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Cultura amenaza a la SGAE con tumbar la reforma de sus estatutos | Cultura


La reforma la propuso el presidente. Y la aprobó… el mismo presidente. El voto de José Miguel Fernández Sastrón fue decisivo, ayer lunes, para sacar adelante la modificación de los estatutos de la SGAE, atrapada en un empate: 19 miembros de la junta directiva a favor, y otros tantos en contra. Sastrón intervino para lograr los cambios que quería; tensó, sin embargo, más aún, la cuerda sutilísima de los equilibrios de la entidad. Antes de la votación, un manifiesto firmado por más de 270 creadores, liderados por Pedro Almodóvar, denunció que la reforma favorecía a la rueda, la presunta trama entre socios de la SGAE y directivos de televisión para embolsarse decenas de millones gracias a la música emitida en los programas de madrugada. Y hoy el Ministerio de Cultura también lanzó un aviso al presidente, al considerar “escasas las mayorías necesarias para una reforma del calado del que se pretende. Es necesario que SGAE cuente con el Ministerio en este camino y que culmine en el plazo legal marcado la reforma estatutaria”, en declaraciones remitidas a EL PAÍS.

“La aprobación de los estatutos de la SGAE precisa, en última instancia, de la autorización de este Ministerio, que podrá rechazar aquellos apartados de los estatutos que no sean acordes con la Ley de Propiedad Intelectual y que no favorezcan los intereses generales de la protección de la propiedad intelectual”, señala también Cultura. El Ministerio recuerda así a la entidad que puede recurrir a su poder de veto para tumbar sus decisiones. Es decir, una amenaza directa.

La reforma ha de pasar todavía por la Asamblea General, que reúne a los socios. Deberá aprobarla “con una mayoría calificada de tres cuartos”, como ha subrayado Sastrón en su respuesta al ministerio, en declaraciones a la agencia Efe. El presidente de la SGAE ha reconocido que le ha chocado el mensaje de Cultura, porque “nada de lo que dice es novedad”, por lo que cree que está dirigido a la “opinión pública”.

Tras el visto bueno de la Asamblea, la SGAE tendrá que pedir al Ministerio que autorice la reforma. Cultura aclara que entonces “iniciará el correspondiente procedimiento administrativo en el que se dará audiencia a todos los interesados afectados para que puedan hacer valer su opinión y aportar las alegaciones que estimen oportunas en defensa de sus intereses”.

La reforma incluye varios puntos críticos. Entre otros, establece que el presidente deberá ser nombrado y cesado directamente por los socios en la Asamblea. La decisión pretende democratizar la elección del cargo más alto, pero la medalla tiene otro lado. El peculiar sistema de voto de la SGAE (a más recaudación más votos, hasta un máximo de 31) genera un círculo vicioso que se resume en un lema que se hizo conocido en la entidad: “No hay quien pueda con los votos de la rueda”. Es decir, los socios implicados en el fraude de la música nocturna son los que más recaudan y, por tanto, los que más condicionan las decisiones y las votaciones de la Asamblea. Incluida, con el nuevo sistema, la elección del presidente. Sastrón, por cierto, quiere proponer un adelanto electoral, una vez que se modifiquen los estatutos.

La modificación propone también eliminar el Consejo de Dirección, uno de los dos órganos de gobierno, y reducir a la mitad el número de miembros de la Junta Directiva. “De manera proporcional y equilibrada”, basada en la recaudación, según la SGAE. Todo lo contrario, para los opositores. De 39, los directivos pasarían a 19. El manifiesto crítico denuncia que el nuevo reparto proporciona un escaño más, proporcionalmente, al colegio de Pequeño Derecho (los músicos) mientras que Audiovisual y Gran Derecho (artes escénicas) saldrían perdiendo. La reforma “vulnera los derechos históricos” de ambos colegios, según el texto.

El cambio estatutario se justifica, según la SGAE, por las modificaciones introducidas en la Ley de Propiedad Intelectual, derivados del Real Decreto ley 2/2018, que traslada al ordenamiento español dos directivas de la UE sobre gestión del derecho de autor. “La reforma incluye la creación de la Comisión de Supervisión, un órgano independiente que tiene como función esencial la inspección y el control de los órganos de gobierno y representación, para mejorar la transparencia en la gestión de derechos. Y se incorpora un miembro externo a la sociedad, así como un auditor distinto al que examina las cuentas anuales”, afirma la SGAE.

“Respecto de las materias que no son adecuación de los estatutos de SGAE al reciente Real Decreto ley, este Ministerio considera que debería mantenerse el statu quo (esto es, la redacción prevista en los estatutos vigentes) a la espera de que se alcance una mayoría más amplia que respalde su modificación y que, a fecha de hoy, parece no existir”, responde el ministerio. Y critica otra decisión reciente de la junta. Porque el Gobierno de la SGAE también votó a favor de un cambio en el reparto de los ingresos sobre el que llovieron acusaciones de favorecer a la rueda.

Pese a llegar solo al 1% de la audiencia, la franja de la música de madrugada logró llevarse hasta el 70% de la recaudación anual. Mientras policías y jueces investigan este fraude, un laudo internacional obligó a la SGAE a reducir el porcentaje hasta el 15%. Sin embargo, el pasado viernes la junta lo subió hasta el 20%, en contra del criterio de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). La novedad entraría en vigor en el próximo reparto semestral, en junio. “Consideramos necesario reforzar los mecanismos anti rueda y criterios de reparto más justos entre los asociados independientemente de la rama a la que pertenezcan”, critica el ministerio. Y añade: “Las modificaciones de los reglamentos de reparto de las entidades de gestión tienen que ser ratificadas por sus asambleas generales. Hasta el momento, este Ministerio no tiene conocimiento de que la referida reforma del reglamento de reparto de SGAE haya sido ratificada por su asamblea general, por lo que SGAE no debería aplicarla en los próximos repartos so pena de infringir la Ley de Propiedad Intelectual”.




Fuente: El país

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