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Cada vez nacemos menos, cada vez vivimos más y cada vez morimos más tarde. Son los tres factores demográficos que hacen de España un país envejecido y necesitado de atenciones. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), tres millones de familias, el 16% del total, conviven con alguien que requiere ser cuidado. Personas con dificultades en su vida diaria a las que asear, mover, alimentar y acostar. Pero también leer, dar conversación, divertir y acompañar.

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Cuidar a los que ya cuidaron una vez, cuando eran adultos y plenos, y ya fueron cuidados de niños, es uno de los deberes acuciantes de cualquier sociedad desarrollada. También atender a los jóvenes enfermos, a los niños, a los apartados. Los expertos coinciden en que es una necesidad que no parará de crecer y que tiene muchos asuntos que abordar. El principal, dicen, es institucionalizar esta labor para que no recaiga mayoritariamente sobre las familias. Convertirla en una prioridad política y limar la flagrante brecha de género que revela que las personas que cuidan de otras son, casi siempre, mujeres.

¿A quién cuidamos en España? ¿Quién está detrás de esos cuidados? ¿Cómo se cuida y cómo se debería cuidar?

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Un país cada vez más envejecido

Uno de cada cuatro españoles tendrá 65 años
o más
. Serán 12 millones de personas de esas
edades por los nueve actuales.

2019
3 millones

2068
6.8 millones

6,8 millones de personas superarán los 80 años, más del
doble que en la actualidad.
Fuente: INE

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A QUIÉN CUIDAMOS

“El cuidado depende de a quién cuidemos, y cómo lo hagamos”, introduce la socióloga y Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política 2018 María Ángeles Durán, pionera en el estudio de las mujeres y su relación con el trabajo no remunerado en el hogar. En líneas generales, Durán señala cuatro grandes grupos, no excluyentes, de demandantes de cuidados.

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Ancianos

La pirámide poblacional es cada vez más estrecha en su base y más ancha en su cumbre. Los nacimientos no compensan el envejecimiento del país, lo que convierte a los mayores de 65 años en el más numeroso y principal segmento de cuidados. “Existe una demanda muy fuerte de personas mayores que no se curan cuando tienen episodios clínicos. Lo que hacen es mejorar. Sus situaciones, y consecuentemente su demanda de atenciones, se perpetúan”, incide Durán. Según la última Encuesta Nacional de Salud del INE, el 52% de la población mayor de 65 años experimenta dificultades para llevar a cabo alguna de las tareas del hogar. En 2014, la cifra era del 47%.

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Juana Pilar Arconada, 92 años | Persona cuidada

“Estar en el centro hace que no
me aburra como una ostra”

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Juana Pilar Arconada tiene 92 años y un grado dos de dependencia reconocido. Su voz llega desde el centro de día al que acude para, dice, “no aburrirse como una ostra”, entre otras cosas. “Soy viuda y en casa estoy sola. Estoy encantada, y no lo digo por decir, de pasar tiempo aquí”, cuenta. “Ahora mismo nos estaban pasando revisión: cómo nos llamamos, cómo se llama la familia, de dónde somos… preguntas para recordar. Luego comemos, damos un paseín y hacemos la gimnasia. Y luego la siesta”. Nacida en Laredo, Arconada es uno de tantos ancianos que precisan, además de asistencia física, un contacto emocional para combatir la soledad. “Mi familia está encantada. Hay veces que voy en el autobús y otras me vienen a buscar mis hijas, antes de las cuatro. Ellos también tienen que vivir”, cierra.

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Niños

“Históricamente es el grupo por excelencia de cuidados. Muy elementales, eso sí: cobijo, alimentación, seguridad. En países desarrollados como España la necesidad está bien cubierta”, entiende Durán. Esta cobertura se explica de nuevo por la deriva demográfica: pocos niños, muy pocos, y con mucha planificación familiar. Los nacimientos han caído un 30% en la última década en España, según el INE.

Hoy, cada mujer tiene una media de 1,25 hijos, lejos de los casi tres registrados en la bonanza natalicia de la segunda mitad de los setenta. “Lo interesante es que unos servicios públicos pensados para una demanda infantil muy fuerte tienen que repensarse para otras demandas, como la de los ancianos”, continúa Durán. Esa baja natalidad cultiva una imagen cada vez más frecuente: el niño sobrecargado de atenciones “porque es el único”. “La pirámide de prestación de cuidados potenciales se ha invertido. Ahora hay demasiado familiar para tan poco niño”, considera la socióloga.

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Enfermos

“Con la llegada del estado de bienestar, la creación de servicios públicos para al tratamiento de la enfermedad revolucionó la cobertura de este grupo”, entiende Durán. “Lo que es nuevo es que ya no importa tanto la enfermedad aguda cuanto la enfermedad degenerativa”. Según el INE, tres de cada diez
personas de más de 65 años tienen algún grado de deterioro cognitivo y casi la mitad experimenta problemas de movilidad. “En los episodios agudos, la atención es profesional y sanitaria, mientas que en la enfermedad degenerativa, la parte médico-clínica es pequeñísima pero el consumo de tiempo generado es enorme, lo que constituye un reto”, amplía la experta.

Otras realidades sociales

El cuidado va más allá de las dimensiones de la edad y la enfermedad. Existen otras realidades cuya necesidad de atenciones a veces pasa desapercibida. “Por ejemplo, inmigrantes que no están cubiertos, marginales que aunque necesitan cuidados los rechazan o personas que padecen trastornos psicológicos”, enumera la socióloga. En ese grupo heterogéneo caben también los menores extranjeros no acompañados (MENAS), exadictos, expresidiarios, desahuciados, mujeres que hayan sufrido maltratos, asilados… “Son colectivos que no hay que descuidar”, entiende Durán.

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Fuente: El Pais

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