita Roca considera que es muy importante que se dé visibilidad en los centros de alta complejidad. “Estamos estigmatizados en algunos municipios. Somos centros que hacemos un esfuerzo extra por cambiar nuestros proyectos y adaptarnos al entorno. Entonces la escuela entra en valor, el claustro y el alumnado se apoderan y eso fortalece las propuestas educativas”. El sentido de pertenencia aparece entre la comunidad educativa, lo que favorece el éxito y la cohesión social.

Los seis ponentes minutos antes de participar en el debate Catalunya futur sobre segregación escolar, fotografiados en los jardines del hotel Alma de Barcelona
(Ana Jiménez)

Trabajar en red. Todos los ponentes coinciden en que es fundamental. Departamento, ayuntamientos, centros educativos, familias y entidades locales. Marta del Campo cree que “es imprescindible que la administración educativa sea más cercana, moderna, que conozca el territorio, que sepa quién hay detrás de cada proyecto. Que trate singularmente cada centro y que lo dote de los recursos adecuados para sus necesidades”. Los ayuntamientos son la columna vertebral. El municipio es imprescindible para que los centros públicos funcionen. Hay que trabajar por una zona educativa o un plan de entorno sin dejar a ningún alumno atrás.





La segregación escolar no es sólo urbana. En Riells i Viabrea tienen 3.500 habitantes. El instituto El Bruc se puso en marcha hace seis años. Este año propusieron al Ayuntamiento que ofreciera actividades extraescolares gratuitas. Sandra Lobera dice “que eso está empoderando al alumnado, lo está reforzando. Es el trabajo en red que creemos que tendría que continuar en el futuro”. Miquel Maydeu es consciente de que “los equipos docentes, siempre que hace falta, se reinventan, innovan y son generadores de cambio. Pero es indispensable el trabajo con el entorno: los servicios sociales del ayuntamiento, la concejalía de Educación. Porque en la escuela hay mucho más que alumnos, hay familias. Y nosotros las acompañamos. Y este aspecto es muy importante. Hay una experiencia en la comarca de Osona que se llama Enxaneta. Los alumnos más vulnerables se reúnen dos días a la semana con un mentor. Están con él en horario extraescolar. Un día a la semana se encuentran los enxanetes, sus familias y el monitor. La familia entiende que tiene que ser un referente para su hijo”. Este acercamiento a las familias muchas veces es complejo. Sandra Lobera explica que “a veces las llamas y no se presentan. Hasta que rompes esa barrera, el trabajo es pesado”.






La matriculación

El nuevo decreto de admisión limitará la matrícula viva en centros de alta complejidad

Que las familias entren o colaboren con los centros es un objetivo que tiene que ser discutido y pactado con ellas porque, si no, hay una inercia a no entrar en la escuela, a no comprometerse. Y estas incertidumbres hacen que, en muchas ocasiones, las familias den pasos atrás. En el Joaquim Ruyra, explica Raquel Garcia, “familiares, agentes sociales del barrio y voluntarios “dan un valor añadido al maestro, que gana entidad. Todos los voluntarios externos nos permiten aprovechar la inteligencia cultural de las competencias para la vida, que tenemos todos, tengamos estudios académicos o no. Todo lo que hacemos para las familias o para el ­barrio fomenta el beneficio del alumno. Rompemos el determinismo social, un techo de cristal que parece que nos obligue a resignarnos porque nos ha tocado convivir en un contexto complejo”.

Conseguir escuelas garantistas. Centros que aprovechan todos los recursos de que disponen. Raquel Garcia opina que es vital que los centros “no fomenten actitudes segregadoras, excluyentes, que no favorecen la convivencia y el aprendizaje. Todos estos aspectos también los tenemos que tener en cuenta. Reinventarnos está muy bien, pero con unos criterios que avale la ciencia porque, de lo contrario, podemos hacerlo de una manera un poco estrafalaria”.





La matrícula viva es otro elemento que incrementa la complejidad de todos estos centros. Marta del Campo explica que “mejoraría mucho nuestro día a día no tener estas nuevas incorporaciones a mitad de curso, cuando ya te has hecho tuyo el grupo de clase. Es difícil dar respuesta y nos crea conflictos nuevos”. Aquí es muy importante el trabajo de la inspección y también la simbiosis del Departament d’Educació y de los ayuntamientos, que tienen que reequilibrar la matrícula viva. Tienen que repartir a los alumnos de manera equitativa. Se tiene que conseguir que la matricula viva no sea una segunda segregación añadida. Hará falta revisar los criterios en función de las peculiaridades territoriales y no aplicar siempre criterios urbanos. El conseller se compromete a ello.

Las escuelas tienen que pensar cómo pasan de tener aulas de acogida a ser centros de acogida. Se requiere más formación del profesorado. Es necesario que la conselleria y los ayuntamientos los acompañen. Hace falta que las familias se impliquen. El pacto contra la segregación, ha echado a andar, pero es una carrera de fondo.




Fuente: LA Vanguardia

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