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De fiesta con Pharell y sus amigos | Cultura


Pharrell Williams ha hecho de la libertad de movimientos el mayor triunfo artístico de su trayectoria. Cuando la lógica musical y empresarial invitaba a pensar que el músico estadounidense daría continuidad al bombazo comercial de Happy, este ha preferido recuperar, contra todo pronóstico, la senda de su proyecto N.E.R.D. Siete años después de Nothing, y cuando parecía que esta alianza junto a Chad Hugo y Shay Haley pasaría mucho tiempo en el congelador a la espera de nuevas noticias, Williams le ha inyectado vida y aires de refresco con el disco más redondo de la banda desde el referencial Fly or die.

Artista: N.E.R.D

Disco: No_one ever really dies

Sello: Columbia

Calificación: 7 sobre 10

Si algo pone de manifiesto No_one ever really dies es que Pharrell atraviesa un momento creativo muy dulce, inspirado y vigoroso. Repleto de singles potenciales, el disco se aleja de la colisión rockera que había marcado los últimos movimientos de N.E.R.D. e incide en la visión más pop del artista. Es obvio que ahora el sello sonoro de Pharell está más presente que nunca, pero lo hace desde la manga ancha que le posibilita maniobrar bajo otro epígrafe. Como si fuera una versión alternativa, más experimental, visionaria y caótica de sus álbumes en solitario, este regreso de la banda es una orgía de groove, funk, rap, R&B y electro a la que está invitada la plana mayor del universo musical urbano del momento.

Rihanna, Future, Kendrick Lamar, M.I.A., Gucci Mane, Wale André 3000 e incluso Ed Sheeran se unen a una fiesta en la que se podría decir que Pharell, Hugo y Haley ejercen más como coordinadores musicales que como estrellas con excesivo afán de protagonismo. Ellos ponen la materia prima, se dejan escuchar lo justo y son las celebrities quienes tienen manga ancha para brillar en sus respectivas contribuciones. En este sentido, son Lamar, protagonista de los momentos más políticamente conscientes de todo el recorrido, y Sheeran, muy cómodo en un pegadizo hit de reggae pop, los que mejor aprovechan el guante lanzado por el grupo y consiguen hacerse suyas las proposiciones.

Pero más allá del llamativo elenco de colaboradores, a todas luces intencionado para obtener una panorámica muy completa y fiable de lo que se cuece en la actualidad en la órbita negra, No_one ever really dies se muestra como un brillante ejemplo de austeridad y minimalismo formal en el que menos es más. Con una producción sin grandes lujos ni ornamentos y un sonido que parte del electro funk para acabar en una idea parecida a lo que debería ser el pop del siglo XXI, N.E.R.D. ha desvanecido el mal recuerdo de su anterior disco y ha conseguido rejuvenecer por dentro y por fuera. Y este quizás es el dato más relevante: además de hits poderosos e infecciosos como Lemon o Don’t Don’t Do It, este magnífico regreso transmite en todo momento la sensación de que Pharrell y sus aliados habituales vuelven a pasárselo en grande con su música.




Fuente: El país

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