La labor diplomática ejercida por la reina consorte Máxima de Holanda en nombre de Naciones Unidas la ha puesto en un compromiso. En su calidad de Abogada Especial de la organización para la Inclusión Financiera y el Desarrollo, se ha reunido con Mohamed Bin Salmán, príncipe heredero de Arabia Saudí. Fue en la cumbre del G20, celebrada en la ciudad japonesa de Osaka, y el Centro de Comunicación Internacional del país árabe señaló en su cuenta de Twitter que ambos habían “abordado muchos asuntos”. En la conversación no figuró, sin embargo, el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, ocurrido el pasado año en su consulado en Estambul, algo que Agnes Callamard, la relatora de Naciones Unidas que ha investigado la muerte, considera “extraordinariamente decepcionante”. Así se lo dijo al rotativo holandés Algemeen Dagblad, para después añadir que “una cosa es ver a este hombre y otra callar; en este punto, el silencio equivale a complicidad”.

La dureza de su crítica ha llevado al Gobierno holandés de centro derecha a apoyar sin reservas a la esposa del rey Guillermo, señalando “que no hay que mezclar su labor con la política”. La explicación no ha convencido a la oposición parlamentaria, que criticó la noche del lunes al ministerio de Exteriores “por la torpeza de haber permitido un encuentro con el hombre que se presume implicado en la muerte de Khashoggi”.

La relatora Callamard quiere que se investigue la responsabilidad de Bin Salmán en lo ocurrido, y durante el debate en el Parlamento holandés, Stef Blok, titular de Exteriores, subrayó que la cita de la reina era obligatoria. Arabia Saudí será la anfitriona del G20 el próximo año, “y Máxima habló como enviada de la ONU, de modo que es inevitable que converse con representantes de regímenes cuestionables, porque allí hay mucho que ganar en el terreno de los derechos de las mujeres”, según el político. Luego añadió que Holanda ya ha mostrado su horror por la muerte del periodista.

Máxima no es la única reina consorte o princesa real europea que colabora con Naciones Unidas en labores humanitarias y de interés social. Desde 2015, Letizia de España es Embajadora Especial para la Nutrición de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Mary de Dinamarca, esposa del príncipe heredero, Federico, se estrenó en 2010 como patrona del Fondo de Población y se ha especializado en temas de salud reproductiva y sexual. La princesa Mette-Marit, de Noruega, es embajadora de buena voluntad de ONUSIDA, el programa conjunto de la organización sobre el VIH/sida. Victoria, futura reina de Suecia, apoya los esfuerzos por salvar los océanos, uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por la ONU, de los que Matilde, reina consorte de Bélgica, es una de sus 17 embajadores internacionales. Por su parte, la condesa Sofía de Wessex, esposa del príncipe Eduardo de Inglaterra, hijo menor de la reina Isabel II, participó el pasado marzo, en Nueva York, en la 63 sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer.

Todas ellas llaman la atención sobre problemas urgentes, pero la polvareda levantada por el encuentro entre Máxima y Bin Salmán muestra la confusión que puede generar un cargo que se vale de su imagen. “Si bien son embajadoras especiales que hablan en nombre de la ONU, en realidad se las se las asocia a sus Estados, que tienen su propia política exterior. Aunque Holanda es muy crítica con Arabia Saudí en el caso de Khashoggi, al mismo tiempo, la reina consorte habla con Bin Salmán. La foto de los dos es conflictiva porque Máxima no tiene un papel político, pero la escena sí tiene repercusiones políticas, como se ha visto en el debate parlamentario nacional”, señalan fuentes del Institute of Security and Global Affairs, de la Universidad holandesa de Leiden.




Fuente: El Pais

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