Anna Saliente tiene 27 años y un porvenir por delante, aunque de momento lo que tiene por delante es un cortado, una ración de bravas en la terraza del Delicias –un clásico del Carmel cuando era el Carmelo– y una charla con el director de La Vanguardia.

¡Ah! Saliente es la candidata a la alcaldía de Barcelona por la CUP, cuyos liderazgos viven en tránsito perpetuo. “Mis padres alucinaron bastante” con su elección, adoptada de forma asamblearia. De la sorpresa a la preocupación –el punto actual–, porque su hija, única, ya es alguien a quien le hacen entrevistas y fotos.





Es difícil meterse en honduras políticas con un candidato recién salido de las asambleas, y el director, Màrius Carol, prefiere saber del personaje, poco baqueteado todavía (llega y se va sola, sin colaboradores, como si fuese una hija del barrio, aunque el suyo actual sea Horta –y no muy lejos de la casa familiar de Valls–, donde vive en un piso de alquiler de 450 euros, “sí, soy una privilegiada, aunque el contrato termina dentro de un año”).

Licenciada en Sociología por la UAB y muy activa en el ámbito de combatir la prostitución femenina, aunque no sea abolicionista ni partidaria del statu quo que termina por penalizar a las prostitutas más débiles. Y constata que “desde el 2015 no se aplica la ordenanza” (que fijaba multas para tirios y troyanos). “Hay que luchar por la recolocación laboral de estas mujeres. Lo de reinserción no me gusta: es un término paternalista”.

Se expresa con un lenguaje natural, espontáneo y llano, aunque entremezcla esa jerga del siglo XXI algo eufemística: gentrificación, hegemonía de la sexualidad, superestigmatizadora…

Como muchos cuperos, Saliente desembarca en política con prevenciones, como si la política fuese una leprosería del siglo XX en la que conviene entrar, curar y salir lo antes posible sin cargar con la infección.

–No me siento política, en absoluto. Tanta camaradería… Hay mucha escenificación. Y no me gusta la idea de que estamos jugando a hacer política, como si fuese un trabajo con horario.

–Pero la cordialidad…

–Sí, hay que tenerla, pero me sorprende y me remite a la idea de compañeros de trabajo. Alguien que da apoyo al 155, por ejemplo, es alguien que para mí no defiende la libertad.





–¿Con quién te irías de copas?

La pregunta se le indigesta a Anna Saliente (planteada para facilitar la siguiente: ¿y a qué tres sitios de Barcelona la llevarías?) y la sume en el silencio.

–Odio cuando me hacen estas preguntas… Es cuando más me bloqueo…

–No sé, ¿Leo Messi?

–Yo no quiero irme de copas con Messi (y eso que le gusta el fútbol masculino, ha ido muchas veces al Camp Nou y sabe que el Horta está a punto de jugar la promoción de ascenso a Segunda B, lo nunca visto). Y en todo caso me iría de birras.

La respuesta final es:

–¡Carme Forcadell!

Saliente llevaría en primer lugar a Carme Forcadell a la calle Robadors del Raval, quizás porque no es “marca Barcelona”. No le gusta nada eso de la “marca Barcelona”. Después, a la plaza Eivissa de Horta, “porque pasan cosas y está lejos de la Barcelona individualista”. Y remataría con los búnkers del Carmel –tan cercanos–, aunque ahora –a diferencia de su adolescencia– siempre hay turistas.

La charla es distendida, con aires de aperitivo más que de desayuno (la cita fue fijada a las doce y media del mediodía por agenda y porque viene de una sesión televisiva en el vecino Park Güell).





–Hubiese podido elegir a… Víctor Valdés. Supongo que son recuerdos de adolescencia, ja, ja.

Hablando de porteros, un centro templado al área pequeña.

–¿Los tres problemas de Barcelona que le gustaría solucionar?

–El top manta no es el problema. Primero, bajar los precios de la vivienda de alquiler; segundo, revertir la externalización de los servicios públicos (como el Bicing), y tercero, acabar con los pisos turísticos. ¡Me gustaría reducir el número de turistas!

Y, sin embargo, le gusta Nueva York –dos viajes–, aunque entre perderse por Moscú o por Nueva York elegiría la capital rusa, que visitó con motivo del centenario de la revolución.

“Y también Cuba el mismo año”, sonríe, consciente de que a ojos del mundo lo suyo parece ser el turismo revolucionario.

–En Marinaleda no he estado…








Fuente: LA Vanguardia

A %d blogueros les gusta esto: