Un par de veces, durante el juicio, el abogado defensor se echó las manos a la cabeza. Tal vez el lenguaje corporal delatara así la preocupación del letrado por un caso que intuía muy complicado y por la posición de su clienta. Lo cierto es que sus temores eran fundados: la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a dos años de cárcel a Cristina Ordovás Gómez-Jordana, condesa de Ruiz de Castilla, por haberse apropiado indebidamente del cuadro Anna Sofía, condesa de Carnarvon, del maestro flamenco Anton Van Dyck. La aristócrata también deberá indemnizar a los propietarios de la obra —dos británicos que autorizaron la entrega del cuadro a Ordovás para que decidiera si finalmente quería comprarlo y jamás volvieron a verlo— por 165.000 euros, el valor concordado en esa transacción fallida que originó la demanda y el juicio. La acusación particular y el fiscal exigían respectivamente tres y cuatro años de prisión. La defensa negaba cualquier delito penal, aunque admitía que la condesa pudo incurrir en una falta administrativa.

La sala del tribunal ha considerado probado que, en junio de 2014, la aristócrata recibió la obra de sus dueños porque había mostrado interés en ella y podía comprarla. Sin embargo, se apropió del cuadro, lo incorporó a su patrimonio «de forma casi inmediata» y nunca abonó los 165.000 euros que había acordado pagarles. Ordovás, que se enfrentaba a una petición del fiscal de cuatro años de prisión, declaró en el juicio que había recibido el cuadro porque tenía pensado comprarlo, aunque le pareció «muy feo». Sin embargo, unas semanas después el van dyck fue recogido por un conocido suyo alemán, que se lo llevó a Marbella y posteriormente a Londres sin su permiso. «Me hizo una faena», aseguró la aristócrata. En ese momento, según su relato, asumió que «el robo era responsabilidad» suya y esperó para pagar el importe del cuadro cuando recibiera el cobro de una deuda, si bien el dinero de la obra nunca llegó a sus legítimos dueños.

En la sentencia, el tribunal apunta que, a partir de las declaraciones de los testigos, «resulta acreditado que la acusada recibió el cuadro, cuya elaboración aparece datada entre los años 1633 y 1641, para tenerlo en su domicilio» y valorar si lo adquiría, «y pese a ello lo entregó a terceras personas, sin haber abonado su precio a sus legítimos propietarios». La Audiencia Provincial de Madrid considera probado que Ordovás participó junto a su conocido alemán en una sociedad domiciliada en Liechtenstein y esa operación le dejó una factura de 600.000 euros. Al no tener liquidez para pagarla, sus asesores fiscales le pidieron permiso para aportar el van dyck —entre otros cuadros— a dicha sociedad y ella aceptó.

Puesto que la aristócrata dispuso del cuadro como si fuera de su propiedad, dice la sentencia, «se ha imposibilitado a sus dueños recuperar la obra», de la que tampoco han recibido pago alguno. Por ello, la sala sostiene que Ordovás ha sido la autora material de un delito de apropiación indebida de un objeto perteneciente al patrimonio histórico, artístico y cultural cuyo valor supera los 50.000 euros y, además de las penas ya citadas, le impone una multa de 3.240 euros.


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La obra Anthony van Dyck titulada ‘Anna Sofia, condesa de Carnarvon’.




Fuente: El Pais

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