En días pasados se generó una buena polémica en las redes sociales a partir de algunas críticas en la prensa nacional a un gran pianista que, a sus 77 años, no solo no conserva las capacidades de antaño, lo cual es lógico, sino que puede hacer sufrir a quienes le hemos admirado durante décadas.
¡Cómo me habrá hecho disfrutar a mí que, la primera vez que le escuché, me embelesó al dar de propina casi todos los nocturnos de Chopin! Fue en Munich al principio de los 70. Pero eso no significa que los críticos hayamos de seguir aplaudiendo lo inaplaudible. Hay que contar las cosas. Eso sí, con el respeto que merecen quienes fueron grandes artistas siempre que no se dediquen, a sabiendas, a tomar el pelo al personal. Y, ejemplos hay de esto. Sin embargo, también hay ejemplos de críticas inoportunas. Empezaré por referirme a mí mismo. Toda la vida me arrepentiré de la que dediqué a Ainhoa Arteta tras un recital en El Escorial, creo que a finales de los 90. Cierto es que ni Greta Garbo en sus mejores tiempos hubiera acudido con la «pompa» que ella lo hizo, bajándose de una limusina con guantes largos y un caniche entre los brazos, y que el recital dejó mucho que desear, pero mi crítica no fue acertada. Me pasé cuatro pueblos en la ironía. Como la vida es larga ella se encargó de vengarse después, colocando aquel caniche en una bolsa durante una conferencia mía en ABAO cuando ella cantaba Liú. Ahora, pelos a la mar, tan amigos. Lo hizo mal el crítico que se atrevió a titular su crítica a la actuación en Valencia de una grandísima cantante española como «Alas rotas». No estaba ella en sus mejores tiempos, pero el calificativo distaba de ser adecuado. Eran meras ganas de quien firmaba por hacerse un hueco a costa de llamar la atención. No se si lo logró. En pecado similar cayó otro en su primera pieza para un diario nacional en la década de los 80. Masacró a Caballé por el simple hecho de hacerse notar. Lo consiguió. Estoy seguro de que él sabe que hizo mal. Tenía en parte razón Carmelo di Genaro en la polémica mencionada: «Estamos hartos de críticas tan subjetivas que parecen escrita para resaltarse a sí mismos y no para ayudar el público a entender mejor. Sobre todo,no puede faltar el respeto y la buena educación hacia un artista por ganarse sus 5 minutos de notoriedad, como decía Wharol…todo se puede decir, pero hay modos de decirlo». Y es que el equilibrio no es fácil, ni para los artistas en el ocaso ni para el crítico en

tales casos.




Fuente: La razon

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