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“De Barcelona depende convertirse o no en un centro de inteligencia artificial de escala europea”, por Miquel Molina

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Los grandes proyectos de ciudad no siempre son el producto de una mente pensante. En algunos casos, surgen de la feliz convergencia de iniciativas dispares. Pero aquí también es necesario cierto liderazgo. Alguien debe ser capaz de detectar esa oportunidad, tejer complicidades y crear un discurso ejecutivo.

En el ámbito concreto de la inteligencia artificial (IA), Barcelona no anda escasa de liderazgos potenciales, tanto en el sector privado como en el público. La falta de ambición no amenaza con ser un problema, tratándose de un sector emergente hecho a sí mismo (lleva la autoexigencia de fábrica) y que ya suele trabajar a escalas europea y mundial.

El reto es mayúsculo y requiere de apuestas generosas en los presupuestos nacionales y europeos. En juego está impedir que la IA quede exclusivamente en manos de Estados Unidos y China.

El punto de partida es bueno. La foto fija del ecosistema barcelonés/catalán de inteligencia artificial muestra a un sector con gran potencial. Según el último estudio sobre IA en Europa, de la consultora Roland Berger, España ocupa la cuarta posición en densidad de start-ups dedicadas a la inteligencia artificial. Muy destacado figura Reino Unido, seguido por Francia y Alemania. España lideraría el grupo de los países followers. Y, en este caso, hablar de España es en cierto modo hablar de Barcelona, donde se concentra buena parte del hábitat de la IA (no hay clasificaciones por ciudades).

¿Qué es lo que tiene Barcelona que le permite aspirar a tener un papel de liderazgo en IA, al menos en el sur de Europa?

De entrada, y más allá de ventajas extensibles a otros sectores (la calidad de vida, el clima…), juega a su favor albergar un ecosistema emergente de start-ups en el que se cumple el aforismo “talento atrae a talento”. Pero también le ayudan a puntuar alto entidades como Barcelona Tech City, empresas con activos departamentos de IA e instituciones como la UPC, el Institut d’Investigació en Intel·ligència Artificial (IIIA), el Institut de Robòtica, las oficinas de innovación del Ayuntamiento y la Generalitat, el Smart City Expo World Congress o el i-Lab de Ca l’Alier.

Otra baza que cuenta muy a favor de las aspiraciones de la ciudad es el dinamismo del Barcelona Supercomputing Centre (BSC), aspirante ahora a liderar la apuesta europea en supercomputación. El BSC es un catalizador de primer nivel para el desarrollo de la inteligencia artificial de datos, que gana terreno frente a la convencional. La combinación del big data y la IA está llamada a prestar un gran servicio, por ejemplo, en el campo de la medicina.

Asimismo, que Barcelona se haya erigido en una de las ciudades donde se desarrolla la tecnología 5G contribuye a crear un contexto favorable.

¿En qué debería mejorar la capital catalana para que esta no sea otra oportunidad perdida? Ramon López de Mántaras, director del IIIA, cree que sobre todo deberían explorarse fórmulas para evitar que la rigidez de la administración impida competir con la empresa al captar talento.

Incentivar fiscalmente el mecenazgo en IA es otra opción, pero las propuestas de este profesor van más allá de reclamar dinero público: plantea un pacto por la ciencia con una programación plurianual para sortear los vaivenes políticos; flexibilizar los trámites burocráticos y facilitar la búsqueda de trabajo a las parejas de los extranjeros a los que se pretende atraer; o fomentar una nueva cultura que lleve a las empresas a invertir más en investigación con fondos propios, sin apoyarse en la subvención.

Para Francesca Bria, comisionada digital y de innovación, hay que aprovechar la gestión de los datos que hace Barcelona para orientar la inteligencia artificial hacia la búsqueda de soluciones para los problemas reales de las ciudades. Pero, en su opinión, el factor determinante para las aspiraciones barcelonesas de convertirse en un hub europeo (en especial del sur) es el mero hecho de proponérselo. Una cuestión de ambición.


La tentación de los 300.000 dólares anuales

La dificultad de captar y retener talento es uno de los lastres para el despegue barcelonés en IA. En el sector se comenta que cuesta retener a estudiantes de doctorado con becas que apenas superan los 20.000 euros al año y que acaban aceptando ofertas mareantes de la privada. En algún caso, se señala, las ha habido de 200.000 o 300.000 dólares anuales. Ramon López de Mántaras plantea actuar a través de programas como los de Icrea (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) para favorecer la investigación en IA.


Las empresas y la necesidad de IA

Los avances en inteligencia artificial y los nuevos horizontes que abre su aplicación no siempre son bien conocidos por las empresas. Instituciones como el supercomputador o el Institut d’Investigació en Intel·ligència Artificial son permeables a las propuestas de colaboración que les llegan desde el sector privado. Pero queda mucho por hacer. El sector turístico catalán, por ejemplo, no ha explorado aún las oportunidades que le brinda la inteligencia artificial de datos para gestionar mejor sus flujos.


El factor humano como ventaja

Una de las fortalezas de Barcelona a la hora de asumir actos, inversiones o retos tecnológicos es la capacidad de incorporar la reflexión y los valores humanos. En enero, la ciudad organizó la primera reunión del proyecto AI4EU, financiado con 20 millones de euros para impulsar el desarrollo de la IA en Europa. El proyecto prevé crear un observatorio de ética. La Generalitat anunció entonces que presentará una estrategia catalana de inteligencia artificial basada en las personas.




Fuente: LA Vanguardia